Publicaciones científicas

Publicado el 7 de Junio de 2009 en Historias de la ciencia por omalaled
Tiempo aproximado de lectura: 7 minutos y 57 segundos
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Los científicos, al igual que el resto de la población, también son (somos, si me permitís) unos ignorantes en lo que a ciencia se refiere. El hecho de conocer en profundidad un campo específico de la ciencia no implica automáticamente que un investigador sea un sabio en cultura científica. Robert Hazen y James Trefil preguntaron a un grupo de 24 físicos y geólogos la diferencia entre el ADN y el ARN. Sólo tres supieron responder, y ya no tanto por tener cultura científica, sino porque habían investigado en las áreas en que necesitaban estos conocimientos. Así que también necesitamos acceder a conocimientos vía la divulgación.

La revista New Scientist nació en Londres en 1956 cuando todo el mundo conocía la relación entre ciencia e industria e iba destinada a los empresarios. Contra todo pronóstico, no fueron los empresarios los que mostraron gran interés, sino los científicos. Se transformó en una revista de gran difusión en el campo de la alta divulgación. Hoy tiene una tirada de más de 100.000 ejemplares por semana y medio millón de lectores.

Dicha revista hizo un autoanálisis y descubrió que el 80,9% de los lectores tenían algún título científico. ¿Por qué esta gente leía una revista de alta divulgación? La respuesta es que hoy día la ciencia está demasiado especializada. Por ejemplo, los físicos de partículas y los que se dedican al estado sólido tienen dificultad para entenderse entre ellos. Lo mismo sucede entre químicos orgánicos e inorgánicos. En 1990, en un simposio sobre Periodismo Científico en Barcelona, Michel Kenward afirmó que escribir biología para físicos requiere una traducción de bastante sofisticación y que si alguien era capaz de convertir un fragmento de biología molecular moderna en algo comprensible para un físico, había bastantes probabilidades de que un profano razonablemente inteligente también lo entendería.

Pero hacer publicaciones también tiene sus problemas. Por ejemplo, el idioma. Para que una publicación salga en alguna de las revistas de primera fila los artículos deben estar escritos en inglés, y además correctamente, pues si los revisores no lo entienden, lo rechazan automáticamente. Es un requisito casi imprescindible. Tanto, que algunos editores recomiendan que antes de enviarse un artículo los revise alguien que tenga el inglés como lengua materna.

También hay otro tipo de discriminaciones. En el New England Journal of Medicine, un editor dejó ir la siguiente lindeza: “Los países más pobres tienen más cosas por las que preocuparse que no hacer investigación de calidad. Allí no existe la ciencia”. En Investigación y Ciencia lo criticaron. Y, la verdad, es que es muy criticable, ¿verdad?

Estas discriminaciones también se han dado a la hora de conceder Premios Nobel. El de medicina y fisiología de 1988 se concedió a 3 farmacéuticos norteamericanos cuyo trabajo les permitió la identificación del óxido nítrico como molécula que regulaba la presión sanguínea. Pero había otro científico: el hondureño Salvador Moncada. Tenía los mismos méritos, si no más, que los anteriores. Recibió el Príncipe de Asturias de 1990, pero el Nobel se le quitó evidentemente por razones muy poco científicas. Hay quien dice, incluso, que merecía dos Premios Nobel y no uno.

También aquí cabría hablar de quiénes firman un artículo. Existen artículos cuyo número de firmas es superior al número de páginas del mismo. También existe un científico cuya firma seguía apareciendo en diferentes artículos aun después de muerto. Hay personas que firman artículos y han participado poco o nada en ellos, pero les ha servido para potenciar un currículum o dar prestigio a un equipo.

El silencio de las revistas puede dar, a veces, un indicio que algo político gordo sucede. En 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, el físico soviético Georgy Flyorov escribió una carta a Stalin para informarle de lo que consideraba un hecho sorprendente. Este científico tenía mucho tiempo libre y lo mataba leyendo revistas científicas de la Universidad de Verónezh. Observó que las publicaciones inglesas y norteamericanas habían dejado de hablar de la fisión nuclear. Ello sólo podía indicar que tenían algún proyecto en marcha. Stalin, que seguramente ya estaba informado por otras fuentes, movilizó a sus espías científicos y a finales de aquel mismo año creó un laboratorio de física nuclear. Cuando Churchill y Truman le informaron sobre la existencia de una nueva bomba en 1945 , el dictador ruso sabía perfectamente de lo que hablaban. Pero se hizo el sorprendido.

