Tomonaga y la reina
Sin-Itiro Tomonaga fue uno de los grandes físicos japoneses del siglo XX. Es considerado junto a Feynman, Schwinger y Dyson uno de los padres de la electrodinámica cuántica.
Nacido en Tokio el 31 de marzo de 1906, fue el primer hijo de un conocido filósofo japonés que enseñó en la Universidad de Tokio. Fue un niño tímido y de una salud frágil, faltaba frecuentemente a las clases y no era buen deportista. Sin embargo sus problemas físicos los suplía con un gran entusiasmo y gusto por los fenómenos de la naturaleza.
En 1913 su padre se trasladó a la Universidad Imperial de Kyoto y Tomonaga fue matriculado en el Liceo de Kyoto que era una de los colegios de secundaria más importantes de Japón. En el Liceo, Tomonaga conoció a Hideki Yukawa, el descubridor del mesón PI y Premio Nobel de Física en 1949, con quién le unió no solo una gran amistad, sino también una pasión por la ciencia que aprendieron ambos siendo muy jóvenes.
Finalizado el Liceo, tanto Tomonaga como Yukawa se matricularon en la Universidad de Kyoto para estudiar Física. No deja de ser curioso que ambos llegaran a ser excelentes estudiantes pero sus carreras, ambas de gran éxito, fueron por caminos distintos. Yukawa optó por Tokio y Tomonaga se decidió por trabajar con Nishina, un destacado físico teórico y experimental en Riken. Con Nishina, Tomonaga se familiarizó con los fundamentos de la teoría de Dirac y tuvo los primeros acercamientos a la electrodinámica cuántica que sería su área de mayor interés a lo largo de toda su vida.
Su trabajo fue internacionalmente reconocido y se abocó no solo a la electrodinámica cuántica, sino que también a la materia condensada. En este campo descubrió el así llamado modelo de Tomonaga el cual es una formulación que contiene como caso particular una amplia gama de modelos que envuelven fermiones. El trabajo más conocido lo realizó en 1943, cuando desarrolló lo que más tarde le llevaría a ser uno de los ganadores del premio Nobel de Física en 1965.
Su trabajo fue asombroso porque Japón vivió prácticamente aislado durante la Segunda Guerra Mundial. Después de la misma, el país quedó muy maltrecho, sobre todo, por las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. Hubo muchas personas que colaboraron en la recuperación de su nación entre los que destacaron los científicos, sobre todo, los físicos, incluidos Yukawa y Tomonaga. Buscaban vincular la ciencia con la esfera pública.
Después de la guerra, Yukawa fundó la revista Progress of Theoretical Physics. Posteriormente, fue invitado a ir al Institute for Advanced Study de Princeton, y a su vuelta fue director del Research Institute for Fundamental Physics (RIFP) en la Universidad de Kyoto; y en 1956 fue miembro de la recién fundada Comisión de Energía Atómica de Japón.
Tanto él como Tomonaga utilizaron su prestigio para intentar frenar el auge de las bombas nucleares. Empezó de forma efectiva después de las detonación de la bomba de Hidrógeno en el Atolón de Bikini, en el que un barco atunero japonés, el Daigo Fukuryū Maru recibió una lluvia de ceniza radiactiva. Los 23 miembros de la tripulación sufrieron síndrome de irradiación. Medio año después moría uno de ellos, el radioperador, de 40 años de edad. Antes de morir, declaró: Rezo para ser la última víctima de una bomba atómica o de hidrógeno.
Cuando A Feynman, junto a Schwinger y Tomonaga, le galardonaron con el Premio Nobel en 1965 estuvo a punto de rechazarlo. Aborrecía las ceremonias formales y, en particular, los rituales pomposos asociados a reyes y reinas. De niño su padre le había dicho: ¿Qué son los reyes? Unos tipos vestidos de un modo estrambótico. Aun así, al cabo de unos pocos días cambió de opinión y aceptó el premio. Tan pronto como llegó a Suecia se hizo amigo de los estudiantes universitarios que le habían ido a dar la bienvenida, y en el banquete se disculpó por su rudeza.
Pero antes de ello, Feynman ya se había interesado en conocer a Tomonaga. No dejaba de tener interés para él: había hecho algunos de los descubrimientos del propio Feynman cinco años antes en total aislamiento debido a que Japón estaba en guerra. En su encuentro, no sólo hablaron de física, sino de sus trágicas experiencias personales. Mientras que en la primavera de 1945 Feynman había estado cuidando a su esposa Arline en sus últimas semanas de vida hasta el momento de su muerte por la tuberculosis, Tomonaga ayudaba a un grupo de estudiantes a sobrevivir sobre las cenizas de Tokio después de que una tormenta de fuego debida a los bombardeos arrasara la ciudad y matara a más personas que la bomba de Hiroshima 4 meses después.
Eran muy diferentes, pero ambos compartían dureza emocional, integridad intelectual y un gran sentido del humor. Para consternación de Feynman, Tomonaga no fue a Estocolmo a recibir el Nobel. No es que no quisiera ir a la ceremonia: es que había tomado unas cuantas copas de whisky de más en compañía de su tío y, posteriormente, fue al baño a llenar la bañera, resbalando, cayendo al suelo y rompiéndose seis costillas.
Recuperado de sus lesiones, fue invitado a Inglaterra, a un acto que requería un acto formal con la reina. Esta última no sabía que Tomonaga no había podido ir a Estocolmo e inocentemente le preguntó si había disfrutado con el rey de Suecia. Con lo tímido que era, no se atrevió a decirle que había pillado una borrachera, roto seis costillas y que aquella era la causa de no haber podido ir a recibir el Nobel; y que ni siquiera había estado con el rey. Cortésmente le dijo que había disfrutado mucho de la compañía y la conversación el rey de Suecia.
Pobre Tomonaga. A partir de entonces, tal como comentó, cargaría con una doble culpa para el resto de su vida: primero la de emborracharse y no poder ir a Suecia a recibir el Nobel, y segundo, por decir una mentira a la reina de Inglaterra.

Fuentes:
Freeman Dyson, Sueños de tierra y cielo.
https://www.eldiario.es/cultura/historia/Tokio-conmemora-bombardeo-mortifero-historia_0_365013619.html
http://www.profisica.cl/ventana-a-la-ciencia/biografias/54-sin-itiro-tomonaga.html







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