El Queen Mary y otros buques
Siempre había creído que todos, absolutamente todos los barcos de vapor eran más rápidos que cualquier barco de vela. Pues no. Por lo menos hubo una vez en la que la idea anterior fracasó estrepitosamente. Y sobre esa historia y de otros barcos históricos, sobre todo el Queen Mary, os hablaré en nuestra historia de hoy.
En 1889, el primer barco de vapor trasatlántico de la Cunard Line, el Britannia, tenía la fama de ser el barco más veloz del mundo, Era capaz de cruzar el Atlántico en la mitad del tiempo que un barco de vela. Sus interiores fueron considerados como lo más alto del lujo, dando comienzo a una nueva era de los viajes. La Cunard monopolizó el mercado de los transatlánticos seguros, cómodos y relativamente rápidos para los ricos.
Un buen día, sin embargo, se encontró con el Cutty Sark, un velero tipo clipper de casi 65 metros de eslora. El Britannia lo adelantó frente a la costa de Australia. El capitán del Cutty Sark, Richard Woodget, impertérrito, esperó a que se levantara la brisa e izó todo el trapo del que disponía, logrando alcanzar y adelantar al Britannia a 17 nudos. Este último llegó media hora más tarde al puerto de Sidney. Su tripulación subió a cubierta para aplaudir al clipper por su velocidad y el magnífico espectáculo que les había ofrecido. Actualmente, el Cutty Sark está en un muelle expresamente construido en el Támesis, cerca del Museo Marítimo Nacional de Greenwich.
Aunque si tenemos que hablar del velero más grande de la historia hemos de hablar del France, con un desplazamiento de 5.086 toneladas y con cinco palos, con aparejo de velas cuadradas en los cuatro primeros y una vela cangreja en el palo de mesana. Todos los palos eran más altos que un edificio de cinco plantas. Llegó a recorrer 420 millas en un día a una asombrosa velocidad de 17,5 nudos. Desgraciadamente, naufragó en 1922 en un arrecife coralino próximo a Nueva Caledonia. Estuvo durante 20 años en el arrecife y su silueta se convirtió en un emblema. En 1944 bombarderos americanos sobrevolaron la ruina y lo destrozaron en un ejercicio de tiro.
Quizás, aparte del Titanic, los barcos más conocidos de la historia fueron llamados “Las Dos Reinas”. Así se conocía cariñosamente al Queen Mary y al Queen Elizabeth, también de la Cunard Line. Durante años, disfrutaron de la fama de ser los buques de pasajeros más cómodos y veloces del mundo.
El Queen Mary, bautizado así en honor a la reina María de Teck, era el segundo barco del mundo de más de 300 metros de eslora, después del Normandie. Podía acomodar lujosamente a casi 2.000 pasajeros y alcanzar una velocidad de 32 nudos. Pronto conquistó la Banda Azul, un reconocimiento que se concedía al buque de pasaje de línea regular en hacer la travesía del Atlántico en el menor tiempo. De hecho, la mantuvo entre los años 1938 y 1952. Aunque podría decirse que ambos buques eran gemelos por su aspecto exterior, en realidad, el Queen Elizabeth fue el trasatlántico más grande construido en ese momento y mantuvo ese récord durante 56 años. Y, para que os hagáis una idea de lo grandes que eran, ambos tenían más metros de eslora que el Titanic.
Fue construido en los astilleros John Brown & Co. de Glasgow y botado en 1936 (tenéis esa botadura en youtube). La clásica botella no se rompió y rebotó de regreso, haciendo reír a la Reina. Debido a su aspecto esbelto, sus diez cubiertas y su gran velocidad se convirtió en uno de los buques en servicio más populares y proporcionó pingües beneficios a sus propietarios.
Al zarpar de Southampton el 28 de agosto de 1939 se llenó de gente que intentaba huir a América por la amenaza de guerra en Eurpa. Como precaución a los submarinos alemanes, sus portillas fueron disimuladas con una mano de pintura. Permaneció amarrado 6 meses en Nueva York hasta que se decidió utilizarlo como transporte de tropas junto al Normandie y el recién botado Queen Elizabeth. Los colores de la Cunard fueron sustituidos por una capa de gris acorazado. Sus lujosas instalaciones y ornamentos fueron suprimidos y en su lugar se instalaron literas; sus salones fueron ocupados por tumbonas, se drenaron sus piscinas y se le pusieron cañones. Lo que no tocaron fueron sus máquinas. Debido a su exterior gris y a su rápida marcha zigzagueante, le llamaban el “Fantasma Gris”.
