Ciencia, política y sociedad

Publicado el 18 de junio de 2010 en Opinión por omalaled
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¿Cuáles son las condiciones para que la ciencia se dé en una sociedad? Está claro que sociedades a lo largo de la historia ha habido unas cuantas, pero si queremos hablar de “avance científico” tal y como lo conocemos hoy día, sólo ha habido dos épocas en toda la historia: la primera fue la antigua ciencia griega y la segunda es la de hoy día y que empezó hace varios siglos. Sin darnos cuenta de ello, somos hijos de nuestro tiempo, lugar y formación en mayor medida de lo que creemos. Así que de ciencia, sociedad y política os quiero hablar en nuestra historia de hoy.

Podemos hacer la analogía entre la ciencia y una planta: necesita condiciones favorables. No puede crecer en el desierto, ni en cuartos oscuros. Necesita luz, aire y una tierra fecunda. Sólo que falte uno de esos factores, todo puede venirse abajo y desaparecer. Sin hacer ruido ni protestar. Y cuando nos diéramos cuenta, sería demasiado tarde.

No hay pruebas de que ningún país o raza sea mejor que cualquier otro en aptitud para el aprendizaje científico. Todo lo contrario: hay sobradas evidencias que todos somos muy semejantes. La tradición y los antecedentes técnicos parecen contar muy poco en esto. C. P. Snow decía que conoció muchas muchachas sicilianas sacando los primeros puestos en unos cursos muy exigentes en la Universidad de Roma, pero que treinta años atrás, esas mismas adolescentes hubieran estado casi recluidas y entre velos, como mahometanas. Cuando el Premio Nobel de Física de 1952, John Cockcroft volvió de Moscú allá por el 1930 corrió la voz de que había podido observar los laboratorios, fábricas y a los obreros especializados que en ellas trabajaban. Alguien le preguntó qué aspecto tenían aquellos trabajadores.

- Pues mire, son más o menos como los de Metrovick.

O sea, que es posible llevar a cabo una revolución científica con personas que pueda haber en India, en África, en el Sudeste asiático, América latina o en Oriente Medio. Sin ningún género de dudas.

La sociedad donde se dé el avance científico debe ser mínimamente rica. Por lo menos, no debe tener más población de la que pueda alimentar. En los países ricos la gente vive más tiempo, come mejor, trabaja menos. En un país pobre la expectativa de vida es menos de la mitad que en uno rico. Generalmente se admite que en todos los países no industrializados la alimentación no excede del puro nivel de subsistencia. Con la sociedad pasando hambre, difícilmente llegaríamos muy lejos. La ciencia sólo puede prosperar en sociedades lo bastante ricas como para permitir que muchas personas dediquen su tiempo a hablar y pensar.

Aunque tampoco todo depende de la economía y el dinero. Los romanos crearon una gran civilización y tenían una tecnología magnífica. Hicieron caminos, puentes, acueductos, baños de vapor, tenían buenas comunicaciones y un gran imperio. Pero no hicieron nada que merezca destacarse como avance científico: no inventaron la pólvora ni el papel. Tenían esclavos griegos y acceso a toda su ciencia, pero cuando los clásicos de la ciencia griega empezaron a ser traducidos al latín en el siglo XVI, para la mayoría de los textos, los traductores tuvieron que tirar de versiones árabes. No basta con ser una sociedad con recursos económicos. Hacen faltan más factores.

En general, en una sociedad en la que se pretenda que haya desarrollo científico, tiene que existir libertad. Hay que matizar este concepto. Como dice el maestro José Luis Sampedro:

La palabra “libertad” tiene distintos sentidos según el usuario. Cuando el poderoso exige libertad, la quiere para no encontrar ninguna traba que le impida conseguir más beneficios. Cuando el débil pide libertad, es para reducir la explotación a la que está sometido.

Pues bien, yo estoy hablando de la libertad del débil. Me refiero a libertad de expresión y de pensamiento. Si no se es libre de publicar y debatir abiertamente, difícilmente podremos avanzar. Esto no es exclusivo de la ciencia, pues con la cultura literaria sucede exactamente lo mismo. En una sociedad en que haya sacerdotes, políticos o cualquier otro tipo de personaje con el poder de encarcelar o suprimir aquellos que amenacen su monopolio de la explicación las ideas ya podemos sospechar que no hay mucho que hacer. Tenemos varios de estos ejemplos, pero quizás uno de los más recientes y conocidos es el de Lysenko, en la Unión Soviética de Stalin.

Trofim Lysenko fue un charlatán de conocimientos muy limitados que afirmaba que la genética era una ciencia burguesa y que la agronomía se podía enmarcar en doctrinas marxistas. Eliminó, muchas veces físicamente, a los científicos más valiosos de su país y su método de plantaciones de especies de clima cálido en zonas frías hizo que la Unión Soviética tuviera que importar cereales de los EEUU en 1964, en plena Guerra Fría. La biología rusa se retrasó, al menos 50 años.

