Leibniz

Publicado el 17 de septiembre de 2011 en Historias de la ciencia por omalaled
Tiempo aproximado de lectura: 7 minutos y 44 segundos
Este artículo se ha visitado: 5.099 views

Desde gaussianos me han otorgado uno de esos #FF en mi twitter. Como recompensa, dedico este artículo especialmente para ellos. Cuando se nos habla de Leibniz solemos tenerlo por el personaje que inventó el cálculo de forma paralela en el tiempo a Newton y poca cosa más. Newton es muy famoso y Leibniz, la verdad, bastante desconocido. Y eso que fue un personaje fascinante e interesado en muchísimas ramas del saber.

Nacido en Leipzig, Sajonia, el 1 de julio de 1646, su padre era profesor de Filosofía Moral en la Universidad de Leipzig. Al fallecer el padre, el pequeño tenía 6 años de edad y entonces tuvo pleno acceso a su biblioteca. A los ocho años ya había aprendido latín por sí mismo, y griego a los 14. También había conocido la obra de los clásicos. Su principal ocupación no era jugar, sino leer. En su etapa adulta llegaría a escribir indistintamente francés, latín y alemán.

A los 15 años ingresó en la Unversidad y estudió filosofía y derecho y se trasladó a la Universidad de Altdorf, donde obtuvo su doctorado en derecho en tan solo cinco meses. Llegó a ser un auténtico experto en derecho y jurisprudencia, lo que le sirvió para cultivar su faceta de diplomático. La Universidad le ofreció una cátedra, pero la rechazó. Consideraba las Universidades de su tiempo cuasi-monacales y abogó por que las academias, a las que él prefería llamar sencillamente “sociedades científicas” (para evitar identificarlas con determinadas universidades), fuesen aconfesionales.

En marzo de 1672, con 25 años, llegó a París, donde conoció a Christian Huygens. El gran hombre le admitió como alumno e hizo que desarrollara todo su genio. Fue precisamente en París donde sentó las bases del cálculo infinitesimal. Posteriormente, fue a Londres, donde sorprendió a los miembros de la Royal Society con su invento de una calculadora que, a diferencia de la de Pascal, no se limitaba sólo a sumar y restar, sino que también era capaz de multiplicar y dividir.

También viajó a Holanda, donde conoció a Anton van Leeuwenhoek y, aunque no tuvo tiempo para dedicarse, hay testimonios que ponen de relieve el interés que mostró en la biología, que estaba entonces en un estado embrionario.

En 1684 publicó la obra en la que creaba aquella rama de la matemática que se denomina Cálculo Infinitesimal. Isaac Newton también lo había desarrollado de forma independiente y casi en la misma época. Pero Leibniz estaba, además, fascinado por los sistemas de notación. Leyó la escritura china y los jeroglíficos egipcios. Y tanto es así que inventó su propia notación para el cálculo. Cualquier científico actual, sea de la rama que sea, está familiarizado con el símbolo de la integral. Mientras Newton utilizaba la notación con puntos encima de las variables, Leibniz utilizaba los símbolos de derivada que utilizamos hoy día. Y es que le gustaba tanto la notación que era capaz de encerrarse en su despacho días enteros con tal de encontrar una buena para sus investigaciones en lógica y matemática.

Fue quien acuñó el término “función” en 1692, cuya noción se extendió gracias a Leonhard Euler; y fue también quien utilizó por primera vez el cálculo integral para encontrar el área definida bajo una curva definida por una función en 1675.

El año 1700 fue nombrado miembro extranjero de la Academia de Ciencias de París y ese mismo año se convertía en el primer presidente de la Academia de Ciencias de Berlín (posteriormente Academia de Ciencias de Prusia).

En 1711, el inglés John Keill acusó formalmente a Leibniz de haber plagiado a Newton al haber tenido acceso a sus descubrimientos en un viaje a Londres. Nuestro hombre se defendió apelando a la Royal Society, de la que era miembro, sin tener en cuenta que Newton era su presidente. Este último se cuidó mucho de que las conclusiones del informe confirmaran la acusación de plagio. Las consecuencias fueron de tal magnitud que impactaron en las matemáticas del posterior siglo y medio en Inglaterra, quienes adoptaron tercamente los métodos de Newton. Por otro lado, las matemáticas avanzaban en el resto de Europa con los métodos de Leibniz.

Si ya sólo fuera por lo que os he explicado, sería de por sí un científico excepcional y digno de ser estudiado; pero hizo muchísimas más cosas. Para empezar, hoy tenemos la Ley de Leibniz, que establece que dos entidades son iguales si al sustituirse la una por la otra el valor de verdad del enunciado no varía (salva veritate).

