Stalin y su hijo
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Si hay alguien malvado en la historia hay que poner a Stalin en uno de los lugares de honor. Los soldados soviéticos que caían en poder del enemigo lo sabían bien. El primer caso fueron los rusos que habían sido capturados por los finlandeses. Al acabar esa campaña en 1940 desfilaron como héroes por las calles de Leningrado. En cuanto acabó el desfile fueron encerrados en vagones de ferrocarril rumbo a los campos de concentración de Siberia, de donde muy pocos volverían con vida.
Stalin lo hacía porque, según decía, lo soldados que habían estado cautivos podían haber sido “contaminados” por ideas contrarias a la revolución. Temía que dichos hombres percibiesen de manera clara su régimen y adoptasen una actitud crítica.
Los soldados rusos que habían sido arrestados por los alemanes estaban listos. Hitler ofreció a Stalin establecer un servicio postal que permitiese que llegaran paquetes de la Cruz Roja a sus hombres en los campos de prisioneros alemanes. La respuesta de Stalin fue: No existen prisioneros de guerra rusos porque nuestros soldados combaten hasta morir y, si optan por entregarse al enemigo, dejan de pertenecer a nuestra comunidad.
Y esto llega al extremo con su hijo primogénito, Jakob Dzhugashvili, nacido en 1903 cuando su padre Stalin contaba con 24 años. En el momento de la invasión, Jakob tenía 38 años y tenía el rango de teniente pero por recomendación de sus superiores fue ascendido a capitán.
La última conversación que tuvieron fue por teléfono. Cuando Jakob le dijo a Stalin que iba hacia el frente se limitó a responderle “ve y lucha”.
Pese a demostrar valentía y buenas dotes de mando no pudo hacer nada para impedir el avance de la 3ª División Panzer que dejó aislada a su unidad. Días más tarde, él y miles de soldados fueron capturados por los alemanes. En cuanto los nazis descubrieron quién era intentaron atraerle a su causa. Jakob se mantuvo fiel a la Unión Soviética, incluso les desafió diciéndoles que nunca tomarían Moscú (cosa que luego resultó ser cierta).
Incapaces de doblegarle, decidieron utilizarlo para doblegar a Stalin y obtener algunas ventajas a cambio de su libertad. En ningún momento se planteó en entrar en negociaciones para liberar a su hijo. Es más, poco después de ser Jakob capturado, su mujer fue arrestada y sometida a interrogatorios, pasando más tarde dos años en prisión.
A las terribles condiciones de los campos de concentración había que sumar el desprecio de sus compatriotas por ser quien era. Cuando quiso sumarse a un intento de fuga fue traicionado por otro prisionero. Todos le imploraban que intercediese a través de su padre para que los liberaran, pero nunca se prestó a ello. Incluso se negaba a saludar a oficiales germanos, lo que le acarreaba continuos castigos.
Finalmente, al ver que nunca colaboraría con ellos fue internado en el campo de Sachenhausen, donde comprendió que su padre jamás movería un dedo por él y cayó en una depresión. Parece ser que finalmente se suicidó (el cómo tiene diferentes versiones). Pese a la cruel indiferencia de su padre mantuvo siempre su dignidad.
Aunque Stalin podía estar orgulloso de su hijo, probablemente nunca lo reconocería.
Fuente:
“Guerras, políticos y mentiras”, Geoffrey Regan




Dictadores, egos inmensos dotados de poder ilimitado: una mezcla siempre aterradora. Con respecto a Stalin, es obvio que las atrocidades cometidas por su gobierno son absolutamente imperdonables, pero aún así, hace poco me sorprendió un reportaje sobre los niños de la guerra civil española, los emigrados a Rusia, en el que a Stalin se le recordaba incluso con cariño. No obstante, repito: sus crímenes contra la humanidad son de sobra conocidos y su crueldad inexcusable.
January 19th, 2009 a las 10:59 amdudo: hay que tener ojo cuando se dice que ciertos dictadores eran buenas personas. Puede que lo fueran con unos, pero no con los otros. Hay un libro (un tochazo) titulado “El Alma de los verdugos”, de Baltasar Garzón y Vicente Romero. Allí habla de estos temas (el libro trata de todo el follón de la dictadura de Argentina, Pinchet, etc.
Salud!
February 1st, 2009 a las 9:57 pmComo siempre, excelente entrada.
August 2nd, 2009 a las 6:29 amYa mismo me estoy apuntando el “El Alma de los verdugos”. A leerlo se ha dicho.
Saludos!
Pero cómo se puede publicar tal cantidad de sandeces y falsedades? Un poco de respeto por la inteligencia de la gente y por la honestidad. Era imposible que la dirección soviética se planteara que el hijo de Stalin pudiera se canjeado sólo por esa circunstancia, mientras millones permanecían como cautivos y esclavos de la barbarie nazi y de las empresas que la apoyaban (buena parte muy conocidas y todavía en el mercado)
August 29th, 2009 a las 6:01 pmCuando dices sandeces y falsedades, ¿te refieres a que es falso lo que pone el artículo o estás juzgando si Stalin debía hacerlo o no?
Salud!
August 31st, 2009 a las 6:19 pm