Zhores Medvedev explicó su caída en un libro estremecedor, publicado en EEUU, desafiando las autoridades soviéticas. Medvedev fue internado en un hospital psiquiátrico porque sus críticas a Lysenko y Stalin “demostraban” que no estaba bien de la cabeza. Desde los EEUU se presionó para que lo liberaran, y Medvedev escribió otro libro. Esta vez, sobre su cautiverio.

El biólogo Roger Lewontin, en su libro “No está en los genes”, afirma que no hay diferencia esencial entre ser opositor a una dictadura y ser un enfermo mental. En ambos casos, se trata de gente que no se ajusta a las normas aceptadas por la mayoría. En las democracias, los enfermos mentales se encierran en los centros psiquiátricos y en las dictaduras se encierran disidentes como Medvedev. Es tan solo una cuestión de una relación defectuosa entre una persona y su entorno.

Sigamos. Las sociedades que tengan un exagerado respeto al pasado y no generen una actitud desafiante a las reglas establecidas tampoco permiten el avance, pues una de las facetas de la ciencia es cuestionarlo todo, sea lo que sea. Si el peso del pasado es demasiado fuerte, se esfuma el planteamiento de preguntas.

Y, por supuesto, la política juega un papel fundamental en el debate científico. El ambiente político de un país puede dar entornos muy diferentes. Por ejemplo los científicos árabes son perfectamente conscientes del poco progreso científico de sus países. Para intentar arreglar este problema se ha puesto en marcha la Fundación Árabe de Ciencia y Tecnología (ASTF), que ha de actuar para promover la investigación y el intercambio de ideas al estilo de Occidente desde hace unos tres siglos. La ASTF ha tomado forma de ONG con financiación privada para limitar las injerencias de los gobiernos árabes. Los intentos anteriores fracasaron por el poco entusiasmo de los gobiernos que se habían comprometido a financiarla. Hace falta que políticos y administradores sepan la suficiente ciencia como para saber qué están haciendo los científicos. Eso, desde luego, ayudaría. Como dijo Lord Cherwell de forma bastante áspera en la Cámara de los Lores que: la comprensión de los principios básicos de la ciencia debería formar parte de una cultura general del siglo XX.

Las dictaduras pueden cambiar los entornos de forma radical y los estudios que se hagan pueden depender de la personalidad de los que han de tomar las decisiones. Está documentado que los nazis llevaron a cabo exploraciones arqueológicas destinadas a la búsqueda de objetos de valor místico, como el Santo Grial. Seguramente, en países donde haya que justificar los gastos para investigación hubiera sido muy difícil justificar esto. La autoridad de quien ha tenido razón muchas veces da un poder más moral que efectivo. La autoridad de quien tiene el garrote tiene efectos inmediatos.

Por otro lado, las dictaduras son muy peligrosas también en este terreno. Por mucho bienestar o progreso material que puedan haber conseguido alguna (si es que alguna vez lo han hecho), poco a poco se abandonan los criterios éticos. Palabras como censura, tortura o corrupción aparecen rápidamente. Y el cambio puede darse tan poco a poco que puede ser hasta difícil de detectar. Empiezas sacando sangre a alguien sin su permiso y acabas haciendo experimentos con prisioneros. En una democracia, cualquier experimento que incluya una persona, debe pasar una serie de controles éticos estrictos. Si enganchan a alguien manipulando material de origen humano sin pasar por los comités éticos adecuados se le puede caer el pelo. En países con estructuras no democráticas como China, estos trámites se hacen por la vía rápida, como en la donación de órganos por parte de los ajusticiados en China.

El año 2007 (no sé cómo estará la cosa hoy día) había un vigoroso mercado de órganos para trasplantes provenientes de condenados a muerte. Su piel era muy apreciada por la unidad de quemados de los hospitales. Los responsables la cobraban por centímetro cuadrado. Los prisioneros eran sometidos a pruebas de compatibilidad para ver si sus órganos podían servir a alguien de las listas de espera, y las ejecuciones se programaban de acuerdo con las necesidades del hospital. Los receptores eran normalmente personas con cargos importantes y sus familiares, o chinos ricos que vivían en el extranjero y que pagaban un montón de dinero por ellos.

Sea por convicción o por cobardía o por pura y simple inercia, muchos científicos que se han visto viviendo en dictaduras han continuado practicando ciencia. En algunos casos se han puesto directamente al servicio del poder y en otros casos han aprovechado para hacer experimentos que en circunstancias normales hubieran sido éticamente inaceptables.

Joseph Mengele investigó, entre otras cosas, la susceptibilidad genética a partir de infecciones. Sus experimentos tenían una base científica, pero al llevarlos a la práctica con seres humanos quedó en una simple exhibición de crueldad. Pero hay más. Sigmund Racher sometió a prisioneros a bajas temperaturas durante horas. Dichos experimentos eran científicamente correctos, pero no hace falta decir que fueron injustificables. Los experimentos posteriores que se hicieron con protocolos éticos mostraron que Racher había descrito con todo detalle la muerte por hipotermia.