Conoció personalmente en la Haya al célebre filósofo Baruch Spinoza (había huído de España y Portugal por la persecución religiosa), el mismo que había concebido a Dios como la Naturaleza y cuyo pensamiento tanto influenciaría posteriormente a Albert Einstein.

Fue el primero en plantear la pregunta filosófica de ¿Por qué el ser y no la nada? que Martin Heidegger repetiría en su Introducción a la metafísica, por supuesto, mencionando a Leibniz como autor. Esa pregunta puede resumir qué es lo que buscaba nuestro héroe.

Realizó numerosos viajes por Alemania, Austria e Italia, llegando incluso a Nápoles. En Roma recibió la oferta de convertirse en Conservador de la Biblioteca Vaticana, pero a condición de que se convirtiera al catolicismo. Rechazó esa oferta. En 1711 se entrevistó con el zar Pedro I de Rusia, entonces de viaje por Alemania, al que asesoraría en materias científicas y educativas como la fundación de la Academia de las Ciencias de San Petersburgo, que vería la luz en 1725.

Como físico, Leibniz propuso la noción de vis viva que era masa por el cuadrado de la velocidad. Hoy día sabemos que eso es el doble de la energía cinética, pero se había dado cuenta de que esa cantidad se conservaba en determinados sistemas mecánicos.

Era un optimista. Para él, el mal era casi nada en comparación con la bondad, la sabiduría y la belleza de la creación. ¿Por qué Dios habría creado algo peor? Esta postura, muy loable, fue criticada posteriormente por Voltaire. Este último había quedado horrorizado por el terremoto que el 1 de noviembre de 1755 asoló la ciudad de Lisboa. Hubo 30.000 víctimas y ocasionó una grave crisis en toda Europa. Pues bien, en su obra Cándido, Voltaire caricaturiza a Leibniz en la figura del doctor Pangloss.

Aunque era luterano, era abierto al diálogo con cristianos no luteranos e incluso con otras religiones, cosa atípica en aquel tiempo. Poseía una personalidad muy cosmopolita y conciliadora que le permitió intercambiar ideas con todo tipo de filósofos, matemáticos, teólogos y políticos. A lo largo de su vida llegó a intercambiar unas 15.000 cartas con más de 600 personas distintas. Aunque todavía queda por detrás del número de cartas que intercambiaron personajes de la talla de Erasmo o Voltaire, las cartas de Leibniz hablaban de temas mucho más variados que las de los dos anteriores.

Una muestra de su tolerancia religiosa puede leerse en su escrito de 1677 titulado Sobre la obligación de creer, que contiene las siguientes proposiciones:

1.- No está en poder nuestro poder creer o no creer en algo.
2.- No hay obligación de hacer aquellas cosas que no están en nuestro poder.
3.- No hay obligación de creer, sino sólo de investigar con la máxima diligencia.

En palabras de Carlos Blanco:

Si los líderes religiosos, políticos e intelectuales de la época de Leibniz hubieran aplicado estos principios, la intolerancia en Europa por razón de ideas y creencias podría haber dejado paso al respeto hacia el pensamiento de cada individuo.

Todavía hay más. Diseñó sistemas que mejoraron el rendimiento de la extracción de minerales en las montañas de Harz. Se interesó por la medicina, llegando a proponer una especie de “ministerio de sanidad” para controlar las epidemias al tiempo que urgía a los médicos a que incorporasen de pleno métodos científicos en su trabajo. Su obra Protogaea, escrita entre 1691 y 1693 y publicada después de su muerte, abordaba temas en los campos de la geología, la paleontología y la historia natural.

Admiró muchas culturas distintas a la europea, sobre todo, la china. Leía con avidez las noticias que llegaban de los misioneros jesuitas allí destinados, y en Europa les defendió durante la controversia de los ritos. Decía que los chinos habían efectuado grandes contribuciones al conocimiento que se irían desvelando poco a poco. La obra Science and civilization in China de Joseph Needham acabó dándole la razon. Una vez más.

Otra vez, las clarificadoras palabras de Carlos Blanco:

Se ha hablado muchas veces de las diferencias entre Newton y Leibniz. Los dos eran auténticos genios, pero sus perspectivas de trabajo, sus intereses intelectuales y sus concepciones filosóficas eran totalmente opuestas. Newton era sumamente receloso con sus adversarios, temeroso de las críticas que pudieran hacer a sus ideas y publicaciones y, en ocasiones, extremadamente vengativo. Leibniz era más sociable, cosmopolita y diplomático. Newton permaneció en Inglaterra mientras que Leibniz se dedicó a viajar por toda Europa. Newton era, ante todo, un físico que quería explicar las leyes del movimiento de los cuerpos sometidos a fuerza, mientras que Leibniz era principalmente un metafísico que quería encontrar una explicación racional y universal del cosmos. Newton acudía a las matemáticas como herramientas mientras que Leibniz era más bien un filósofo que buscaba aplicar sus ideas matemáticamente.

