El sarampión
Un recuerdo que no podré olvidar es una ocasión en que, de niño, estaba viendo una película con mi padre en las que los conquistadores llegaban a ciertas islas del Pacífico. Mi padre, médico él, hizo el comentario: “Con lo felices que eran estas gentes antes de que les trajéramos la viruela, el sarampión y todo eso…”. Nunca se me ha ido de la cabeza ese comentario. ¿Era cierto eso que decía? ¿Que nosotros les llevamos enfermedades? Hoy os quiero hablar del sarampión, de algunas de esas historias a las que mi padre se refería y aprovechar para mostraros los valores que me encantan de los investigadores. Al menos, de los investigadores honrados y personas.
Las islas Fiji se sometieron al control británico como colonia en 1874. Para participar en la firma del Tratado Colonial, el jefe del pueblo, Thacombau, fue a Sydney, Australia. Al año siguiente, durante el viaje de vuelta, uno de sus hijos y uno de sus ayudantes cayeron enfermos de sarampión. Los pacientes fueron puestos en cuarentena en un compartimento temporal en el barco. Cuando la nave llegó a la ciudad indígena de Levuki, ambos pacientes ya se habían recuperado y bajaron a la costa. Pero dos días más tarde, otro de los hijos que también había viajado con ellos en el barco, enfermó de sarampión. Como se habían hecho planes festivos, se reunieron con otros jefes, sus criados y parientes de todas las islas cercanas para enterarse del tratado y rendir homenaje a Thacombau. Durante los cuatro meses siguientes murieron más de 20.000 personas, lo que representaba un 40% de la población.
No fue la única epidemia de sarampión de la historia. En 1942 se registró una epidemia de sarampión en Groenlandia que atacó al 99,9% de la población. Desgraciadamente, todavía hoy aparecen brotes que dejan muchos muertos (1, 2, 3, 4).
Otro lugar y época donde aquel virus un importante papel fue durante la Guerra de Secesión estadounidense. En el Ejército de la Unión, unos 67.000 lo padecieron y más de 4.000 murieron. Muchas de aquellas batallas se vieron retrasadas por caer muchos solados enfermos. Las “tropas maduras” eran soldados que habían sobrevivido a las epidemias que atacaban a casi todos los nuevos reclutas. A ello se debe la clásica respuesta del general Lovell a una orden de que enviaran tropas de refresco desde Nueva Orleans en enero de 1862. Contestó que las mandaría “en cuanto hayan pasado el sarampión, proceso en el que están: la mitad de ellos se encuentran enfermos”.
No se sabe a ciencia cierta cómo el sarampión llegó al ser humano. Hay quien piensa que fue una adaptación del virus del moquillo canino o la peste bovina, dado que hay similitudes. Pero nunca se ha demostrado. Por otro lado, es difícil saber el momento exacto en que sucedió ya que al principio no se supo distinguir entre el sarampión y la viruela y se trató a ambas enfermedades por igual. El primer médico que trató de distinguir entre ambas dolencias fue el árabe Abu Becr (también llamado Rhazes) en el siglo X. No obstante, hubo que esperar hasta el siglo XVII para que el médico inglés Thomas Sydenham documentara la entidad clínica de la infección del sarampión. A partir de aquel momento se acumularon minuciosos registros de la enfermedad y de su efecto sobre las poblaciones.
Fue identificado como un virus en 1911, cuando las secreciones respiratorias de un paciencte fueron pasadas por un filtro para contener las bacterias, pero que permitían el paso de los virus. Cuando se inoculó con esos fluidos a unos monos les causó una enfermedad muy parecida a la del sarampión. No deja de ser curioso que los monos en estado natural no se vean afectados de sarampión, salvo cuando están en contacto con el hombre cuando están incubando el virus. Esto hace pensar que les salva la reducida estructura social tribal.
El virus se transmite por el aire: al hablar, toser o estornudar se liberan pequeñas gotas y llegan a la boca, garganta, nariz y ojos de su siguiente víctima. Provoca una supresión del sistema inmune que es la culpable muchas veces de las muertes ocurridas en las epidemias de sarampión. Otras enfermedades microbianas mantenidas a raya por un sistema inmune en buen funcionamiento pueden reactivarse en ese momento. Por ejemplo, en los que tenían tuberculosis o sífilis, las enfermedades se volvían activas y cundían por todo el organismo.
