Placer y felicidad

Publicado el 10 de junio de 2011 en Opinión por omalaled
Tiempo aproximado de lectura: 7 minutos y 32 segundos
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Más de una vez he oído noticias o leído artículos en los que se hablaba de si ciertas personas eran más felices que otras, y todo se plasmaba en estudios estadísticos. Curiosamente, en ninguno de esos artículos se define de forma total y absoluta qué es la felicidad. Y es que: ¡ay! de aquel que no sepa lo que es la felicidad, y sin embargo ¡ay! de la persona que intente definirla.

Ciertamente, es difícil de definir. Como dijo el juez del Tribunal Supremo de los EEUU, Potter Stewart, acerca de la pornografía: es difícil de definir, pero “cuando la veo, sé lo que es”.

La felicidad puede implicar sexo, drogas y rock and roll, el clamor de la multitud, la satisfacción del trabajo bien hecho, la buena comida, la buena bebida y la buena conversación, o también lo que el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi ha denominado “estado de flujo”, es decir, hallarse tan absorto en algo que uno sabe hacer bien que apenas advierte el paso del tiempo.

Pero quizás una tarea más interesante que definirla sea la de averiguar por qué, desde el punto de vista evolutivo, nos preocupa tanto a los seres humanos.

A simple vista, la respuesta parece evidente. La versión habitual es que la felicidad surgió en parte para guiar nuestro comportamiento. En palabras del psicólogo evolutivo Randolph Nesse, “Nuestro cerebro habría podido diseñarse para que comer bien, tener relaciones sexuales, ser objeto de admiración y observar el éxito de los propios hijos fueran experiencias aversivas; pero cualquier antepasado cuyo cerebro hubiese estado diseñado así probablemente no habría aportado gran cosa al acervo genético que convierte a la naturaleza humana en lo que ahora es”.

En realidad, más que la felicidad, el placer es nuestra guía, como ya señaló Freud y Aristóteles mucho antes que él. Sin placer, la especie no se propagaría.

Y cuando hablamos de placer, entre otras cosas, hemos de hablar de sexo. Sentir una inclinación hacia el sexo no es lo mismo que perseguirlo sin cesar, prácticamente, hasta excluir todo lo demás. Todos conocemos anécdotas de políticos, sacerdotes y gente corriente que se han arruinado la vida en la implacable persecución del sexo. ¿Acaso se preguntaría un marciano si nuestra necesidad de sexo contemporánea está tan mal calibrada como nuestra necesidad de azúcar, sal y grasas?

La idea central del placer como motivador tiene sentido, pero el sistema del placer en su conjunto es una chapuza. Si el placer debe guiarnos para satisfacer las necesidades de nuestros genes, ¿por qué los humanos desperdiciamos tanto tiempo en actividades que no están al servicio de estas necesidades? Desde luego, puede que algunos hombres se lancen en paracaídas para impresionar a las señoras, pero muchos de nosotros esquiamos, practicamos el snowboard o conducimos temerariamente incluso cuando no nos ve nadie. Debe haber una explicación para que una parte considerable de la actividad humana ponga en riesgo la “aptitud reproductiva”.

Resulta que la parte central del placer en nuestro cerebro se escinde en dos partes. Por un lado, tenemos un sistema ancestral que es muy corto de vista y que busca el beneficio a corto plazo. Es posible que se obtenga una ligera satisfacción al renunciar caer en la tentación de, por ejemplo, comer un pastel de chocolate, pero casi con toda seguridad, esa satisfacción es insignificante en comparación con la que tendríamos al comerlo. Por muy breve que fuera esta última satisfacción. A mis arterias les convendría que me saltara el postre, pero esos mismos genes, debido a una falta de previsión, nos han dado un cerebro que carece de la sabiduría necesaria para burlar sistemáticamente la parte animal que hay en él. Una evidencia más de que somos el producto de una evolución.

En un mundo ideal, desde la perspectiva de los genes, las partes de nuestro cerebro que deciden qué nos causa placer deberían ser sumamente exigentes. Por ejemplo, la fruta tiene azúcar y los mamíferos necesitamos azúcar. Tiene sentido que hayamos desarrollado el gusto por la fruta.