La tortura con electricidad en Chile y Argentina se llevó a cabo por médicos que sabían controlar los aparatos con precisión. Hoy día, la terapia electroconvulsiva es un tratamiento habitual para ciertas enfermedades mentales. La aplicación de corrientes eléctricas en diferentes puntos del cráneo y en enfermos de depresión tiene una eficacia demostrada. En aquellos países, algunos expertos en esta técnica lo hicieron muchas horas en personas que no tenían ninguna enfermedad mental y ni siquiera estaban anestesiadas.

Aun así, quiero pensar que los científicos que se implican de esta manera en estas causas tan en contra del ser humano son una excepción. Yo no los llamaría ni científicos, sino torturadores. Los científicos tienen (tenemos, si me permitís) una serie de actitudes comunes, criterios y normas de comportamiento comunes, supuestos básicos y manera de ver también comunes. Esto no quiere decir que una persona, dentro de su cultura, pierda su individualidad y libre albedrío. Los científicos acostumbran a interesarse por la vida psicológica, moral o social. Y en lo moral, son en conjunto el grupo de intelectuales más sanos que tenemos; en el carácter mismo de la ciencia entra un componente moral, de compartir, de contarnos la verdad unos a otros, y casi todos los científicos forman sus propios juicios éticos sobre la vida.

Una abrumadora mayoría de la cultura científica tendrá por incontestable, sin necesidad de reflexión ni examen de conciencia, que la investigación es la función básica de una universidad. Hoy día existe el Advanced Institute of Princeton. No tiene profesores, ni estudiantes ni aulas, ni laboratorios, ni extraños aparatos llenos de tubos: sólo habitaciones, despachos, libros, hierba, árboles y muchos ciervos. Demasiados. Unos arqueros con buena puntería se encargan de mantener el equilibrio entre los ciervos y los sabios. Matando ciervos, por supuesto.

Oppenheimer, el padre de la bomba atómica, fue su director durante 20 años y lo definió como “un hotel para intelectuales”. Y es que no es más que eso. Los que residen allí no deben preocuparse por nada: disponen de un apartamento, un despacho, desayuno y comida cinco días a la semana y cenas de los miércoles y viernes; y té con pasas cada día laborable a las tres de la tarde.

Nadie debe rendir cuentas a nadie. Nadie debe publicar en ninguna solemne revista científica. Nadie debe redactar informe alguno justificando algún trabajo. Y por si fuera poco perciben el equivalente a 90.000 euros anuales. Algunos lo llamaban, y todavía lo hacen “Insituto de Sueldos Avanzados”.

Allí han residido los cerebros más productivos de la historia. El más destacado: Albert Einstein; aunque también han hecho escala otros lumbreras de la talla de Kurt Gödel, John Milnor, Niels Bohr, Stephen Wolfram, John Von Neumann, etc. Todos ellos tenían una conducta estrafalaria o exhibían alguna habilidad extraordinaria.

Algunos (entre los que se incluyen muchos científicos) los acusaban de vivir literalmente en la Luna. Puede que sea cierto. Pero cuando decidían aterrizar se abría una nueva puerta en el horizonte de la historia.

Queda claro que algunas sociedades se organizan en formas que desarrollan hábitos de pensamientos que hacen posibles la ciencia. Y hay otras sociedades, que también pueden ser muy prósperas, cuyas organizaciones sociales, códigos de conducta y creencias la ahogan.

La revolución científica es el único método merced al cual la mayor parte de los seres humanos puede obtener los bienes básicos como esperanza de vida, liberación del hambre, supervivencia de los hijos, etc. En nuestra sociedad lo tenemos tan asumido que ni siquiera nos lo plantamos. Pero hay que pensar que la mayor parte de la humanidad carece de estas cosas. Hay quien afirma, que se estaba mejor antes y que el progreso es algo malo y peligroso. Parafraseando a Manrique, “cómo, a nuestro parecer, cualquiera tiempo pasado fue mejor”. Tendemos mucho a idealizar el pasado. Respecto a ello, basten las palabras de J.H. Plumb:

Ninguna persona sensata preferiría haber nacido en una época pasada a menos que hubiera estado bien segura de poder venir al mundo en el seno de una familia acomodada, de haber disfrutado de una salud extraordinariamente buena y de haberse considerado capaz de aceptar estoicamente la muerte de la mayor parte de sus hijos.

¿No son razones suficientes para que cuidemos de la ciencia y la hagamos un poco más nuestra?

Fuentes:
“Todo lo que hay que saber para saberlo todo”, Jesús Purroy
“Els silencis de la ciència”, Santiago Ramentol
“Las dos culturas y un segundo enfoque”, C. P. Snow
“Historias curiosas de la ciencia”, Cyril Aydon



Hay 33 comentarios a 'Ciencia, política y sociedad'

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  1. #1.- Enviado por: Inma

    El día 18 de junio de 2010 a las 07:09

    Magistral. El artículo no podría haber sido más claro.

