Pasteur, Biot y ciencia

Publicado el 18 de Agosto de 2005 en Historias de la ciencia por omalaled
Tiempo aproximado de lectura: 3 minutos y 25 segundos
Este artículo se ha visitado: 2,671 veces

Esta es una de las historias quizás más bonitas que he leído y que os podré contar. Es una de aquellas de ciencia en estado puro que emocionan y que tocan la fibra sensible. Disfrutadla …
 
No sé si existe una definición exacta de método científico y de pasión por la ciencia y el descubrimiento, pero si la hay debe tener mucho que ver con nuestra historia de hoy. Partimos del proceso de hacer vino por fermentación de mosto que produce una sustancia llamada tártaro. De esa sustancia, el químico sueco Wilhem Scheele aisló en 1769 un compuesto de propiedades ácidas al que llamó ácido tartárico. En 1820 Karl Kestner, fabricante alemán de productos químicos, preparó una sustancia que él creyó ser el anterior ácido tartárico, pero que no lo parecía. De entrada era menos soluble. Muchos químicos lo estudiaron. Joseph Louis Gay-Lussac llamó a aquel compuesto ácido racémico, del nombre latino del racimo de uvas.
 
Se comprobó que ambos ácidos tartárico y racémico tenían en su molécula C4H6O6 la fórmula idéntica. Era desconcertante: dos sustancias hechas por los mismos átomos presentaban características diferentes. En 1830 J. Jacob Berzelius, incrédulo de ello al principio, se rindió ante la evidencia y los llamó isómeros, que significa “de iguales proporciones”. En realidad, debido a la estructura de enlaces de los átomos, la molécula puede tener distinta geometría, pero claro, eso todavía era desconocido.
 
Jean Baptiste Biot (el mismo de la ley de Biot-Savart), había diseñado el polarímetro que medía la actividad óptica de los materiales (desvíos en planos de polarización de la luz). Vio que una solución de sales del ácido tartárico era ópticamente activa, pues desviaba el plano de polarización de la luz y lo hacía en sentido horario (a la derecha o dextrógiro) sin embargo el ácido racémico no lo desviaba. Un químico de primera categoría, Eilhard Mitscherlich formó cristales con ambas sales anunciando que eran absolutamente idénticas. La cosa no cuadraba de ninguna manera.
 
Entra en escena un joven químico francés de 22 años con una hoja mediocre de estudios que dudó de la veracidad de las observaciones de Mitscherlich ya que los cristales que había estudiado eran pequeños y posiblemente no habría visto todos los detalles. Su nombre: Louis Pasteur (hoy se le considera el padre de la microbiología). Pues bien, Pasteur vio que los cristales del ácido tartárico eran todos asimétricos, al igual que los del racémico, pero en este último, no todos eran iguales. ¿Podía ser que el ácido racémico fuese la mitad tartárico y la otra mitad la imagen especular? Ello explicaría que no tuviera actividad óptica, pues la actividad generada por el primero quedaría compensada por la actividad generada por el segundo. Puso manos a la obra y después de mucho trabajo consiguió demostrarlo a sus 26 años. El primer descubrimiento de Pasteur, como veis, nada tuvo que ver con la medicina, sino con la química.
 
Biot, que contaba entonces con 64 años, se negó a admitir el resultado del joven Pasteur quien se propuso demostrárselo en persona. Pasteur nos cuenta la experiencia junto a Biot con sus propias palabras:
 
Me llamó para que repitiera ante su vista los diferentes experimentos, y me dio una muestra de ácido racémico que había examinado previamente y que había comprobado que era completamente inactivo bajo la luz polarizada. Lo preparé delante de él y también la sal doble de sodio y amonio, para lo cual me dio la sosa y el amoníaco. El líquido para la evaporación se dejó en una de las habitaciones de su laboratorio y cuando ya se habían separado entre 30 y 40 gramos de cristales me citó de nuevo en el Colegio de Francia para que pudiera recoger los cristales dextrógiros y levógiros delante de él, los separara por sus características cristalográficas, pidiéndome que verificara la afirmación de que los cristales que colocaba a su derecha desviarían la luz a la derecha, y los otros a su izquierda. Hecho esto, me dijo que él se encargaría del resto. Preparó las soluciones haciendo las pesadas con cuidado y cuando iba a ponerlas en el polarímetro me llamó otra vez. Puso en primer lugar la solución más interesante, la que yo suponía que desviaría el plano de polarización hacia la izquierda. Antes de hacer la lectura, a primera vista y sólo por el color que daban las dos placas en el campo del polarímetro de Soleil, se dio cuenta inmediatamente de que había una intensa levorrotación. Entonces, el ilustre anciano, visiblemente emocionado, cogió mi mano diciendo: “Mi querido colega, he amado tanto las Ciencias durante mi vida que esto hace latir mi corazón”.
 
Pues bien, amigos míos, eso es ciencia.
 
Fuentes:
“Cartas a Nuria. Historia de la Ciencia”, Ramón Parés
“Momentos estelares de la ciencia”, Isaac Asimov



Hay 7 comentarios a 'Pasteur, Biot y ciencia'

Subscribe to comments with RSS

  1. #1.- Enviado por: Tio Petros

    El día 18 de Agosto de 2005 a las 11:19

    Es una historia perfecta para reflejar el espíritu de un investigador, efectivamente.

  2. #2.- Enviado por: omalaled

    El día 18 de Agosto de 2005 a las 11:34

    Gracias, Tío Petros. Me alegra mucho leerte por aquí.
    Saludos

  3. #3.- Enviado por: Consumidor irritado

    El día 18 de Agosto de 2005 a las 16:59

    Gracias por tus historias y disfruta de las vacaciones.

    ¡Hasta la vuelta!

  4. #4.- Enviado por: omalaled

    El día 18 de Agosto de 2005 a las 18:45

    Muchas gracias. Espero no acabar como “consumidor irritado ” por esos mundos ;)

  5. #5.- Enviado por: Maelmori

    El día 19 de Agosto de 2005 a las 13:17

    ¡Que descanses en tus vacaciones!
    Y una anécdota estupenda, como siempre.

  6. #6.- Enviado por: omalaled

    El día 19 de Agosto de 2005 a las 13:29

    Muchas Gracias, Maelmori
    Un cordial saludo

  7. #7.- Enviado por: .Marfil.

    El día 8 de Febrero de 2007 a las 02:59

    “Ahora puedo regocijarme hasta por la refutación de una teoría estimada porque aún esto es un éxito científico.”
    John Carew Eccles