Sin embargo, los sensores de azúcar no distinguen si viene de una fruta con azúcar u otra cosa con igual sabor pero sin valor nutricional. De alguna manera, estamos engañando a nuestros genes.

Y, quizás, donde más lo hacemos a nuestros genes, es en el sexo. Es una motivación extraordinaria y parece claro que el placer que produce es esencial para que se perpetúen las especies, particularmente, la nuestra. La ironía es que la gente lo practica a menudo de maneras concebidas intencionadamente para no producir niños.

Lo peor del placer es que no dura mucho tiempo. Una chocolatina nos hace felices por un instante, pero pronto volvemos al estado de ánimo en el que nos hallábamos antes de comerla. Esto es generalizable a todas las facetas de la vida: nos adaptamos muy rápidamente a las nuevas situaciones. Por ejemplo, los profesores adjuntos piensan que su felicidad futura depende de obtener la titularidad y los que no la consiguen se sienten desgraciados. Pero, por fortuna o por desgracia, este sentimiento también dura poco, y no pasa mucho tiempo hasta que se adaptan y se acabó bien sea la felicidad o el placer inicial o la desgracia.

Esa tendencia a acostumbrarnos a lo que nos está pasando se llama técnicamente “adaptación”. Por ejemplo, es posible que el retumbar de los camiones que pasan por una carretera cercana a nuestro lugar de trabajo nos moleste al principio, pero con el tiempo aprendemos a oírlo sin que nos moleste. Eso es adaptación. Podemos adaptarnos a molestias incluso peores, sobre todo, las previsibles. Es por ello que un jefe que actúa como un cretino todos los días puede ser en realidad menos irritante que uno que actúa como un cretino con menos frecuencia pero a intervalos aleatorios.

En la medida en que algo sea una constante, podemos aprender a vivir con ello. Nuestras circunstancias pueden ser importantes pero, a menudo y gracias a la adaptación, son menos importantes de lo que pueda parecer.

Y que nadie me malinterprete: me gustaría que me tocara la lotería y espero no padecer nunca una lesión grave; pero hay que decir también los ganadores de la lotería se adaptan rápidamente a su recién adquirida riqueza y hay que ver a gente como Christopher Reeve, que encuentran la forma de hacer frente a circunstancias adversas que a la mayoría de nosotros nos resultan inimaginables.

Esta capacidad de adaptación que tenemos es una de las razones por las que el dinero importa mucho menos de lo que la gente piensa. Que no se me malinterprete de nuevo: es cierto que la gente situada por encima del límite de la pobreza es más feliz que la gente por debajo de dicho límite, pero los verdaderamente ricos no son mucho más felices que los, por así llamarlos, simplemente ricos.

Irónicamente, lo que de verdad parece importar no es la riqueza absoluta, sino la renta relativa. ¿Qué preferiríais? ¿Ganar 60.000 euros en un empleo donde vuestros compañeros ganan 80.000 o ganar 50.000 euros en un empleo en el que vuestros compañeros ganaran 30.000? Y es que no sólo queremos ser ricos, sino que queremos ser más ricos que nuestros vecinos. El resultado es que muchos de nosotros vivimos dando vueltas a la noria de la felicidad, trabajando día a día, para mantener en esencia el mismo nivel de felicidad.

Uno de los aspectos más sorprendentes de la felicidad es nuestra incapacidad de medirla. ¿Eres tú, amigo lector, feliz mientras está leyendo estas líneas? ¿Podrías poner una nota en una escala del 0 al 10? ¿En qué medida estás satisfecho con tu vida en general? Curiosamente, las personas que no dan tantas vueltas a sus propias circunstancias tienden a ser más felices que quienes piensan más en ellas. Tal y como decía Mark Twain, puede que diseccionar nuestra propia felicidad sea como diseccionar una rana: tanto la una como la otra mueren en el proceso.

Probablemente, intuyas la respuesta de forma parecida a si te preguntara si tienes frío o calor.