Otra cuestión es: en el momento en que llega un artículo a la redacción de una revista de alta divulgación científica, ¿quién decide si debe publicarse o no? ¿cuáles son los criterios de selección?

Nature, por ejemplo, basa su prestigio en la exigencia de calidad. Su fundador fue Thomas Henry Huxley el 4 de noviembre de 1869. La presencia fundamental de cartas al editor pronto fue aprovechada para establecer un canal de intercambio de experiencias científicas. Hoy día publican unos 55.000 ejemplares con unos 200 artículos semanales procedentes de laboratorios y universidades de todo el mundo. Es una revista, realmente, muy importante. Para que os hagáis una idea: es en la que James Watson y Francis Crick anunciaron la estructura del ADN.

Los artículos son valorados por el director y una quincena de redactores (fundamentalmente biólogos y físicos) que hacen una primera selección de los mismos. Uno de cada dos artículos se devuelve por falta de interés, porque es demasiado largo o porque está mal escrito. El resto se envía a un par de especialistas en cada campo para que valoren la idoneidad y novedad de las ideas que se exponen. Sólo uno de cada diez se acaba publicando.

El problema es que, a veces, todo este juicio es subjetivo y cabe plantearse si puede considerarse censura. John Maddox, quien fue su director durante 23 años (y que murió hace poco) , defendía este derecho de censura dándonos el ejemplo de no publicar un artículo de Peter Duesberg donde se afirmaba que la causa del SIDA no era el VIH, sino el consumo de drogas. Lo consideró irresponsable, pues perturbaba el esfuerzo por detener la propagación del virus y falto de pruebas.

Pero cuidado, que no siempre que se rechaza un artículo se acierta de igual manera. Por ejemplo, en su momento, Nature rechazó un artículo de Fermi sobre la desintegración beta diciendo que era muy especializado; en 1937 lo hizo con una carta en la que Hans Krebs describía el ciclo del ácido cítrico que hoy lleva su nombre y que le valió el Premio Nobel de 1953. También rechazó el artículo en el que Victor Erspamer demostraba la presencia de diaminoácidos en algunos opiáceos. Y por si fuera poco, hay que decir además que se han publicado artículos de universidades de gran prestigio que luego se ha descubierto que eran fraudes.

Otra famosa revista de divulgación es Science, fundada el año 1880 de la mano de Thomas Alva Edison. En este caso, el comité se compone por unas cuarenta personas que revisa todos los artículos y les da una puntuación en una escala del 0 al 10. Los que reciben 8, 9 o 10 se envían a dos especialistas en la materia independientes de la revista, quienes lo evalúan. Si no se ponen de acuerdo se envía a un tercer especialista. El director tiene la última palabra. Pero este método tampoco es la panacea. Por ejemplo, se rechazó un artículo de Rosalyn Yalow y Roger Guillemin en el que explicaban el descubrimiento de las endorfinas. ¿La razón? que la idea era “fruto de una fantasía enfermiza”. Pues bien, por este descubrimiento se llevaron el Premio Nobel de 1977.

En 1982, Douglas P. Peters y Stephen J. Ceci, dos sociólogos, tomaron doce artículos escritos por importantes psicólogos ya publicados en revistas autorizadas. Los volvieron a pasar a máquina y los enviaron como si fueran nuevos cambiando el nombre del autor por desconocidos miembros de algunas universidades. Los referees consultados fueron un total de 38. Sólo se dieron cuenta de que eran una copia en tres artículos y, de los restantes, ocho no se consideraron dignos de publicación por sus “graves errores metodológicos”. Curiosamente, nadie se había dado cuenta cuando iban avaladas por firmas de prestigio.

David F. Horrobin fue profesor de fisiología de la Universidad de Newcastle upon Tyne hasta 1981. Aquel año tuvo que soportar varias reacciones hostiles contra uno de sus descubrimientos, así que abandonó su puesto y fundó su propio laboratorio farmacéutico: el Scotia Pharmaceuticals. A su vez, creó una revista abierta a los no expertos llamada Medical Hypoteses. La filosofía de dicha publicación nos la explica él mismo: Me declaro de entrada reo confeso de acoger ideas muy improbables e incluso ingenuamente ridículas (…) Cuando una hipótesis que la mayoría  considera muy probable llega a verificarse el progreso científico resultante es mínimo y apenas tiene importancia. Por el contrario, cuando demuestra su veracidad una hipótesis que la mayoría considera improbable se produce una revolución científica y se acelera el proceso (…) La historia de la ciencia ha demostrado una y otra vez la imposibilidad de distinguir de antemano cuándo una hipótesis es revolucionaria y cuándo es sencillamente ridícula. Así que empezó a publicar los artículos que le enviaban sin importar si los autores habían realizado o no actividades de investigación experimental en el sector e independientemente de su reputación o la de la institución a la que pertenecen.