  2. #2.- Enviado por: Pack

    El día 18 de junio de 2010 a las 15:05

    El problema, claro está, es uno de esos ciclos de causas de los que es difícil salir. Los gobernantes, que provienen de la masa, suelen tener tan poco interés en la ciencia como la propia masa. A su vez su desinterés les hace gastar poco dinero en ciencia, con lo que la masa sigue igual de apartada de la ciencia y el pensamiento científico. La ciencia sigue viéndose como unos señores medio locos en bata blanca que hacen explotar matraces.

    Hace falta meter en el poder a un “infiltrado científico” que empiece cambiar de rumbo la situación. Y de esos en política hay… ¿ninguno?

  3. #3.- Enviado por: pasandoporaqui

    El día 18 de junio de 2010 a las 16:34

    Pack:

    Asi a bote pronto se me ocurren Solana, Merkel y Tatcher, pero de lo que uno esperaria a lo que luego ocurre…

  4. #4.- Enviado por: Inma

    El día 18 de junio de 2010 a las 18:31

    Elena Salgado: Ingeniera Industrial
    Rubalcada: Doctor en Químicas
    Bernat Soria: Médico
    Cristina Garmendia: Bióloga
    Javier Solana: Físico

  5. #5.- Enviado por: Pack

    El día 18 de junio de 2010 a las 19:09

    Hola,

    Vale, estos señores tienen un título, pero no por eso tendrán una especial inclinación hacia la ciencia.

  6. #6.- Enviado por: Joselu

    El día 18 de junio de 2010 a las 23:01

    Un buen Post. Pero no acabo de ver una conexión automática entre ciencia y moral, como no sea un wishful thinking. Reconozco que un club de científicos me da más confianza que un club de abogados, pero no los veo tan alejados en la vanidad de un club de escritores por ejemplo.

  7. #7.- Enviado por: omalaled

    El día 19 de junio de 2010 a las 10:16

    Muchas gracias por los comentarios.
    Inma: Ana Obregón también es bióloga. Pero si me preguntaran qué es esta señora diría que es más bien una modelo, presentadora famosa, etc. Pero no me atrvería a definirla como “científica”.

    Pepelu: creo que, sin darte cuenta, has dicho algo que siempre he querido decir, pero no me atrevo por temer a que me tachen de partidista. ¿Podrías darme las razones de por qué te da más confianza un club de científicos que no uno de abogados (con todos nuestros respetos para los abgados, por supuesto)?
    Y, por otro lado, los ves vanidosos, Según la wikipedia, vanidad es como un tipo de arrogancia, engreímiento, una percepción exagerada de la soberbia. ¿Por qué dices que los científicos son vanidosos? Y si puedes darme ejemplos, mucho mejor, claro.

    Salud!

  8. #8.- Enviado por: estocasticom

    El día 19 de junio de 2010 a las 14:15

    Muy buen post.

    Lo que comentas sobre el “Instituto de Sueldo Avanzados” de Princeton me ha recordado a ciertos pasajes de la novela de Sir Terry Pratchett “Dioses Menores”. En ella se describe la ciudad de Ephebia (parodia de la antigua Atenas)en la que residen, sufragados por el estado, un nutrido grupo de filósofos que aparentemente solo se dedican a comer, beber, dormir, discutir, hacer preguntas extrañas y tener ideas estrafalarias. Sin embargo: “En un momento dado todo se reduce a Es Verdad la Belleza y Es Belleza la Verdad y Hace Algún Ruido un Árbol que Cae en el Bosque si No Hay Nadie Allí para Oírlo, y justo cuando piensas que van a empezar a babear uno de ellos dice, Por cierto, colocar un reflector parabólico de diez metros en un lugar elevado para que dirija los rayos del sol contra los barcos del enemigo constituiría una demostración muy interesante de los principios ópticos. A los filósofos siempre se les están ocurriendo asombrosas ideas nuevas. El que había antes del reflector era un complicado artilugio que demostraba los principios de la palanca y, de paso, lanzaba bolas de azufre ardiendo a cinco kilómetros de distancia. Antes de ese, creo, había una especie de cosa submarina que incrustaba troncos afilados en la quilla de los barcos.”

  9. #9.- Enviado por: Joselu

    El día 19 de junio de 2010 a las 20:31

    omalaled (1):
    Lo de los abogados me lo has puesto relativamente fácil y perdonenme los posibles letrados que deambulen por estos territorios ciencio-blogueros.
    Cojamos el caso de O.J. Simson y aquel célebre juicio en el que fue acusado de doble asesinato a su mujer y a su amante. ( Las pruebas tipo C.S.I. de la escena del crimen le inculpaban de un modo prácticamente determinante) La defensa encontró un punto débil en la recogida de pruebas por contaminación. En cuaquier caso el veredicto fue de Inocencia para O.J.
    Todo el mundo estará de acuerdo en que la defensa estuvo brillante, y sus abogados serían considerados unos excelentes profesionales. ¿Pero que tiene que ver esto con la verdad, o con la moral?