Por otro lado, es un fenómeno no menos curioso que buscamos placer y felicidad aunque sea autoengañándonos, manteniéndonos cuando no nos gusta cómo nos sentimos. Un claro ejemplo está en los exámenes de universidad: cuando uno aprueba empieza a hacer cosas que no haría en otras circunstancias de pura felicidad; pero cuando suspendemos tendemos a autojustificarnos: alguna razón de la que no tenemos culpa intervino en ello, el profesor no puntuó justamente o a saber.

Estas justificaciones, cambiadas de perspectiva, pueden ser peligrosas. Uno tiende a sentirse mejor viviendo en un mundo que parece justo que no en un mundo que parece injusto. Llevada a su extremo, esta fe puede empujar a la gente a hacer cosas directamente deplorables, como culpar a víctimas inocentes. Incluso, a veces, dicen de las víctimas de violaciones “que se lo han buscado”. El coste moral de las autojustificaciones y de pensar que vivimos en un mundo justo puede ser muy alto.

Si nos preguntaran a todos por separado si nos sentimos más felices que la media y analizáramos las respuestas, la conclusión sería que todos somos más felices que la media.

Quizás, el secreto de la felicidad esté en cerrar los ojos a la razón en determinadas circunstancias. Como decía Feynman:

A veces es bueno conocerte a ti mismo, pero otras veces no lo es. Cuando te ríes de un chiste, si piensas en por qué te ríes podrías darte cuenta de que, después de todo, no era tan gracioso: era estúpido; de modo que dejas de reír. No deberías pensar en ello. Mi regla es, cuando eres infeliz, piensa en ello. Pero cuando eres feliz, no lo hagas. ¿Por qué echarlo a perder? Probablemente eres feliz por alguna razón ridícula y saberlo es echarlo a perder.

La felicidad o, más exactamente, la oportunidad de perseguirla es poco más que un motor que nos mueve. La noria de la felicidad nos mantiene en marcha: vivos, reproduciéndonos, cuidando de nuestros hijos, sobreviviendo un día más. La evolución no nos ha hecho evolucionar para que seamos felices, sino para que persigamos la felicidad.

En fin, sea del modo que sea, os deseo toda la felicidad del mundo.

Fuentes:
Gary Marcus, Kluge, la azarosa construcción de la mente humana.
Leonard Mlodinow, El arco Iris de Feynman.



Hay 21 comentarios a 'Placer y felicidad'

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  1. #1.- Enviado por: Jorge A. B.

    El día 10 de junio de 2011 a las 17:54

    “¿Eres tú, amigo lector, feliz mientras está leyendo estas líneas?” ¡Sí, amigo escritor! ¡De hecho, precisamente para eso las leo! jajaja…

    Por pura coincidencia, justo anoche estaba pensando sobre este tema, mientras estaba durmiendo (o mejor dicho, en proceso de pasar oficialmente a estado de dormido). Me intriga mucho, tanto esto como todo lo relacionado con neurociencia. Pero nunca he leído ningún libro sobre el tema. ¿Podrías recomendarme alguno que se destaque? ¿Qué tal es el de Gary Marcus que citaste?

    Y cambiando de tema, veo que también has citado el libro “El arcoiris de Feynman”. Hace poco que me enteré de su existencia. ¿Qué tal es? ¿Cómo es en comparación de “Está Ud de broma, dr Feynman?” ? (Sé que a este libro no lo escribió Feynman, así que tal vez no se pueda hacer una comparación tan directa, pero bueno, ya que también has leído ese otro libro, a lo mejor puede servir como referencia).

  2. #2.- Enviado por: omalaled

    El día 10 de junio de 2011 a las 18:10

    Jorge A.B.: Bueno… pensándolo bien, podría decir que soy feliz mientras planeo los artículos, los escribo y veo que la gente disfruta con ellos :-)
    El libro de Gary Marcus es muy bueno. Está centrado en el curioso funcionamiento del cerebro desde el punto de vista evolutivo, explicando que la po hizo partir de esquemas que ya tenía desde hacía miles de años, cuano nuestra sociedad es apenas algo recién llegado. Y de ahí que nos pasen estas cosas tan curiosas. Es un libro del que se aprende. Tengo pendiente de leer otros de neurociencia de Francisco Mora. Ya iré colgando artículos de él (escribe muy bien).
    Si has leído el Está Ud de broma Sr. Feynman y Qué te importa lo que piensen los demás, te recomiendo encarecidamente que leas El Arco Iris de Feynman. Es un físico al que le ponen en un despacho en el mismo pasillo que Feynman y Gell-Man. Al principio piensas, ¡vaya rollo de libro! y, de pronto, se pone interesante finalizando con un cambio en la mentalidad del autor. A mí me encantó. Con una fuerte carga emocional. Creo que todo físico debería leer estos tres libros.