La pregunta es si realmente a esta revista llegan artículos que puedan ser interesantes. Pues bien, en 1990, el propio Horrobin publicó en el Journal of the American Association el balance de los artículos más interesantes que luego se convirtieron en descubrimientos confirmados y fructíferos. El más sonado fue un misterio biológico que descubrió una campesina neozelandesa llamada Gladys Reid que tenía una formación elemental en biología. Había estudiado el eccema facial de las ovejas que acarreaba muchos perjuicios a la cría de ovinos de su país. Observando atentamente la alimentación de los animales, planteó la hipótesis de que la causa del eccema estaba en una deficiencia de cinc en su dieta. Partiendo de esta premisa, hizo una serie de experimentos con los que verificó la validez de su hipótesis. Realmente, la deficiencia de cinc en la dieta favorecía el desarrollo de un hongo de la piel que a su vez causaba la infección.

En aquel momento varios científicos de organismos públicos que investigaban lo mismo por cuenta del Estado neozelandés y no habían llegado a conclusión alguna. Cuando la señora Reid quiso publicar un resumen de sus descubrimientos en las revistas del sector no sólo recibió una respuesta negativa, sino que tuvo que soportar una campaña de descrédito por los científicos “competentes”. Pero cuando lo publicó en el Medical Hypotheses, el artículo suscitó un enorme interés y estimuló la realización de experimentos independientes que confirmaron su hipótesis. El Ministro de Agricultura neozelandés no tuvo más remedio que concederle una condecoración y un premio por los servicios prestados.

Conclusión: el no es oro todo lo que reluce también se aplica a las famosas publicaciones científicas.

Fuentes:
“Els silencis de la ciència”, Santiago Ramentol
“El genio incomprendido”, Federico di Trocchio



Hay 23 comentarios a 'Publicaciones científicas'

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  1. #1.- Enviado por: joneame.net

    El día 7 de Junio de 2009 a las 15:57

    Publicaciones científicas…

    Los científicos, al igual que el resto de la población, también son unos ignorantes en lo que a ciencia se refiere. El hecho de conocer en profundidad un campo específico de la ciencia no implica automáticamente que un investigador sea un sabio en…

  2. #2.- Enviado por: Sebastian HUxley

    El día 7 de Junio de 2009 a las 16:15

    Qué desilusión que las revistas tengan métodos tan poco científicos para evaluar los artículos que les llegan.

  3. #3.- Enviado por: Malonez

    El día 7 de Junio de 2009 a las 17:07

    Este es un tema que hace las delicias de los filósofos de la ciencia argumentando que la ciencia la hacen hombres y que por tanto solo avanza allí donde interesa según la coyuntura histórica.

    Me consta por compañeros de universidad, que muchos artículos relacionados con la tesis que llevan a cabo para obtener la plaza tienen firmas “intercambiadas” con compañeros en otros trabajos en los que no intervienen en nada, de esa manera al cabo del tiempo firman el doble de artículos, necesario para obtener “puntos” cara a conseguir la plaza. Pero lo peor es el director de tesis, que en muchas ocasiones no tiene idea del trabajo que ha hecho el profesor y siempre tiene que salir su firma, y además en primer lugar.

    Hablando de publicaciones… para cuando “Historias de la ciencia II”? Se acerca el verano y quiero libro! :)

    Excelente artículo, como siempre.

  4. #4.- Enviado por: Ruben

    El día 7 de Junio de 2009 a las 19:52

    Hay una detalle más dentro de las criticas que se hacen al sistema peer-review. Reconozcamoslo, hay científicos y científicos. Los hay muy buenos y la mayoría que somos mediocres, como en cualquier profesión. Pero la ciencia es una profesión muy, muy competitiva. Con el sistema peer-review, se da el poder a los mediocres (la mayoría) para eliminar la competencia. Si alguien es muy malo, el sistema peer-review se va a hacer cargo de él, pero si alguien es muy bueno, también. Así se transforma la meritocracia en “mediocracia”.

    Este es el razonamiento por el cual gente como Perelman rechazan todo reconocimiento y proceso de revisión.