Si alguien enferma de sarampión y se recupera, tiene una protección vitalicia contra él. A esta conclusión llegó un joven oficial médico danés llamado Peter Panum, quien estudió un brote de las islas Feroe en 1846. En marzo de aquel año, un carpintero que iba a trabajar a aquellas islas salió de Copenhague poco después de visitar a unos amigos que estaban enfermos de sarampión. Ocho días después llegaba a la aldea de Thorshavn, donde cayó víctima de la enfermedad. De entre los 7782 habitantes se registraron 6000 casos. Como las islas Feroe estaban bajo dominio danés, enviaron a Peter Panum desde Dinamarca. Observó que sólo infectaba a personas menores de 65 años. Resulta que anteriormente había habido otra epidemia en 1781, 65 años antes. Para llegar a la conclusión de que quien se recupera de la infección del virus tiene protección vitalicia se basó en tres hechos:
1.- Las islas Feroe eran un lugar aislado.
2.- Se aplicó estrictamente la cuarentena a todos los barcos antes de su llegada y descender sus tripulantes a tierra.
3.- El número de barcos llegados en esos 65 años había sido limitado.
Logró definir de forma precisa el lapso de tiempo de incubación, lo contagioso de la enfermedad en las personas recién atacadas y la duración de la inmunidad, dado que los humanos eran los únicos huéspedes (o sea, ningún animal transmitía el virus). En cuanto se supo este detalle conocido gracias a Panum y que el hombre era el huésped natural, los científicos se centraron en desarrollar una vacuna preventiva.
Los virus tenían un problema añadido: sólo se multiplicaban dentro de células vivas y no se sabía cómo desarrollarlos en un medio de cultivo, cosa que había podido hacerse con las bacterias y había sido fundamental para el descubrimiento de los antibióticos. Se podían contener devastaciones como la peste bubónica, el cólera, la difteria, etc.; pero no se podía hacer igual con los virus.
Quien estaba destinado a obtener una vacuna contra el sarampión era John Franklin Enders. Al principio iba a dedicarse al estudio de la literatura inglesa y celta pero quedó impresionado por las enseñanzas de Hans Zinsser, presidente de los departamentos de bacteriología e inmunología de la Escuela de Medicina de Harvard. Decidió doctorarse en microbiología e inmunología y fue nombrado profesor de la misma Escuela de Harvard. Como la mayoría de su generación, trabajó con bacilos de tuberculosis y neumococos. No obstante, le llamó la atención una devastadora enfermedad de los gatos que hizo estragos entre dichos animales de Harvard en 1937.
Aquella enfermedad era causada por un virus y esta fue la primera experiencia de Enders con ellos. Su labor fue interrumpida por la Segunda Guerra Mundial, después de la cual volvió a Harvard, donde se estableció la división de investigación de enfermedades infecciosas en el Hospital Infantil. Allí desarrolló métodos para cultivar virus, sobre todo el de la poliomielitis. Por ello recibió, junto sus colegas Frederick Robbins y Thomas Weller, el Premio Nobel de Medicina en 1954.
Posteriormente, desarrolló la vacuna contra el sarampión. Para demostrar la seguridad de los virus cultivados y atenuados lo inyectó inicialmente en monos. Los que fueron inyectados con virus atenuados pronto desarrollaron anticuerpos protectores. Después, al ser inoculados intracerebralmente (pues una característica del sarampión es su habilidad para infectar de modo persistente las células cerebrales) no desarrollaron la enfermedad. Los que no habían sido inmunizados desarrollaron severas infecciones de sarampión.
El siguiente paso fue con niños de varias ciudades de los EEUU. Los resultados fueron asombrosos. En 1961, Enders y sus colegas anunciaron al mundo que se podía prevenir la infección del virus del sarampión por medio de la vacuna.