  10. #10.- Enviado por: Joselu

    El día 19 de junio de 2010 a las 21:09

    Omalated (2):
    El tema de la vanidad de los científicos te reconozco que me es más dificil de defender- como ves soy mal abogado- pero lo intentaré.
    ” Si he sido capaz de ver más allá, es porque me encontraba sentado a hombros de unos Gigantes”
    Esta es una de las más famosas frases de la ciencia, escrita por Newton en una carta a Hooke, e interpretada como el “buen rollito” y modestia que se le supone a un científico. Interpretaciones más recientes y más de acuerdo con el difícil caracter de Newton y su enemistad con Hooke la frase que debieramos entender dice más o menos así:
    ” Puede que algunos de mis estudios estén basadas en científicos anteriores, pero tú Hooke, que eres “un enano” físico y mental con la espalda deformada, no les llegas ni a las suela de los zapatos a esos “Gigantes” -por comparación- y yo nunca me basaría en ninguna idea tuya para mís teorías.”
    Bueno ya sé que lo expresado aquí no es exactamente vanidad, puede haber soberbia y celos profesionales también.( La fuente es : “Historia de la ciencia” de John Gribbin)
    En cualquier caso los científicos primero son homosapiens con todas sus pasiones y después son científicos con la bonita misión de descubrirnos ,aunque sea un poquito, la verdad que sigue estando ahí fuera.

  11. #11.- Enviado por: malkredisto

    El día 19 de junio de 2010 a las 21:21

    Soy físico (bueno, me falta un año aún), pero respecto al valor de la ciencia, tengo ciertos reparos.
    Es cierto que ahora estamos mejor que antes de la ciencia, pero los que realmente llevamos una buena vida somos de todos modos un porcentaje bajo respecto a la población mundial, y desde hace no mucho, de hecho, la revolución industrial en primera instancia volvió más pauperrima la vida de la mayoría de la gente, y tomando en cuenta que los grandes beneficios de la ciencia son recientes y sopesando el hecho que tenemos el potencial de producir daños gigantescos al medio ambiente, pienso que es temprano, para festejar nuestros logros. 100 años de avance vertiginoso de la ciencia no es un tiempo realmente largo respecto a la historia, y no me parece improbable que de aqui a unos 200 años si cometamos un error extremadamente grave. Descuido e imprudencia no ha faltado a la hora de usar la ciencia.

  12. #12.- Enviado por: omalaled

    El día 19 de junio de 2010 a las 22:11

    Joselu: Je jeeeee, pero ahora viene la contrarréplica. A ver, si cambiamos comparar el colectivo de abogados por el de médicos, ingenieros, maestros o cualquier otro, ¿seguirías diciendo lo mismo? Te hago la pregunta porque tengo mi propia teoría sobre ello y quiero ver si la tuya es más razonable.
    Respecto a lo de la soberbia, a ver, claro, de entre toda la cantidad de científicos me has ido a pillar un pájaro de cuidado. Lo que yo pienso es que, en general, alguien que se dedica a investigar en su laboratorio sin tener muy en cuenta el resto del mundo, no puede ser muy mala gente. Por ejemplo, no busca poder ni dinero. Eso no quita que haya personas dedicadas a la ciencia que lo busquen, pero me sorprendería verles en un laboratorio y no en un despacho. Cuando hablo del científico hablo de este tipo de personas. Siempre me viene la imagen de Sagan, Einstein, los Curie, Hawking, Feynman, etc. ¿Cuántos de estos eran tan soberbios como Newton? Sería un ejercicio interesante hacer un listado de personas que consideráramos científicos apasionados por un lado y sobrebios por otro. El primero ya lo has dicho tú :-)

    malkredisto: estoy de acuerdo. Como tú mismo lo has dicho: el culpable no es el avance científico, sino cómo lo utilizamos. No sé si fue Oppenheimer o Feynman o quién dijo que la ciencia era la llave del cielo, pero que también esa llave abría al puerta del infierno. Y somos nosotros los que hemos de decidir qué puerta abrimos. ¿Debemos abandonar la ciencia por si somos imprudentes? Yo creo que no…

    Salud!

  13. #13.- Enviado por: Joselu

    El día 19 de junio de 2010 a las 23:07

    Omalaled:
    Con los colectivos…uf! hemos topado. No me gusta ese marco de discusión. Hay tantos intereses por medio..
    Las profesiones colegiadas defienden sus territorios…Vamos que la ciencia me gusta como disciplina y afán de conocimiento desinteresado pero como colectivo aunque no soy un gran conocedor, creo que en todos los sitios cuecen habas.