    Salud!

  3. #3.- Enviado por: KC

    El día 11 de junio de 2011 a las 00:20

    La única amoralidad que puede tener el sexo se da cuando no hay consentimiento por una de las partes. Todo lo demás son gilipolleces religiosas que tienen más que ver con la sociología y la política que con el mismo acto sexual en sí.

    Supongo que a ninguna especie con las suficientes conexiones nerviosas “le interesaba” que un orgasmo tuviera la misma sensación que clavarse alfileres o cortarse la piel.

    En cuanto a la felicidad, no creo que haya estado emocional más transitorio que ese. Así como tampoco creo que alguien que no haya conocido la infelicidad pueda entender bien el concepto. Son dos caras de una misma moneda que continuamente echamos al aire. Tenía razón el gran Feynmann cuando se refiere a no plantearse por qué uno es feliz, ya que entonces comenzará a agrietarse. Lo que no sabía el genio es que eso, generalmente, se lo preguntaban él y cuatro más.

    Saludos.

  4. #4.- Enviado por: Malonez

    El día 11 de junio de 2011 a las 11:51

    No puedo estar más de acuerdo con Feynman, y lo curioso es que no creo que la filosofía de la felicidad tenga que ver con ser un gran físico. Que hombre!

  5. #5.- Enviado por: Soffus (@SoffusVD)

    El día 12 de junio de 2011 a las 04:14

    Mmm, interesante que Feynman sea un irracionalista en este aspecto, quizá sea porque no pudo (o no quiso) enfrentar el problema desde una perspectiva científica. Tal vez sea por lo oscuro de la definición de felicidad.
    En fin, muy buen artículo, enfoca bastante bien las distintas investigaciones que se han realizado en este campo, incluso tomando en cuenta que la ciencia tiene perspectivas bastante excéntricas en cuanto a la idea de la felicidad, para mí, la solución más simple (y por lo tanto la más científica) es el concluir que no hay tal cosa como la felicidad, al menos no según se la entiende regularmente, la investigación científica sobre algo tan imaginario es como mucho un juego de palabras y definiciones.

  6. #6.- Enviado por: alvaro

    El día 12 de junio de 2011 a las 18:18

    Hay cosas de difícil definición y medición pero que todos sabemos cómo son y cómo se sienten. Interesantes vuestras reflexiones, seguiré leyendo detenidamente.

  7. #7.- Enviado por: Olimpia

    El día 13 de junio de 2011 a las 21:18

    A mi entender la felicidad y el placer son cuestiones diferentes. El placer es un estímulo que nos protege lo mismo que el dolor. Los miedos atávicos y el pánico a lo desconocido son generalmente mecanismos que alertan de los peligros. El placer sexual así como el “instinto materno”, permitían a la especia su perpetuidad o conservación. El placer sexual es evidente que en nuestra especie conserva poco de instinto ya que el estro femenino, a diferencia de otras de otras especies, no es evidente y pasa desapercibido, por lo que no está directamente ligado a la reproducción. Tampoco todos los individuos desean tener descendencia y muchas mujeres no tienen “instinto materno”. Los “placeres” originarios, han dado paso a otros placeres producto de nuestra cultura. Así pues creo que la felicidad estribará en la satisfacción intelectual que nos produce el pensar, el razonar, el superarnos y comunicarnos. Como seres sociales nuestra felicidad pasará por el reconocimiento de nuestras cualidades por los demás. El satisfacer nuestro afán de conocimientos y saborear la vida como instantes irrepetibles. Felicidades por el blog. Un cordial saludo.