  5. #5.- Enviado por: meneame.net

    El día 8 de Junio de 2009 a las 08:30

    Publicaciones científicas…

    New Scientist hizo un autoanálisis y descubrió que el 80,9% de los lectores tenían algún título científico. ¿Por qué esta gente leía una revista de alta divulgación? La respuesta es que hoy día la ciencia está demasiado especializada. Por e…

  6. #6.- Enviado por: fernando

    El día 8 de Junio de 2009 a las 08:39

    Enhorabuena. En mi opinión de lector, un post interesante. Y creo que es la cara de un tema de mayor tamaño aún. Por “selección académica”, por “pasilleo”, amistad, corporativismo, y especialmente por “economía”, el flujo de trabajo visible es el que de uno u otro modo solo puede ser rentable. Así quedan aparcadas todas las visiones o esfuerzos que no conllevan una rentabilidad posible o futura. ¿Se atrevería alguien a decir lo contrario?

    El objetivo de toda actividad de corte científico, está capturada por un objetivo, y por ello por un donante económico, con objetivo empresarial. Y eso choca con una apertura mental como la de los tiempos de Huxley, o Lorenz, o Darwin.

    Para pensarlo, ¿no os parece?

    Gracias de nuevo por semejantes artículos.

  7. #7.- Enviado por: Didius

    El día 8 de Junio de 2009 a las 11:50

    Seamos serios, el peer review no es desde luego una panacea, pero es el menos malo que conocemos. Es relativamente fácil publicar en el Medical Hypoteses, sin embargo es muy difícil hacerlo en Nature y Science. Y no tiene nada que ver con el proceso de selección, tiene que ver con el número de artículos que reciben al mes un tipo de revistas y otras. Las revistas son eso, revistas, y por lo tanto sobreviven de sus contenidos. Unas apenas reciben material que publicar, y por lo tanto pueden hacer un proceso selectivo más profundo -y justo-, mientras otras reciben un aluvión que tienen que filtrar de la mejor manera posible. A veces cosas interesantes se les pasan, es cierto, pero los casos que citas no dejan de ser anecdóticos. El verdadero filtro injusto en las ideas, viene ya establecido desde las propias instituciones investigadoras, donde los popes de la cosa establecen a priori las ideas que merecen la pena desarrollar. Porque sitios para publicar siempre los hay… aunque no tengan el índice de impacto soñado.

  8. #8.- Enviado por: panta

    El día 8 de Junio de 2009 a las 13:01

    Bueno, algunas veces incluir una firma de más puede tener criterios no egoístas :)
    Sobre el tema de revisión por pares y de criterios de publicación de revistas científicas, recomiendo ‘La razón estrangulada’ de Carlos Elías.
    Saludos

  9. #9.- Enviado por: Aqui_c

    El día 8 de Junio de 2009 a las 13:59

    Interesantísimo artículo. Es una muy linda recopilación de hechos, que para los que estamos en sistemas científicos/educativos como el argentino, donde la cantidad de papers publicados es decisivo al momento de encontrar trabajo, nos muestra que no es sólo aquí donde suceden esto.

    Siempre encuentro cosas interesantes en este sitio; sigue así :)

  10. #10.- Enviado por: Pasandoporaqui

    El día 8 de Junio de 2009 a las 18:00

    Ruben: Como elimina el sistema de revision por pares a los mejores? Hay casos como el de Nature en el que el criterio de “interes” es muy suigeneris, pero en la mayoria de las revistas especializadas para rechazar un articulo tienen que darse argumentos de peso. Ademas, si un articulo es rechazado, puede solicitarse al editor que solicite una segunda opinion o mandarse a otra revista, con lo que todo el proceso comienza de nuevo con otro arbitro. Anda que no hay articulos irrelevantes publicados por ahi!

    Este sistema no garantiza el avance de la ciencia, pero es que no es su objetivo. Se trata de que todo lo que salga publicado sea un trabajo serio y hasta donde se pueda comprobar, meticuloso.

  11. #11.- Enviado por: Hairanakh

    El día 8 de Junio de 2009 a las 20:36

    De cómo elegir las listas de los autores de un paper…

    http://www.phdcomics.com/comics/archive.php?comicid=562

  12. #12.- Enviado por: ElHombrePancho

    El día 9 de Junio de 2009 a las 01:34

    Una duda que me ha surgido: las publicaciones americanas que dejaron de hablar de fisión ¿fue porque los científicos estaban ocupados con la Bomba y no hacían otra investigación o porque se censuró toda publicación relacionada con el tema durante su desarrollo?

  13. #13.- Enviado por: Isod

    El día 11 de Junio de 2009 a las 13:22

    No será el mejor sistema, pero como la democracia, es el que tenemos. Y uno confía que, a pesar de amiguismos, politiqueos, chanchullos varios… al final, la verdad acaba por salir a la luz. ¿Llamadme iluso?