Entre 1940 y 1941 transportó soldados neozelandeses a Oriente Medio y Singapur. Posteriormente, cuando EEUU entró en guerra en el mismo 1941, se decidió que transportara las tropas que tenían que concentrarse en Gran Bretaña. Después de unos cuantos viajes más transportando tropas empezó a cubrir con regularidad la ruta del Atlántico Norte, donde se convirtió en el medio de transporte de tropas preeminente en el esfuerzo de guerra. Tenía dos grandes ventajas. La primera era que podía transportar 15.000 hombres en cada viaje y, si se aprovechaban algunas camas en turnos dobles y triples, se podía transportar una división entera (más de 16.000 hombres) en un solo viaje. Su anteriormente elegante comedor se convertía así en un comedor de 24 horas. Todavía hoy conserva el récord por haber transportado más soldados y tripulación que nadie: 16.683 personas. La segunda ventaja era su velocidad, que podía superar los 30 nudos. Era más rápido que cualquier submarino; más todavía: era capaz de maniobrar ante los torpedos alemanes, por lo que podía navegar en las traicioneras aguas del Atlántico Norte sin escolta. Y debía ser así, pues ningún buque escolta podía seguir su marcha.
Su capacidad de zafarse enfureció muchísimo a los alemanes. Tanto es así que se dice que Hitler ofreció 250.000 dólares a quien lo hundiera. Durante el tiempo que duró su servicio en la guerra, transportó en total a más de 1,6 millones de soldados, entre los que había más de un tercio de los soldados americanos que participaron. Winston Churchill llegó a utilizarlo como cuartel general y dijo de él que había reducido la Segunda Guerra Mundial en un año, aunque también había costado la vida a 300 marineros por el suceso del Curacoa que os explico a continuación.
Cuando partió de Nueva York en 1942 con destino a Gourock, Escocia, al acercarse a aguas británicas le proporcionaron una escolta antiaérea. Se trataba de un crucero ligero llamado Curacoa junto a 6 destructores. Tal y como estaba previsto, se encontraron frente a la costa de Irlanda. Ambos empezaron a navegar en zigzag para evitar los submarinos alemanes. Y mientras uno hacía zig, el otro hacía zag y ya podéis imaginar. El gigantesco Queen Mary chocó con el Curacoa y lo partió en dos. El gigante quedó dañado por debajo de la línea de flotación. Como llevaba 11.000 soldados a bordo no se atrevió a efectuar una operación de salvamento, pues se hubiera convertido en un blanco fácil para cualquier submarino. El Curacoa se hundió con rapidez y de sus 430 tripulantes sólo sobrevivieron 101.
Zarpó de Boston para ser reparado y siguió transportando soldados durante el resto de la guerra. La colisión se convirtió en un secreto hasta 1945. El Almirantazgo, exonerando a su propio barco en una investigación interna, inició una acción legal contra la Cunard por la pérdida del Curacoa. El juez sentenció a favor del Queen Mary, pero el Almirantazgo apeló y el resultado final encontró que ambos buques eran culpables por comunicaciones inadecuadas y estrategias de evasión mal preparadas.
En 1946 fue devuelto a sus propietarios y siguió cruzando el Atlántico. Transportó a gente muy famosa como al hijo mayor de la Reina, el duque de Windsor (anteriormente el rey Eduardo VIII) y la duquesa. Dicha duquesa llegó a traer 88 bultos de equipaje en una sola visita. Tuvo que reservar un camarote sólo para el equipaje. Aunque hoy lo encontremos extravagante, en aquellos días lo normal en los pasajeros de primera clase era cambiarse varias veces de ropa al día. Otros famosos pasajeros fueron Greta Garbo, Gloria Swanson, Clark Gable, David Niven, Bing Crosby, Elizabeth Taylor, Aristóteles Onassis y Mary Pickford, entre muchos otros. Hasta Bob Hope era conocido por ejercitar su swing de golf desde los pisos superiores y Fred Astaire bailó en su salón de baile.
Después de la guerra, la era de los transatlánticos quedó obsoleta al entrar en funcionamiento los vuelos transoceánicos. En 1967, las dos reinas perdían millones de libras al año y la Cunard decidió venderlas o desguazarlas. En septiembre de aquel año, el Queen Mary zarpó de Nueva York en lo que sería su último viaje regular y el Queen Elizabeth (del que iban a hacer lo mismo al año siguiente) zarpaba de Inglaterra en sentido contrario. Las luces de los dos transatlánticos resplandecían en la oscuridad cuando se cruzaron en el Atlántico por última vez, el 25 de septiembre de 1967 a las 2:29 de la madrugada. Sonaron unos toques ensordecedores de las sirenas cuando los buques se despidieron uno del otro mientras ambos capitanes se saludaban con la gorra desde el puente. Sólo un puñado de pasajeros permanecieron despiertos para presenciar el momento. Nunca olvidarían un impresionante espectáculo que jamás se volvería a repetir.