  8. #8.- Enviado por: co.co

    El día 14 de junio de 2011 a las 07:59

    Hace poco me hablaban de la definición de utopía. Una línea en el horizonte. A medida que intentas acercarte a ella, la línea se aleja. Me parece muy cercano a la felicidad. De todas formas, las palabras de Feynman, me parecen muy acertadas. Cuando gozas mucho con alguna actividad vital, mejor no plantearte por que lo disfrutas, por que se rompe la magia. A posteriori, quizàs si puedes preguntarte los porques, quizàs por eso la felicidad parece efímera.
    De todas formas no creo que sea universal. Y seguro que como en otras facetas de la vida, la cultura tiene mucho que ver.
    Un placer como siempre, que aporta conocimientos y motivos para pensar, por tanto, en mi caso, felicidad

  9. #9.- Enviado por: KC

    El día 14 de junio de 2011 a las 20:22

    La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.

    Eduardo Galeano

    De todas formas, la utopía no debe de alejarnos de la realidad… porque si no sólo hablamos por hablar.

    Saludos.

  10. #10.- Enviado por: co.co

    El día 15 de junio de 2011 a las 06:57

    Cierto kc, este es el autor. ¿Pero quien no pone unas dosis de utopia en su vida, para andar? ¿Y la realidad, no la creamos nosotros con nuestros anelos, fracasos i éxitos?
    De todas formas creo que para entender la realidad, y estudiarla, a veces ayuda mucho la utopia. ¿Que és si no una teoría antes de que sea demostrada si no una utopia?

  11. #11.- Enviado por: KC

    El día 15 de junio de 2011 a las 19:43

    Co.co,

    el exceso de utopía, muchas veces, se convierte en una venda que ciega los ojos. En cuanto a tu última pregunta: una hipótesis. Utopía es más que eso, es la máxima idealización de la imaginación. Pero tampoco es bueno emborracharse porque, algunas veces, nos aleja de lo real.

    Saludos.

  12. #12.- Enviado por: co.co

    El día 16 de junio de 2011 a las 07:14

    Seun la rae:
    Hipótesis: f. Suposición de algo posible o imposible para sacar de ello una consecuencia.

    Utopía: Plan, proyecto, doctrina o sistema optimista que aparece como irrealizable en el momento de su formulación.

    Leídas las definiciones yo les veo muchos puntos de contacto. Estoy convencido de que antes de dar cuerpo a un monton de hipótesis, la ciencia ha nadado en la utopia. Lo importante és sacar conclusiones (La realidad)

    Y aunque la utopía puede emborrachar, creo que avanzamos gracias a ella. Los excesos acostumbran a ser malos, ya lo decían los estoicos.

    Por eso encuentro acertadas las palabras de Galeano. Lo real queda en un plano fijo, y la utopía nos permite acceder (o intuir) otros planos de realidad que, lógicamente, deberan ser demostrados. I seguir avanzando, hacía un horizonte que no alcanzamos.

  13. #13.- Enviado por: KC

    El día 16 de junio de 2011 a las 17:47

    La cita de Galeano es absolutamente genial, pero yo intento añadir mi vertiente realista, porque ya te digo que soñar continuamente con utopías puede hacer que defendamos alguna que otra irracionalidad. Supongo que depende de cada cuál.

    Saludos.

  14. #14.- Enviado por: co.co

    El día 17 de junio de 2011 a las 10:29

    Cierto, y la realidad depende del espíritu crítico, com que se observa (Uno de los pilares, creo, de la ciencia) . Como siempre el mestizage, (en este caso de ideas) acostumbra a demostrar su validez.

  15. #15.- Enviado por: Jbros

    El día 19 de junio de 2011 a las 21:48

    Yo suelo decir que la vida tiene momentos felices, no épocas felices, y en eso encaja un poco lo del chiste y la chocolatina. Te pega un subidón bastante grande el conseguir una hazaña, que tu equipo marque un gol, aprobar un examen, besar a tu pareja por primera vez o tener sexo con ella… pero luego el mar vuelve a la calma. Para mí la felicididad es algo así como estar en calma con uno mismo, pero misteriosamente, no ocurre lo mismo con lo malo, ya que si ocurre algo malo, como suspender un examen, romper con la pareja, o que tu equipo descienda, el bajón es más prolongado y de más duración que el subidóń… ¿o es que somos unos victimistas? La vida es dura, así que por mí, hemos de intentar disfrutarla y acordarnos del momento feliz sin pensar en él, como dice Feynman, y reír, sobre todo reír.