    El sistema de publicaciones es un filtro, mejor o peor. Pero ninguna teoría o idea válida puede ser enterrada para siempre. Otra cosa es que mucho de lo que se publique tenga fallos, o que se premie a artículos mediocres. De nuevo creo que, más temprano o tarde, los mediocres acaban cayendo por propio peso.

  14. #14.- Enviado por: Mardel

    El día 12 de Junio de 2009 a las 05:39

    Hace unos meses veía un programa de la serie El Universo (de The History Channel, creo) en el que hablaban sobre la teoría del Big Bang y cómo se llegó a su actual consenso, partiendo del pensamiento primitivo y hasta la “batalla teórica” del siglo pasado. Al final, el narrador agregó algo como: no se preocupe si no le queda muy claro todo esto. El universo es demasiado grande para ser asimilado por una sola persona. Han sido necesarios todo este tiempo y las más brillantes mentes de la humanidad para apenas comenzar a entrever un poco de su funcionamiento y origen.

    Bonito blog. Ya me venía haciendo falta algo como esto. Lo agregué a mis marcadores (sí: FF) apenas abrió la página en la entrada de la consciencia y los 150 milisegundos.

    Saludos.

  15. #15.- Enviado por: omalaled

    El día 21 de Junio de 2009 a las 20:12

    Gracias a todos por los comentarios y disculpad que no os conteste uno a uno.
    ElHombrePancho: piensa que, en el fondo, esos científicos trabajaban para el ejército. Obviamente, no conviene que el enemigo sepa nada. Lo mismo sucedió con la máquina Enigma y muchas investigaciones que hicieron muchos hombres. Como todo era secreto militar, algunos de ellos cayeron en el olvido y sus descubrimientos ya los habían hecho otros posteriormente.

    Salud!

  16. #16.- Enviado por: Marfil

    El día 19 de Julio de 2009 a las 04:39

    Muy buen artículo Omalaled ;)

  17. #17.- Enviado por: antares

    El día 29 de Julio de 2009 a las 22:39

    En el mundo científico, como en todo grupo humano, se ven la grandeza de algunos y la mediocridad de otros. Para los profanos, los científicos son personas totalmente idealistas, incapaces de hacer trampas en sus investigaciones. Lamentablemente, no es así. Pero eso no disminuye, el excelente trabajo de muchos de ellos, hecho con grandes sacrificios personales, y pocas veces reconocido. Saludos.

  18. #18.- Enviado por: Luiz

    El día 25 de Agosto de 2009 a las 14:12

    Cual es la diferencia entre ADN y ARN??? =S excelente articulo como siempre =)

  19. #19.- Enviado por: Sergio Fajardo

    El día 2 de Octubre de 2009 a las 16:00

    Esto demuestra que no solo las personas que han estudiado un campo especifico por muchos años, son los únicos que pueden hacer descubrimientos importantes, como lo señala la última parte del post.

    Un saludo.

  20. #20.- Enviado por: Sr. Greenthumb

    El día 20 de Octubre de 2009 a las 17:47

    Bastante basico el articulo, no has hablado nada de las revistas de libre acceso como Plos ONE o MEDCentral… Por otra parte explicas de una manera inadecuada y confusa el sistema de publicacion en Nature y Science…

  21. #21.- Enviado por: omalaled

    El día 20 de Octubre de 2009 a las 18:13

    Bien, espero que nos ilumines en el próximo comentario con un formidable artículo sobre el tema :-)

    Salud!

  22. #22.- Enviado por: Alicia Rodas

    El día 5 de Noviembre de 2009 a las 13:46

    Soy de Bariloche, Argentina. Omalaled (inversión de tu apellido, buena idea), mi sugerencia es que pongas fuentes completas cuando citas publicaciones (título, N° y fecha). Es muy interesante lo que escribes, pero… sabes, en la Web es importante verificar lo que se lee. Disculpame, no quiero ser molesta y tu Blog está buenísimo, pero soy bibliotecaria y estoy acostumbrada a verificar las fuentes

  23. #23.- Enviado por: omalaled

    El día 6 de Noviembre de 2009 a las 11:40

    Alicia: siempre cito las fuentes de donde saco todo lo que ves escrito en este blog. Que las fuentes no sean fiables ya es decisión de cada cual.

    Todo lo que ves en este artículo es de los dos libros que he citado al final en “Funtes”. La mayor parte del artículo es de “El genio incomprendido” de Federico di Trochio. Le echaré un ojo y ya te comentaré si cita las referencias de los artículos. Aun así, si hay alguno en particular que te interese, me lo dices y podemos ver si encontramos más referencias por Internet.

    Salud!

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