Ciudadanos, leyes y policía
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El ciudadano que nunca ha hecho nada en contra de las leyes ni de los demás, ha sufrido agravios por los que invocarlas; el ciudadano que vive como si la policía existiera tan sólo para cuestiones administrativas como la expedición del pasaporte o de la licencia de armas (para la caza); si las circunstancias de la vida le llevan, de pronto, a tener que ver con ella, o necesitarla por lo que es institucionalmente, le asalta un sentimiento de zozobra, de impaciencia, de furor, que radica en el convencimiento de que la seguridad pública se basa más en la escasa y esporádica tendencia de los hombres a delinquir que en el empeño, le eficiencia y la perspicacia de la policía.
Convencimiento que tiene su parte de objetividad; más o menos según los momentos, más o menos según los países.
Fuente:
“La desaparición de Majorana”, Leonardo Sciacia