    ¿No hay que pagar un “pastón” por ejemplo para publicar-publicitar estudios en “prestigiosas” revistas científicas como Science?
    Respecto de los “curritos de laboratorio” seguro que la mayoría son una gente estupenda que mira más allá de su propio interés. Pero creo que gente gratuita, trabajadora y que vea su esfuerzo como servicio a la sociedad la hay en muchos campos.
    Respecto a Sagan, Einstein, Feynman, Hawking…dame tiempo. Hawking nos dará juego…
    Pero para “soberbias” las frases de Feynman que son estupendas..jaja!

  14. #14.- Enviado por: Carles

    El día 20 de junio de 2010 a las 14:04

    Mmm… ¿de veras hay quien pensaba que los científicos vivían literalmente en la Luna?

  15. #15.- Enviado por: José Luis

    El día 20 de junio de 2010 a las 18:01

    La política es una actividad irracional. La avaricia, la codicia, la ambición personal, el egoísmo, la soberbia, etc, son su principal motor. El interés personal muchas veces es puesto por delante del bien común.

    La ciencia por el contrario es una actividad eminentemente racional. El pensamiento racional y el método científico rigen su desarrollo. La experimentación marca la pauta a seguir así como la objetividad. Y desde luego la ciencia beneficia al conjunto de la sociedad. La política es la antítesis de la ciencia.

    En alguno de los comentarios se menciona a la Thatcher (química) como ejemplo de científico interviniendo en política, según he creído entender. Pues la Thatcher no me parece el mejor ejemplo. Hasta antes de la guerra de las Malvinas el gobierno de Thatcher vendió sin ningún miramiento armamento a la dictadura argentina que en aquellos momentos asesinaba y/o hacía “desaparecer” a miles de opositores políticos. Y este asunto era sin duda conocido por la Thatcher que también permaneció impasible ante el apartheid de Sudáfrica. Podría seguir con mas asuntos turbios de la política de la Thatcher.

    De Javier Solana (catedrático de Física de la Complutense) se podría hablar de cuando fue Secretario General de la OTAN durante el bombardeo de Serbia.

    No me gusta nada ver a los científicos metidos en la política. La política enturbia todo lo que toca. Si veo a un científico que abandona el laboratorio para sentarse en un sillón ministerial desde ese momento desconfío de él.
    ¿Cómo cambiamos la actitud de la política ante la ciencia? Cambiando a los políticos y a la política. Lo sé, soy un ingenuo ;)

  16. #16.- Enviado por: omalaled

    El día 20 de junio de 2010 a las 19:15

    Joselu: es que es eso lo que pretendía :-) hablar de colectivos y ver hasta dónde llegábamos… Todos tenemos nuestras justificaciones para los colectivos, pero sé que todos tenemos nuestras concepciones sobre diferentes colectivos. Otra cosa es que no nos atrevamos a decirlas.

    Carles: creo, sinceramente, que se exagera.
    Jose Luis: muy buen comentario. Tanto de Solana como de Tatcher, seguro que cuando estaban en esos puestos no actuaban como científicos. No obstante, de Tatcher no sé si leí por ahí que hizo algunos movimientos para promocionar la ciencia por su país, pero no recuerdo la fuente y no sé si era muy fiable.

    Salud!

  17. #17.- Enviado por: José Luis

    El día 20 de junio de 2010 a las 20:44

    El caso de Thatcher me recuerda un poco al de Fritz Haber, pueden ser científicos, muy buenos científicos en el caso de Haber, pero si se mezclan con la política dejan entrar en su forma de pensar el irracionalismo con todo lo que ello supone.

    Omalaled, te pongo dos ejemplos mas con respecto a Margaret Thatcher. En 1998 Thatcher visitó a Pinochet (antiguo aliado británico en la guerra de las Malvinas) en Londres para darle su apoyo ante su posible traslado a Madrid para ser procesado en la Audiencia Nacional por crímenes contra la humanidad. ¿Apoyar a Pinochet?

    Durante su etapa de gobierno la Thatcher tuvo como uno de los pilares de su política la potenciación de los valores cristianos.
    Sin ir mas lejos ella es metodista.

    Como ya he dicho antes si veo a un científico ocupando un escaño o un sillón ministerial desconfío de inmediato ;) ;)

  18. #18.- Enviado por: Boca Rana

    El día 20 de junio de 2010 a las 23:54

    Muy bueno, como siempre.

    Respecto de Menguele y cia, tampoco es que tenga suficiente documentación, pero, si no recuerdo mal, la mayoría de sus trabajos son inutilizables, no solo por motivos morales, además la mayoría son trabajos mal hechos. No me resulta extraño, si te saltas las reglas morales, es mucho más fácil que te saltes el método científico.

    Respecto de la discusión sobre colectivos, yo diría que un científico no es mejor persona que un político, un taxista o un agricultor, habrá de todo como en todas partes. Es la ciencia la que si es “mejor” no los científicos (no las personas). Y la ciencia es “mejor” por que es la actividad humana que mas se perjudica de un fraude y por eso tiene tantas barreras para defenderse de ellos.