Había hecho 31 años de servicio y seguía siendo uno de los dos buques más grandes del mundo. La ciudad de Long Beach (California) ofreció por él 3.450.000 dólares y suerte, porque si no, el siguiente mejor postor tenía la intención de venderlo como chatarra. Los compradores lo convirtieron en un museo turístico, un hotel y un centro cívico instalado en la misma ciudad.
Gracias a ello, todavía hoy podéis pasear por sus gigantescos espacios que en otro tiempo fuera el alojamiento de soldados que iban a la guerra y recibe más de 1,5 millones de visitantes al año. Y, por si no fuera suficiente, pasó de ser “El Fantasma Gris” a ser el barco más embrujado del mundo, con un registro de 55 fantasmas.
Su diseñador, Sir John Brown, de Glasgow, Escocia, que también diseñó el Queen Elizabeth, el Queen Elizabeth 2 y el Royal Yacht Britannia, dijo del Queen Mary fue uno de los mayores logros de estilo británico y la artesanía.
Desde luego, las peripecias de ese buque son curiosísimas.
Fuentes:
Sean McDughann, Mitos y Leyendas del Mar.
Michael Coffey, Días de infamia.
goworldtravel
britannia
queen_mary
http://www.museoplentzia.org/op4.asp?1








El día 26 de marzo de 2011 a las 15:49
Un tema bastante innovador para este blog. Interesantísimo como siempre. Saludos!
El día 26 de marzo de 2011 a las 19:06
Jorge: muchas gracias.
Bueno, bueno… es que el subtítulo del blog dice: “Historias y anécdotas sobre técnicos, científicos y curiosidades“… y hacía tiempo que no ponía curiosidades
Salud!
El día 26 de marzo de 2011 a las 23:30
Una actualización: El Cutty Sark se quemó hace algunos años creo recordar.
El día 27 de marzo de 2011 a las 00:10
cosamon: gracias por el detalle. En la wikipedia dice que hubo un incendio en 2007, pero no pone nada de que con ello se haya perdido el buque.
Salud!
El día 27 de marzo de 2011 a las 07:14
Hablando del Cutty Sark, no hay un whisky llamado así?
El día 27 de marzo de 2011 a las 16:09
Hay una cosa curiosa acerca de los veleros: le pueden “ganar” al viento, es decir tener una velocidad mayor que el viento que los impulsa. En este artículo de Wired se explica cómo:
http://www.wired.com/magazine/2011/02/ff_fasterthanwind/
El día 28 de marzo de 2011 a las 05:01
Alfonso: mmmmm conocéis la bebida pero no el barco… sois unos brrachines
javierzinho: no tenía ni idea…
Salud!
El día 28 de marzo de 2011 a las 19:54
Muy interesante el artículo. ¿Tienes el dato de cuánto tardaban en atravesar el Atlántico en condiciones normales (sin guerra, vamos)?
El día 28 de marzo de 2011 a las 20:05
Me contesto yo. NY-Southampton: 96 horas, o sea, 4 días, plusmarca mundial hasta 1952, en que el SS United States consiguió hacer la travesía en 3 días y 10 horas. El Hindenburg tardaba casi 6 días… volando.
El día 29 de marzo de 2011 a las 03:58
A mi lo que me ha dejado patidifuso es que encima que le requisan el barco para llevar soldados luego les meten un pleito civil….
El día 29 de marzo de 2011 a las 18:36
Realmente interesante este post, la historia marítima no es algo que la gente conozca demasiado. Como siempre en las guerras dandoles un uso diferente a todo jeje
Esperando con ganas la siguiente entrada.
Un saludo.
El día 29 de marzo de 2011 a las 20:15
Me corrijo a mí mismo. El Hindenburg tardaba casi 5 dias en ir a Nueva York y volver a Berlín. Así que era un poco más rápido que el barco, aunque no mucho.
Saludos
El día 29 de marzo de 2011 a las 22:08
Luis Montes: me han encantado tus preguntas y tus respuestas. Sobre todo, porque te ha despertado la curiosidad.
peinafarolas: gracias. Encontré muy curiosa la historia del Queen Mary y, la verdad, es que cuando la descubrí me gustó mucho. Ya estoy redactando la siguiente historia
Salud!
El día 1 de abril de 2011 a las 14:36
Nachop: no había visto tu comentario… Como dicen: cría cuervos y tesacarán los ojos
Salud!
El día 10 de abril de 2011 a las 09:41
Muy interesante, yo estuve hace años en Londres pero no se pía visitar el Cutty Sark en aquellos días, me conformé con admirarlo desde fuera.
Otra cosa curiosa de los veleros es que pueden navegar contra e viento
http://www.mentesinquietas.es/blog/?p=157
El día 10 de abril de 2011 a las 09:42
corrijo: no se podía, piaba mas bien poco