Decía al principio del artículo que quería poneros un ejemplo de los valores que admiro de los grandes investigadores. Poco después de informar sobre la existencia de la vacuna, el New York Times publicó una editorial en la que elogiaba a Enders por haberla desarrollado y por sus estudios que habían conducido al desarrollo de una vacuna contra la poliomielitis. Enders respondió con una carta al director:
Al director del New York Times:
En su edición del 17 de septiembre se hizo referencia a nuestro trabajo con el sarampión y la poliomielitis. Deseo expresar mi profunda gratitud por estos cometarios sobre nuestra labor.
Sin embargo, para ser exactos, deseo subrayar el hecho de que lo que se haya realizado representa el producto conjunto de muchos colaboradores que han contado con el apoyo de varias instituciones. En los estudios del virus y la vacuna del sarampión, Thomas C. Peebles, Milan V. Milovanovic, Samuel L. Katz y Ann Holloway hicieron aportaciones esenciales. En las investigaciones sobre el virus de la polio, el papel desempeñado por Thomas H. Weller y Frederick C. Robbins fue tan o más importante que el mío.
Sin la generosa aportación de ayuda financiera e instalaciones, no sólo la Universidad de Harvard sino también el Centro Médico del Hospital Infantil de Boston, de la Fundación Nacional, de la Junta Epidemiológica de las Fuerzas Armadas, del Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos y la Fundación para la Investigación del Cáncer Infantil, en el cual se encuentra situada gran parte de nuestro laboratorio, nada habríamos logrado.
Me parece sumamente deseable que se comprenda el carácter de colaboración de estas investigaciones, no sólo por razones personales sino porque gran parte de toda la investigación de la medicina moderna se efectúa de esta manera.
John F. Enders
Profesor de bacteriología e inmunología del Hospital Infantil
Escuela de Medicina de Harvard
Boston, 20 de septiembre de 1961
Aunque sé que ya tenía un Nobel, creo que no hay premio suficiente para un personaje de este calibre y con esta humildad.
Fuentes:
“Virus, pestes e historia”, Michael B. A. Oldstonte
http://es.wikipedia.org/wiki/Sarampi%C3%B3n





El día 11 de Julio de 2010 a las 15:03
Buen trabajo, Omalaled. Leer sobre estas cosas siempre me recuerda la fascinante aventura de la Real Expedición de la Vacuna… ahí hay material para otra historia de la ciencia.
El día 11 de Julio de 2010 a las 16:42
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El día 11 de Julio de 2010 a las 18:25
Maravilloso artículo. Quedan pocas personas como Enders.
Algo que siempre me ha sorprendido de la historia del sarampión en las colonias es que no sucediera también lo contrario, y que en esos lugares no hubiera enfermedades que se propagaran a los occidentales.
El día 12 de Julio de 2010 a las 09:20
Buen artículo (como todos los que haces)
Si os ha gustado éste, os recomiendo encarecidamente el libro “Cazadores de microbios” de Paul de Kruif en el que podéis encontrar historias muy parecidas narradas con rigor y emoción. Uno de los mejores libros de divulgación científica que he leído, de esos que que yo haría obligatorio leer a los chicos de educación secundaria.
Saludos.
El día 12 de Julio de 2010 a las 11:48
No acabo de encajar algunos datos. En España, no sé si en otros países, no se vacuna contra el sarampión. Simplemente dejan que de vez en cuando haya epidemia entre los niños y advierten a los adultos de que es peligrosa para ellos pasarla. Entiendo que cuando una proporción suficiente de la población está inmunizada, no es posible la epidemia. Todo esto no me encaja con la peligrosidad que describe el post. Si tan peligrosa es ¿no es de todas maneras arriesgado no incrementar el porcentaje de inmunizados mediante vacunas dado que algunos adultos pueden perecer? ¿son caras las vacunas y estamos ante un lamentable pero inevitable cálculo de costes? Siguiendo con los datos nuevos para mi: teniendo en cuenta que se confundía con la viruela, enfermedad terrible que deja casi con seguridad secuelas y ahora el el sarampión es el epítome de enfermedad/transtorno/inconveniente que se pasa sin más problemas y de una vez para siempre ¿ya no es tan virulenta la enfermedad?
