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Cosas que nunca explicaré en Historias de la Ciencia


6/07/08

Un minuto de silencio antes de sermonear

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Llovía el año 1766 en la ciudad francesa de Abbeville. Eran gotas de agua como las de ahora. Muchas calles todavía conservan la misma calzada y muchas casa mantienen la misma fachada.

Hace sólo dos siglos y medio, el joven De la Barre no se descubrió respetuosamente mientras pasaba una procesión religiosa capuchina. No se quería mojar. Puede que tuviera frío. Puede que fuera muy presumido. Puede que no sintiera gran devoción. Lástima. Fue acusado y condenado por blasfemia. Lo sentenciaron a “tortura ordinaria y extraordinaria”, es decir, le cortaron las manos y le arrancaron la lengua con unas pinzas. Finalmente, lo quemaron vivo.

Lo que es importante de este suceso terrorífico no es el hecho que Voltaire quedase impresionado para el resto de su existencia. O que se utilizase en vano el nombre de Dios. Lo que es más significativo es la cultura del desprecio por la vida que permitía que esto sucediese. El sentimiento general de que se administraba la justicia divina. La grave complicidad de los que habían pervertido el mensaje original. La aplicación del mal absoluto en nombre del bien absoluto. El fanatismo llevado a las últimas consecuencias. Algunas interpretaciones del islam continúan practicando hoy las mismas barbaridades.

La vida ha tenido, durante mucho tiempo, poco valor, incluso (o puede que sobre todo) por la gran mayoría de las religiones organizadas, aunque se presenten a menudo como sus grandes defensoras. En nombre de la fe y por la fe han muerto y se han matado millones de personas. Las autoridades eclesiásticas han dictado sentencias individuales y masivas. Han bendecido todo tipo de armas y guerras. Han aceptado como normal los asesinatos y las matanzas. Y la invocación de Dios ha movilizado miles de ejércitos hacia la destrucción indiscriminada.

El lenguaje dogmático de todos los fundamentalismos, islámicos o no, el de aquellos que creen que se hace justicia cuando caen las torres gemelas, el de los que predican la guerra contra el infiel, el de los que postulan un único camino de salvación, en el fondo, nos resulta familiar. Su concepto de verdad absoluta, su menosprecio por la vida personal, su indiferencia ante la libertad y el respeto de los derechos humanos, nos remonta a épocas no muy lejanas del discurso vaticano. Su visión apocalíptica, su mirada pesimista sobre el paso del ser humano por la Tierra y su misticismo trascendentalista no son muy diferentes de algunos sermones y algunas manifestaciones actuales, especialmente durante la Semana Santa. La vida es, en el fondo, un valle de lágrimas, una expiación, un tránsito.

Las religiones tendrían que guardar un minuto de silencio antes de sermonear sobre la vida y la muerte.

Fuente:

“Déu és raonable”, Santiago Ramentol



7 Comentarios a “Un minuto de silencio antes de sermonear”

  1. Ahskar dice:

    Lo que cuentas del joven Francés es espeluznante.
    Y en cualquier caso, esas cosas no quedan tan lejanas y no son sólo herencia de la religión: Cualquier conjunto de ideales llevados a un extremo con fe ciega da lugar al fanatismo del que nacen tantos males. Sí la religión es el caso más antiguo, pero ¿y las ideas políticas? ¿y los nacionalismos? ¿y las diferencias étnicas?
    Nunca hay que olvidarse de que incluso el más noble ideal puede dar lugar a las mayores abominaciones, si no se tiene cuidado.

  2. omalaled dice:

    Ashlar: Es que ningún ideal, ninguna idea, ningún nacionalisimo y ninguna polítca valen ni una sola gota de sangre.

    La persona y sus derechos individuales deben prevalecer ante cualquier idea.

    Salud!

  3. aliavivo dice:

    Hay un refrán cuya paternidad no logro recordar:
    “Ninguna idea es responsable de las barbaridades que se hagan en su nombre”.
    Ésto me lleva a dos preguntas:
    1-Quién es responsable de los avances positivos: las personas o sus ideales ?
    2-Quién coño mueve el mundo ????? ;-)

    Falta algo, el puzzle no está completo.

  4. omalaled dice:

    aliavivo: pues no sé quién mueve el mundo. Creo que ahí contribuyen buenos y malos.
    Lo que sí creo saber es quién se aprovecha de que el mundo se mueva. Y esos son muy malos :-)

    Salud!

  5. Saúl dice:

    Es todo una leyenda urbana, esta bien documentado en los archivos de la Inquisicion ;-)

    Enhorabuena tambien por este blog? seccion? En todo caso, narres historias de la ciencia o historias de lo que se te pase por la cabeza, sigues siendo igual de entretenido. Aunque aqui te veo mas batallador…

  6. omalaled dice:

    Je jeee, opinador más que batallador. Es que en el otro blog quiero mantener un papel más neutral y que no derive en opinión. Aquí me veo con más libertad para soltarme. Por lo menos, mientras haya pocos lectores.

    Que lo de De la Barre es leyenda urbana no lo dirás por cierto opinador del otro blog, ¿verdad? :-)

    Salud!

  7. Saúl dice:

    Acabo de leer los comentarios del fin de semana en “el otro lado”. El Santo Job, a tu lado, un histerico… me quito el sombrero.

    Salud!

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