  16. #16.- Enviado por: idea21

    El día 21 de junio de 2011 a las 07:12

    La felicidad humana depende fundamentalmente de los condicionamientos culturales. Cosas que a un ser humano lo hacen feliz en una cultura determinada no lo harían feliz en otra. Incluso los impulsos instintuales más simples son vividos de forma diferente en una particular cultura. Y eso es porque la cultura nos inculca los controles emocionales en los cuale se basa nuestra capacidad de elección.
    Una cultura humana más desarrollada (más “humana”) nos permite elegir un particular tipo de felicidad que garantice vivir en un entorno de extrema confianza. Esta felicidad en particular entraría en menos contradicciones que la felicidad que hoy conocemos, es decir, no despertaría tantos escrúpulos, remordimientos, sentimientos de culpa. Sería una felicidad más estable y prolongada, porque no podemos concebir la felicidad de una forma exclusivamente egoísta, ya que el ser humano no puede vivir emocionalmente en soledad (eso serían los autistas y los psicópatas).

    La base del cambio cultural es siempre el cambio religioso, pues es el fenómeno religioso (en un sentido racional, no sobrenatural) el que modifica los cambios éticos (control emocional) que permiten la evolución cultural. Como la tecnología y la economía, también hay religiones buenas y malas, puesto que toda religión sirve a un fin ético.

    Aquí unas ideas

    http://ideaciones.net/foro/index.php?board=3.0

  17. #17.- Enviado por: Aaron Garcia

    El día 24 de junio de 2011 a las 18:35

    En escala de 0-10 (entendiendo que es una idea figurativa), yo diria que 8. En varias circunstancias, uno implica felicidad o cosas sin sentido, en lo personal me siento feliz de ver el sol y de admirar la luna, dia a dia me llena me da una sentimiento de plenitud; al igual, ver reir a las personas (mas a los niños), pero Feyman tiene razon (como en muchas cosas) la razon le quita lo “divertido” a la felicidad. Solo senrie y se feliz sin razon alguna. Me encanto la lectura gracias por las letras.

  18. #18.- Enviado por: Calamar

    El día 14 de julio de 2011 a las 16:11

    El problema de la felicidad, es desde luego, un problema semántico. Es una palabra que no está bien definida y por tanto cada individuo tiene una idea diferente de su significado. Sin embargo, no creo que sea imposible de definir “por definición” (valga la redundancia)
    Yo tengo mi propia definición, a ver qué os parece: al igual que lo opuesto del dolor es el placer, el opuesto del miedo es la felicidad. Ambos son sistemas desarrollados por la evolución para favorecer la supervivencia. La escala dolor-placer sería una adaptación más primitiva, más simple y más inmediata, mientras que la escala miedo-felicidad sería una adaptación más reciente, más compleja (implica cierta abstracción del medio) y no tan a corto plazo. En esta definición, la felicidad y la sensación de seguridad serían equivalentes. Se puede ser muy rico, pero si tienes miedo (racional o no) a perder tu dinero, seguramente no seas muy feliz. Os invito a reflexionar sobre ello.

  19. #19.- Enviado por: omalaled

    El día 14 de julio de 2011 a las 16:29

    Hmmmmm, eso me suena muchísimo a Eduard Punset. Puede que la falta de miedo también contribuya (y de forma importante) a la felicidad, pero podemos sacar temores (incluida la meurte) de la que no se libra nadie.

    Pero es una buena reflexión.

    Salud!

  20. #20.- Enviado por: Jekyll

    El día 26 de octubre de 2011 a las 10:08

    Atentos a la paradoja:

    “Si nos preguntaran a todos por separado si nos sentimos más felices que la media y analizáramos las respuestas, la conclusión sería que todos somos más felices que la media.”

    Si todos fuésemos más felices que la media, la media sería más alta, por lo que todos seríamos igual de felices que la media.

  21. #21.- Enviado por: shamy

    El día 25 de julio de 2012 a las 03:40

    :D :D Dios eS amOr y El es el motor de la felicidad ;)

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