    Respecto de que todo tiempo pasado fue peor, de acuerdo, casi, si exceptuamos los últimos 30 o 40 años, si, no me gustaría vivir en ningún tiempo pasado, ahora, creo que, en demasiados aspectos, de 15 años a esta parte estamos retrocediendo mucho.

  19. #19.- Enviado por: Davife

    El día 23 de junio de 2010 a las 14:28

    “as sociedades que tengan un exagerado respeto al pasado y no generen una actitud desafiante a las reglas establecidas tampoco permiten el avance, pues una de las facetas de la ciencia es cuestionarlo todo, sea lo que sea. Si el peso del pasado es demasiado fuerte, se esfuma el planteamiento de preguntas.”

    Esta parte del artículo me parece sublime. :)

    Gran entrada del blog.

    Salut!

  20. #20.- Enviado por: Joselu

    El día 23 de junio de 2010 a las 16:45

    Omalaled:
    No me gustan los colectivos, aunque pertenezco a uno, que tampoco me gusta, jaja!. Y quizá por eso me autocensure…
    Con lo agusto que estaba machacando a los abogados…

  21. #21.- Enviado por: Michael Madison

    El día 23 de junio de 2010 a las 17:10

    Tal vez sería beneficioso para la reflexión sobre esta cuestión la lectura del libro de Mario Bunge «Seudociencia e ideología». En él se define qué es ciencia, se determina su campo de acción y se analizan sus relaciones con otras áreas (política, economía, cultura, etc.).

    En cuanto al artículo publicado, felicitaciones a su autor. Dice mucho en pocas palabras.

  22. #22.- Enviado por: Raül

    El día 23 de junio de 2010 a las 22:56

    Hola. Sobre la crueltat de les persones (siguen científics o no), la qüestió està molt relacionada amb la “percepció de responsabilitat”. Coneixeu l’experiment de Milgram? http://en.wikipedia.org/wiki/Milgram_experiment

  23. #23.- Enviado por: orlin

    El día 24 de junio de 2010 a las 00:17

    Yo creo que nada mejoraría en mano de científicos. Como científico he de decir que en el gremio también se ven muchas injusticias.

    En mi opinión, el derecho, la ciencia, la política… son igualmente nobles. Sin embargo, éstas, en manos del ser humano se corrompen.

    buen post.

    un saludo!!.

  24. #24.- Enviado por: Maq

    El día 24 de junio de 2010 a las 11:03

    Coincido bastante con orlin (#23): no hemos de olvidar que todas las personas somos, en primer lugar, irracionales, porque este tipo de comportamiento es más primitivo. Y no creo que se pueda eliminar nunca del todo, pero desde luego sería deseable que el pensamiento racional, es decir la ciencia, ganara cada vez más terreno.

  25. #25.- Enviado por: pasandoporaqui

    El día 24 de junio de 2010 a las 21:55

    Joselu: Se paga por publicar en muchas de las revistas especializadas, pero no veo cual es la relacion entre eso y la vanidad de los cientificos.

    La vanidad de los cientificos es un hecho, pero la diferencia con respecto a otros colectivos es que es muy util (y esto es una reflexion personal): Paremonos a pensar un momento. Que es lo que se acepta como valido y lo que no? En otras palabras: que es ciencia y que no lo es? Por supuesto la definicion del metodo hipotetico-deductivo con sus trazas de induccion para inferir resultados es omnipresente, pero en la realidad, en el dia a dia de los cientificos, ciencia es lo que la comunidad de cientificos acepta como tal. Si yo mando un articulo con un contenido revolucionario a una revista, esta se lo pasara a un arbitro que debe decidir si el articulo se acepta o se rechaza. El arbitro es un experto en el campo sobre el que versa el articulo de investigacion, y en un campo tan reducido como la ciencia, en muchas ocasiones uno se encuentra con que su trabajo esta siendo evaluado por un competidor directo. Este arbitro va a tratar por todos los medios posibles de tirar por tierra los resultados del articulo, en parte porque es su trabajo y en parte porque, al ser un articulo revolucionario, va a ir en contra de lo que el propio arbitro haya publicado con anterioridad. Ese punto de “mala leche” extra que te encuentras de vez en cuando en un arbitro o cuando expones tu trabajo en una conferencia y tus competidores te saltan al cuello es muy util, porque la comunidad solo aceptara como valido aquellos resultados que hayan sobrevivido a los despiadados ataques de un grupo de gente que no quiere ver su propia investigacion superada o contradicha.

    Se ha nombrado a Newton como ejemplo de prepotente por ahi arriba. No es por nada, pero si ha existido alguien que haya pisado La Tierra y que se pueda permitir ser todo lo prepotente que quiera, ese es Newton. Ni Einstein, ni Bohr, ni Feynman ni nadie.