En fin, ya digo, los datos no me encajan en absoluto.
Por cierto, esas poblaciones estaban encantadas de vivir tan ricamente antes de la llegada de esas terribles enfermedades víricas, vale ¿y qué? No sé si lo que dices es que la vida tiene desgracias como las de cualquier catástrofe terrorífica (un tsunami, por ejemplo) o si esa desgracia tiene responsables porque alguien ha incumplido algún sorprendente mandato, no sé, por ejemplo el de ir a una isla sin tratar con la gente de allí. Por lo que sé los que fueron a esos sitios no eran muy conscientes de que las enfermedades, terribles para ellos, eran letales para los demás.
El día 12 de Julio de 2010 a las 12:31
Renart, estás equivocado, en España si se vacuna contra el sarampión: es una de las enfermedades incluidas en la vacuna “triple vírica”: http://es.wikipedia.org/wiki/Vacuna_triple_v%C3%ADrica
Existen planes internacionales (http://www.euro.who.int/__data/assets/pdf_file/0020/79022/E81567.pdf), nacionales y de comunidades autónomas para la erradicación de la enfermedad. Como consecuencia de ello, el sarampión en España tiene una incidencia mínima, y algunos brotes que se han dado más recietemente son en población que por su origen no estaban inmunizados.
No se si serán en 10 o en 50 años, pero seguro que hablaremos del sarampión como de la viruela, de una enfermedad erradicada.
El día 12 de Julio de 2010 a las 19:40
sinclair: esa historia es también muy bonita. La expliqué en su momento cuando habñe de Edward Jenner. Quizas, de esa historia, lo que más me llamó la atención fue cuando Napoleón atendió a una petición porque entre los firmantes estaba Jenner.
Malonez: es que las epidemias se dan cuando hay mucha concentración humana. Y fuimos los europeos los que fuimos a conquistar las américas y no al revés. Hay un libro que trata eso (aunque alguno de los comentaristas ha criticado por algún error de bulto) llamado “Armas, gérmenes y acero”! de Jared Diamond. Aviso que es un tocho, pero yo lo encontré fascinante.
Poldete: es un libro precioso. Se narran las vidas de Pasteur, Koch y bastantes más. Este de Oldstone ha pretendido ser una continuación. Y la verdad, cuenta también la historia de la poliomielitis, que me pareció también muy interesante (se activó su investigación porque la padeció Franklin Delano Roosevelt). Si queréis, preparo la historia de la polio.
Renart: fuimos nosotros (cuando digo nosotros quiero decir los europeos) quienes llevamos esas terribles enfermedades allí. Fuimos nosotros los que conquistamos las diferentes islas que tantos años habían pertenecido a los aborígenes y se las quitamos por la fuerza. No íbamos en son de paz, desde luego.
Y, por si fuera poco, les llevamos todas las enfermedades. Consciente o inconscientemente, pero se las llevamos. Ir a una isla a tratar con la gente de allí puede ser muy loable, pero cuando llevas armas bajo el brazo (y la cruz bajo el otro muchas veces) la cosa cambia.
Así que sí, pensándolo bien, después de haberles quitado sus tierras, su religión y contagiándolos con nuestras enfermedades, sí: eran muy felices antes de nuestra llegada.
Por otro lado, como te dice e-milius, ya lo creo que se pone la vacuna del sarampión. A mí me la pusieron hace años, he visto a mi padre (medíco él, insisto) ponerla a montones de niños y mis hijos llevan la triple vírica.
e-milius: es cierto. Dicen que la OMS quiere erradicar el sarampión tal como hizo con la viruela, pero tendrán que ir con cuidado. Leí en el mismo libro que en Japón tuvieron un rebrote bastante importante en 2001 y se vieron forzados a vacunar a un montón de gente..
Salud!
El día 13 de Julio de 2010 a las 13:48
Para Malonez, tenía entendido que si bien nosotros llevamos a las colonias regalos como la viruela o el sarampión que diezmaron la población indígena, también nos trajimos obsequios como la sífilis que causaron estragos en europa
El día 15 de Julio de 2010 a las 15:17
Gracias por las respuestas!