El ladrillo, ¿es un objeto esencial?
Maelmori en su artículo en que un par de filósofos se enfrentaban me ha dado la idea de la historia de hoy (bueno, de la segunda de ellas). Los científicos llamarían a estas situaciones “interacción entre física y filosofía” (con toda mi simpatía para los filósofos).
Vamos primero con una anécdota de Bertrand Russel (1872-1970) quien estaba especulando sobre enunciados condicionales del tipo : “Si llueve las calles están mojadas” y afirmaba que de un enunciado falso se puede deducir cualquier cosa. Alguien que le escuchaba le interrumpió con la siguiente pregunta:
- ¿Quiere usted decir que si 2 + 2 = 5 entonces usted es el Papa?.
Russel contestó afirmativamente y procedió a demostrarlo de la siguiente manera:
- Si suponemos que 2 + 2 = 5, entonces estará de acuerdo que si restamos 2 de cada lado obtenemos 2 = 3. Invirtiendo la igualdad y restando 1 de cada lado, da 2 = 1. Como el Papa y yo somos dos personas y 2 = 1 entonces el Papa y yo somos uno, luego yo soy el Papa.
Y ahora una reunión de filósofos con el travieso Feynman (lo repetiré una vez más: premio Nobel de física y declarado deficiente mental por el ejército de los EEUU) que nos cuenta con sus propias palabras:
En el comedor del College para graduados de Priceton todo el mundo solía sentarse con su capillita. Yo me juntaba con los físicos, pero al cabo de poco pensé: “Sería bonito saber lo que está haciendo el resto del mundo, así que voy a sentarme una semana o dos con cada uno de los otros grupos”.
Cuando me senté con los filósofos les oí discutir muy seriamente sobre un libro de Whitehead titulado “Process and Reality”. Usaban palabras muy curiosas y yo no alcanzaba a comprender todo lo que decían (…). Fui a ese seminario jurándome mantener la boca bien cerradita, recordándome a mí mismo que no sabía nada del tema y que iba solamente a
mirar.
Lo que ocurrió fue típico, tan típico que era increíble, por cierto. Me senté allí sin decir palabra que, aunque no menos increíble, también es cierto. Uno de los estudiantes expuso un resumen sobre el capítulo que tocaba estudiar esa semana. En él, Whitehead utilizaba continuamente la expresión “objeto esencial” en un sentido técnico particular que, presumiblemente, había definido antes pero que yo no comprendía (…).
El profesor que dirigía el seminario dijo entonces dirigiéndose a mí:
- Señor Feynman, ¿diría usted que el electrón es un objeto esencial?
Yo estaba metido en un lío. No había leído el libro y no tenía ni idea de lo que Whitehead pretendía expresar (…), así que se me ocurrió la siguiente pregunta:
- ¿Podrían decirme ustedes si un ladrillo es un “objeto esencial”?
En el caso que lo fuera mi siguiente pregunta hubiera sido: “¿y qué ocurre con el interior del ladrillo?”.
Entonces fueron llegando las respuestas. Uno se levantó y dijo:
- Un ladrillo en cuanto ladrillo individual y específico.
Otro dijo:
- No, no es el ladrillo individual lo que es un objeto esencial; es el carácter general que todos tienen en común, su “ladrillez”.
Otro más:
- No, no es cosa de los ladrillos propiamente dichos, sino la representación mental que uno se hace cuando piensa en ladrillos”.
Intervino otro más, y otro … Les aseguro que jamás había oído tantas y tan ingeniosas maneras de mirar un ladrillo. Y, justamente, como es inevitable en todas las historias de filósofos, aquello acabó en el caos más completo. A pesar de todas sus discusiones anteriores, ni siquiera se habían preguntado si un objeto sencillo, como un ladrillo, era un “objeto esencial”. Y no digamos ya un electrón. Después de aquello me dediqué a rondar durante la cena por la mesa de los biólogos (…).
Lo que más fastidia de la historia es que uno se queda sin saber si el ladrillo es un “objeto esencial”.
Fuentes:
“¿Está Ud. de broma, Sr. Feynman?”, Richard Feynman.
http://www.ciencianet.com/matematicos.html





El día 8 de Septiembre de 2005 a las 10:56
Esta me ha encantado.
Hay algo estupendo en la manera “filosófica” de razonar: en realidad parece que están hablando en sueños.
Es como cuando William James habla del hombre que prueba el gas de la risa (un potente alucinógeno, por cierto) y llega a la conclusión de que el secreto del universo es “Un olor a pretróleo domina en todas partes.”.
Tengo una sensación similar cuando Platón dice que como Sócrates es más alto que Timeo pero más bajo que él mismo, Sócrates es alto y bajo a la vez, lo cual es evidentemente contradictorio y por eso el mundo sensible no existe. O cuando afirma que el intestino sirve para impedir la glotonería. Creían que esas cosas eran ciertas. Parecen las conclusiones que uno sacaría en sueños, totalmente absurdas, pero convencido de que son ciertas. Es imperdonable que un pensador contemporaneo siga ese tipo de razonamientos, pero es encantador que un filosofo antigüo lo haga.
El día 8 de Septiembre de 2005 a las 11:01
…Aunque esto no es totalmente cierto: Russell afirma, con razón, que Sócrates torcía toda discusion hacia un fin “virtuoso” tal y como hacía él mismo con 2+2=5.
Pero muchos otros CREÍAN que todo esto era cierto e innegable…Y razonaban según estos criterios absurdos pensando que hablaban de la verdad.
Había un razonamiento de Hiparquía sobre Teodoro el ateo (Según nos cuenta Diógenes Laercio, y burlándose de esto mismo) que decía: “Lo que es legal para Teodoro es legal para Hiparquía. Es legal que Teodoro se golpee a si mismo, luego es legal que Hiparquía golpee a Teodoro”.
Después de esto se montó un pollo de cuidado y empezaron a repartir hostias.
El día 8 de Septiembre de 2005 a las 11:03
Lo que está claro es que si los científicos han montado pollos, los filósofos no se han quedado cortos
El día 8 de Septiembre de 2005 a las 11:11
Y muchas gracias por el enlace
El día 9 de Septiembre de 2005 a las 21:06
estan locos estos filosofos….
El día 12 de Septiembre de 2005 a las 13:27
Lo mejor de todo es la frase: “como es inevitable en todas las historias de filósofos, aquello acabó en el caos más completo”
Yo juraría que este conocía a más de un filósofo ;o)
El día 12 de Septiembre de 2005 a las 13:37
Quede bien claro que es con sus propias palabras. Que no se ofenda nadie, pero es que este Feynman no dejaba títere con cabeza y volvía loco a todo el mundo. Imaginad la que liaría con los psicólogos para que le dieran por deficiente mental.