    Un saludo

  26. #26.- Enviado por: Joselu

    El día 27 de junio de 2010 a las 20:48

    pasandoporaqui:
    Esos “arbitros” a los que te refieres siguen siendo humanos y con todos los defectos de la pereza mental y sumisión al stablishmen de los humanos. Es sabido de grandes errores en publicaciones, solo por fiarse del presunto prestigio del que firma el estudio . Aplicar ” el método científico ” para validar y primar unos estudios sobre otros, sería lo ideal pero me temo que en el mundo de las publicaciones científicas sigue influyendo más el marketing, y el saber vender un producto. El hecho de que haya que pagar por publicar a mi me suena a “anuncio”.
    Os acordáis del caso del científico coreano Hwang Woo-Suk sobre clonación humana… Un timo como la copa de un pino. Un timo de lo más “falsable” que arruinó el prestigio de Hwang solo por……..vanidad?

  27. #27.- Enviado por: Joaquin

    El día 6 de julio de 2010 a las 13:11

    Al hilo de este tema, la ¿utopia? de la democybercracia (http://democybercracia.blogspot.com/2010/05/democybercracia-bonito-palabro.html) seria la forma de gobierno ideal para conseguir avances cientificos y sociales.

  28. #28.- Enviado por: Dani

    El día 14 de julio de 2010 a las 22:24

    Magnífico post como siempre.
    Que bien nos iría si ese fuese el discurso del presidente en el estado de la nación, sea del partido que sea. Siempre he pensado que uno de nuestros grandes problemas el poco valor que damos al conocimiento.
    De nuevo gracias por tus inspiradores artículos.

  29. #29.- Enviado por: Joselu

    El día 18 de julio de 2010 a las 18:36

    Omalated:
    Bueno , aunque con cierta pereza y tardanza, reanudo mi “cruzada” de resaltar la vanidad de algunos científicos. Prometo no ser muy beligerante ya que no es una misión que me estimule en demasía:
    Stephen Hawking en el libro El Universo en una cáscara de nuez:
    ” No había esperado que mi libro de divulgación, Historia del tiempo, tuviera tanto éxito. Se mantuvo cuatro años en la lista de superventas del London Sunday Times, un periodo más largo que ningún otro libro, lo cual resulta especialmente notable…”
    “El artículo en el que demostrábamos que el tiempo tuvo un comienzo ganó el segundo premio patrocinado por la Gravity Research Foundation en 1968, y Roger (Penrose) y yo compartmos la principesca suma de 300 dólares. No creo que los otros ensayos premiados aquel año hayan tenido un interés demasiado duradero.”

  30. #30.- Enviado por: Joselu

    El día 18 de julio de 2010 a las 18:45

    Recomiendo el video “La paradoja de Hawking” de la BBC para el que le guste la física teórica y algún aspecto de la personalidad de este magnífico Físico.
    http://www.cinetube.es/documentales/ciencia-y-tecnologia/la-paradoja-de-hawking/espanol-megavideo-25709.html

  31. #31.- Enviado por: Kléber

    El día 21 de julio de 2010 a las 13:07

    Aunque me ha parecido muy interesante el post, creo que el verdadero sustento de la ciencia en una sociedad es la riqueza. Me explico: en las sociedades primitivas, en los primeros poblados sedentarios, la sociedad entera debía dedicarse a las propias labores de supervivencia (caza, agricultura, etc.). Conforme fue aumentando la riqueza, es decir, conforme había excedente de productos capaces de permitir la subsistencia de la especie, pequeños grupos de individuos pudieron dedicarse al pensamiento.

    Por eso, aunque me parece interesante el enfoque más “filosofico” del tema, creo que la realidad debe quedar clara: no habrá ciencia en África, en Oriente Medio ni en ningún sitio mientras no haya una sociedad lo suficientemente rica como para poder permitirse el lujo de mantener a gente que “tan solo” piense.

    Lamento este pequeño aparte en el tema de discusión principal en los comentarios, pero me apetecía hacer esta aportación.

    Saludos de un lector asiduo, primerizo en comentar por aquí.

  32. #32.- Enviado por: Gabriel

    El día 9 de noviembre de 2011 a las 00:48

    Es llamativo como para luchar contra la superchería y superstición, los científicos han ido arrinconando el valor del concepto de “intuición” en el proceso científico. Para que tenga valor para el resto debe ser respaldada por el resto del proceso de investigación empírica, pero de ahí a que sea tabú…no estoy de acuerdo. Una intuición es el resultado de integrar una múltitud de factores, algunos cualificables o cuantificables y otros no, sencillamente porque ni siquiera somos conscientes de ellos, o nos falta “background” para identificarlos. Y todo eso lo hace un sistema tan complejo como, para empezar, el cerebro humano. Yo no diría tan rápido que la propia Ciencia determine en qué consiste eso de la intuición, y se inhiba de solucionar cuestiones hasta que haya evolucionado lo suficiente (algo así como tres millones de años, por decir una cifra..)

  33. #33.- Enviado por: Gabriel

    El día 9 de noviembre de 2011 a las 00:51

    “Yo no diría tan rápido [...que la Ciencia es la única fuente de conocimiento o soluciones...] hasta que la propia Ciencia…”
    Perdón, me atolondro…

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