Edward Jenner y la viruela
¿Te has vacunado alguna vez contra la viruela? ¿Sabías que fue una enfermedad terrible durante mucho tiempo?
Algunos historiadores piensan que la viruela apareció por primera vez en el momento en que el hombre dejó de ser nómada, hace unos 10.000 años. Pero la primera prueba tangible de la existencia de la viruela viene de las momias egipcias pertenecientes a la XVIII dinastía (1580-1350 A.C.) y la del Faraón Ramsés V (1157 A.C.). Por otro lado, las primeras descripciones conocidas de la enfermedad no se realizaron hasta el siglo IV en China y el siglo X en el sudeste asiático.
En Asia, donde dominaba la variola mayor, las tasas de mortalidad promedio eran del 20%, pero se elevaban al 40% o al 50% en niños menores de un año. En Europa, a fines del siglo XVIII, unas 400.000 personas morían de viruela cada año, y un tercio de los supervivientes quedaban ciegos. No menos de cinco reyes murieron de viruela en el siglo XVIII. Incluso esta enfermedad alteró la línea de sucesión de los Habsburgo cuatro veces en cuatro generaciones. En los supervivientes, cada pústula dejaba una cicatriz en la piel cuando la enfermedad desaparecía. En el rostro la desfiguración podía ser horrible.
La viruela se había convertido en una enfermedad mundial. Fue una de las enfermedades más temidas, dado que podía atacar en cualquier lugar y no existía un tratamiento efectivo. A diferencia de la malaria y la fiebre amarilla podía desatar epidemias en cualquier momento, independientemente de la estación del año. Además, las mejoras en los servicios sanitarios y las condiciones de vida que tenían un efecto positivo sobre la incidencia del cólera y la fiebre tifoidea no tenían tal efecto sobre la viruela.
Era 1762, cuando Edward Jenner comenzaba sus estudios en Soadbury oyó a una joven decir: “Yo no me puedo enfermar de viruela porque ya estoy vacunada”. Aún conservaba vivo el recuerdo de aquella frase cuatro años después cuando se estableció en Berkeley, donde observó que esta creencia era corriente entre los vaqueros del lugar y de sus cercanías. Notó realmente que los que habían sufrido previamente viruela vacuna que sólo tenía pústulas en las manos, demostraban resistencia cuando se exponían a la temida viruela, y que esta protección podía extenderse hasta 53 años. Con la ayuda de su sobrino Henry Jenner recopiló datos epidemiológicos de 28 individuos los que proporcionaron la evidencia para fundamentar su hipótesis de que la inoculación con viruela vacuna podía prestar un servicio enorme a la humanidad.
El 14 de mayo de 1796, tres días antes de cumplir 47 años, Jenner inició un experimento histórico. Extrajo pus de una pústula de la mano de Sarah Nelmes, una ordeñadora que había contraído viruela vacuna de su vaca lechera Blossom, y lo inoculó a James Phipps, un niño saludable de 8 años. El niño desarrolló una leve enfermedad entre el 7º y el 9º día. Se formó una vesícula en los puntos de inoculación, que desapareció sin la menor complicación. El 1º de julio, se inoculó al niño con la temida viruela pero no enfermó (cómo se la jugó, ¿no?).
En 1798 publicó sus resultados en una monografía hoy famosa titulada: “Investigación de las causas y efectos de la vacuna antivariólica”. El descubrimiento trajo consigo críticas que muchas veces tomaron formas violentas e injuriosas. Un folleto publicado por el doctor Rowley, contenía una viñeta en que se representaba a un niño con cabeza de buey. Ésta, según dicho autor había tomado tal forma a raíz de haberse vacunado al pequeño. Por otra parte, se predicaba en los púlpitos que la vacuna era una acción anticristiana.
Sin embargo Jenner adquirió fama mundial. En 1802, tras estallar la guerra entre Francia e Inglaterra, después de un breve período de paz cayeron prisioneros unos cuantos ciudadanos ingleses. Se pidió a Napoleón que los dejara en libertad y estuvo a punto de negarse. Vio que entre los firmantes de la petición estaba Edward Jenner. Los dejó en libertad.
La familia real británica se vacunó y en 1803 se fundó la Royal Jennerian Society presidida por el propio Jenner. El aniversario de la muerte de Jenner es día festivo en Alemania y el primer niño ruso vacunado recibió el nombre de Vaccinov y su educación corrió a cargo del estado. En Inglaterra le reconocieron menos ya que en 1813 se le propuso como candidato al Colegio de Médicos de Londres pero se empeñaron en hacerle los clásicos exámenes sobre las teorías de Hipócrates y Galeno. Se negó y los caballeros del Colegio no le eligieron. ¿Os imagináis negar algo así a un personaje de esta talla por inútil burocracia?
El dato realmente bueno es que Jenner había descubierto una forma de prevenir la enfermedad y no de curarla.
La parte divertida de esta historia es un hecho relacionado con Carlos IV . A este rey se le murió un hijo de viruela, cosa que le hizo aceptar un proyecto de un médico español, Francisco Balmis, que fue el responsable de vacunar a todo el reino contra la viruela. Por aquella época no existían ampollas, así que llevó 18 niños que habían sido expuestos a la enfermedad. Cada semana se les inyectaba a dos de ellos el líquido extraído la semana anterior de las pústulas de sus compañeros de viaje. De este modo, recorrió Hispanoamérica, Filipinas, Cantón y Macao, vacunando la población.
¿Sabéis cuál fue la recompensa para esos pobres 18 niños? Pues protección real y educación hasta su mayoría de edad. Todo un detalle, ¿no?
De ahí a nuestros días, la OMS distribuyó 465 millones de dosis de vacuna en 27 países. Cada año de 1967 a 1979, la OMS despachó entre 15 y 45 millones de dosis de vacuna a los países endémicos.
Gran parte de la humanidad, por no decir toda, debería estar agradecida a Edward Jenner y ya si no homenajearle, sí al menos conocer su existencia que espero no se os olvide a partir de hoy.
Fuentes:
“El hombre que calumnió a los monos”, Miguel Ángel Sabadell.
“Cartas a Nuria. Historia de la ciencia”, Ramón Parés.
“Momentos estelares de la ciencia”, Isaac Asimov
http://www.revistamedica.8m.com/histomed102.htm
http://www.bvs.sld.cu/revistas/abr/vol41_1_02/abr07102.htm





El día 7 de Junio de 2005 a las 11:29
No recordo ara mateix en quin lloc els indigens es menjaven les pústules d’algunes malalties per prevenir el seu contagi. M’ho va comentar un amic que en sap molt de curiositats d’aquestes. Crec recordar que era a la Xina ja fa molts segles.
Per cert si encara persisteix el problema per afegir comentaris al meu dip me’ls pots enviar a la meva adreça de correu electrònic: un_profe@hotmail.com i ja els penjaré jo quan pugui. Gràcies a tu també per les visites i per actualitzar el teu dip amb coses tan interessants.<>
El día 8 de Junio de 2005 a las 18:01
Hola, acabo de descubrir tu blog por el comentario que dejaste en MalaCiencia.<>
Muy interesante, de verdad.<>
Y suerte a tí también con los premios (competimos exactamente en las mismas categorías).<>
El día 21 de Junio de 2005 a las 20:51
He descubierto tu blog y me gusta, ¡enhorabuena!. Seguro que te visito con frecuencia.<>
Sobre la viruela solo un dato mas, es una enfermedad erradicada (la primera en la historia de la humanidad). El último caso conocido fue un nomada etiope, quizas uno de los “enfermos” cuya foto ha sido reproducida en mas ocasiones.<>