Aunque puede que la diferencia más sonada sea que mientras que el entierro de Newton fue similar al de un rey o un jefe de estado, al de Leibniz sólo acudió su secretario.

Albert Rivaud, experto en la edición crítica de los textos de Leibniz escribió:

Las obras de Leibniz se refieren prácticamente a todos los conocimientos humanos, pues en los manuscritos hay mucha lógica, filosofía, matemáticas, astronomía, física, historia natural, medicina, geología, farmacia, historia, política, derecho, filología, epigrafía, economía política, alquimia, magia, panfletos, obras satíricas versificadas e incluso recetas de cocina. De manera que no hay un solo género, si se exceptúa el drama y la novela, en el que Leibniz no se haya ejercitado.

Por suerte, la posteridad le ha hecho justicia. En 1985 el gobierno alemán instituyó el Premio Leibniz, que anualmente entrega 1,55 millones de euros para resultados experimentales y 770 000 euros para resultados teóricos (el premio más importante a nivel mundial para las contribuciones científicas); en 1970 la UAI decidió llamarle en su honor “Leibniz” a un astroblema (cráter de impacto) ubicado en el hemisferio sur del lado oscuro de la Luna; y en 2006, la Universidad de Hanover fue llamada “Gottfried Wilhelm Leibniz” en su honor.

Todo un personaje, sin duda.

Fuentes:
Carlos Blanco, Leibniz
Isaac Asimov, De los números y su historia
wikipedia



Hay 10 comentarios a 'Leibniz'

Subscribe to comments with RSS or TrackBack to 'Leibniz'.

  1. #1.- Enviado por: KC

    El día 17 de septiembre de 2011 a las 10:22

    La cantidad de gente que va al funeral de alguien no es representación ni criterio de la valía o genialidad de alguien, que perfectamente puede morir pobre y solo, por diversas circunstancias.

    Leibniz fue, sin duda, una de las primeras lámparas que iluminaron la cueva.

    Saludos.

  2. #2.- Enviado por: Manuel

    El día 17 de septiembre de 2011 a las 18:55

    Estupendo artículo, como siempre. Me atrevo de todas formas a indicarte que la frase:
    “aunque era luterano, era abierto al diálogo con cristianos”
    debería decir:
    “aunque era luterano, era abierto al diálogo con OTROS cristianos” ya que, aunque no católicos, los luteranos son cristianos.

  3. #3.- Enviado por: omalaled

    El día 17 de septiembre de 2011 a las 19:23

    KC: estoy de acuerdo contigo.
    Manuel: tienes razon: he puesto “era abierto al diálogo con cristianos no luteranos”. Muchas gracias por el detalle.

    Salud!

  4. #4.- Enviado por: ^DiAmOnD^

    El día 17 de septiembre de 2011 a las 21:03

    Fernando, muchas gracias por dedicarme el artículo, muy bueno, por otra parte :) .

  5. #5.- Enviado por: omalaled

    El día 17 de septiembre de 2011 a las 21:21

    Miguel Ángel: me alegra que te haya gustado. Te recomiendo, por otra parte, el libro Leibniz de Carlos Blanco, que ha sido la fuente de este artículo, es cortito y está francamente bien :-)

    Salud!

  6. #6.- Enviado por: Jeibros

    El día 18 de septiembre de 2011 a las 09:56

    Muy fácil de leer el artículo. No tenía la impresión de que Leibniz fuese tan desconocido, aunke claramente, toda esta información no está muy extendida.

    Cada vez estoy viendo más sitios donde se dice que Newton era demasiado altivo o soberbio. Cuán misteriosa es la personalidad de los genios.

  7. #7.- Enviado por: Anonimo

    El día 19 de septiembre de 2011 a las 06:48

    Gracias. Me has hecho imaginarme casi un capítulo de Érase una vez los inventores.

  8. #8.- Enviado por: edna krabappel

    El día 20 de septiembre de 2011 a las 18:19

    Respecto a los entierros… En China se paga a occidentales para que asistan a entierros con el fin de honrar a sus muertos. Un amigo que vive en China ha cobrado por asistir a varios funerales de gente que desconocía.
    Coincido con KC, pero hay otros que piensan diferente.

  9. #9.- Enviado por: omalaled

    El día 21 de septiembre de 2011 a las 22:00

    De todos modos, lo del entierro es para dar una idea de la fama y gloria que cubrió a uno y la soledad y olvido al que se sometió al otro. Creo que es un indicador muy significativo.

    Salud!

  10. #10.- Enviado por: Saúl

    El día 24 de septiembre de 2011 a las 21:19

    Sin olvidarnos de los 87 Institutos Leibniz de investigación:

    http://www.wgl.de/?nid=ein&nidap=&print=0

Post a comment