La suerte de los Joliot-Curie
Antes de empezar: disculpad la longitud del artículo, pero os prometo que valdrá la pena. Alguna vez he oído que para que haya una gran amistad entre dos personas deben ser parecidas en caracteres y/u opiniones, mientras que para que haya un gran matrimonio deben ser opuestos, siempre dentro de unos límites, claro. La pareja de la que os quiero hablar hoy sería un ejemplo de personas diferentes… con el detalle de que fueron Premio Nobel y no sé deciros si por suerte o no. Sobre esta pareja, la de los Joliot-Curie os hablaré en nuestra historia de hoy.
Irène Curie era hija de Marie Curie. Había trabajado junto a su madre como radióloga en la Primera Guerra Mundial cuando contaba 16 años. A los 18 años era una auténtica experta en radiología, capaz de desmontar y arreglar aparatos estropeados. Lo hacía sin tomar las debidas precauciones, lo que acabó pasándole factura tiempo después. Por supuesto, todo esto simultáneamente con sus estudios. Su tesis doctoral versó sobre los rayos alfa del polonio que defendió en 1925.
Con 24 años era alta y de complexión robusta. Los contemporáneos dicen que tenía una mirada directa, aguda y muchas veces desconcertante. Algunos la recuerdan tímida, sin coquetería, imperturbablemente tranquila y de una gran sencillez, inaccesible en apariencia por su inteligencia y sensibilidad, reservada, concisa pero con una fuerte dosis de ironía. Cuando daba clase, después de trazar un diagrama en la pizarra, podía tranquilamente mojarse el dedo índice con saliva y borrar algunos puntos en el tramo de la tiza, haciendo que una línea continua fuera una línea de puntos. Otros la recuerdan altiva y consciente por el estatus de ser la hija de Marie Curie y en otras ocasiones muy zafia. No le preocupaban en absoluto las apariencias o las convenciones: se levantaba la falda sin problemas para rebuscar en una enagua un pañuelo con el que luego se sonaba ruidosamente; y durante las comidas arrojaba por encima del hombro el pan que sobraba. Einstein decía que parecía un ganadero. Y si estaba en el laboratorio con su madre y alguien venía a verlas, entre la brusquedad de una y la frialdad de otra, el visitante se sentía o bien desconcertado o bien ofendido.
En 1926 se casó con Frédéric Joliot, tres años menor que ella. Era atlético, lleno de vida, ambicioso y, al igual que Pierre Curie, hijo de un comunero de París. Había empezado a trabajar un año antes en el laboratorio de Marie Curie donde la Patronne y su hija le ponían bastante nervioso. Había optado primero por la química, pero en el último minuto eligió la opción de física. Ello hizo exclamar a Gustave Bémont, quien había ayudado a los Curie a aislar el radio: He aquí a un físico de segunda cosecha. Acabó sus estudios con el número uno de su promoción y antes de terminarlos fue presentado por Paul Langevin a Marie Curie, quien le tomó como preparador particular en el Instituto del Radio en diciembre de 1924.
Poco después Irène y Frédéric empezaron a trabajar juntos y al cabo del tiempo se casaron. Parece mentira que dos caracteres tan diferentes puedan hacer una gran pareja, como os comentaba antes. Frédéric tenía muchas cualidades seductoras: era inteligente, apasionado, brillante, buen conversador. Mientras ella difícilmente trababa amistades con la gente, él tenía una gran facilidad para relacionarse con los demás; mientras ella se mostraba tranquila y serena, él era entusiasta e impulsivo. Dentro de sus diferencias, compartían su pasión por la investigación científica y su afición por los deportes como la natación, el tenis y el esquí.
Y ahora, veamos algo de su historia conjunta y su suerte.
Durante muchos años se creía que los núcleos estaban compuestos por protones y electrones. No se conocía la existencia del neutrón. Rutherford, no obstante, tuvo el convencimiento de que había una partícula no detectada en el núcleo atómico a la que bautizó como “neutrón”. En 1920 informó a la Royal Society sobre la posibilidad de su existencia:
Parece muy probable que un electrón se pueda unir también dos núcleos de hidrógeno y posiblemente también a un solo núcleo. En el primer caso, esto implica la posible existencia de un átomo de masa aproximadamente 2 transportando una carga, que se debe considerar como un isótopo de hidrógeno. En el segundo caso, implica la idea de la posible existencia de un átomo de masa 1 que tiene carga nuclear 0. Semejante estructura atómica no parece ser en absoluto imposible.
Aunque fue detrás de ellos, no pudo dedicarse a los laboratorios tanto como a él le hubiera gustado. Empezaba a tener otras distracciones como la administración de la Universidad y la participación en comités públicos nacionales. Además, en 1930 había muerto su única hija, Eileen, que dejó 4 hijos a los que Rutherford tenía gran cariño.
El gran hombre delegó cada vez más en James Chadwick, quien le tomó el relevo. Y no lo hizo nada mal, pues se puso al trabajo de forma obsesiva. Sus esfuerzos provocaron burlas afectivas por parte de colegas más jóvenes quienes montaron un espectáculo en el que satirizaban la búsqueda del “pocotrón”.
En enero de 1932 leyó un artículo del matrimonio Joliot-Curie publicado en la revista Comptes-Rendus. Dicho artículo describía cómo, repitiendo un experimento efectuado dos años antes por Walther Bothe y Herbert Backer, habían bombardeado berilio con una fuente intensa de polonio. El berilio emitía así una radiación inusualmente penetrante. Resulta que aquella radiación no sólo atravesaba cualquier barrera que le pusieron sino que, además, parecía volverse todavía más intensa. No había habido ninguna experiencia anterior con esos resultados. Concluyeron en el artículo que era una forma particularmente potente de rayos gamma.
El artículo fue leído por toda la comunidad científica. ¿Y qué sucede cuando trabajas en una actividad en la que hay gente a la que no se les escapa una? Que como se te escape a ti te pillan en un abrir y cerrar de ojos.
Tras leer las conclusiones, Rutherford exclamó un: “¡No me lo creo!”. Y ordenó a Chadwick repetir los experimentos.
Cuando Ettore Majorana leyó el artículo estaba presente Emilio Segré. Majorana, al acabar, dijo:
- ¡Oh! Mira qué idiotas; han descubierto el protón neutro y no se han dado cuenta.
El que sí se había dado cuenta era el mismo Chadwick. Tenía que darse prisa por demostrarlo, pues sabía que otros físicos pensarían lo mismo que él. Trabajó día y noche, rompiendo la norma del Cavendish en la que todo el trabajo que se realizara en el laboratorio debía cesar a las 6 de la tarde. Después de tres semanas pudo demostrar que aquella radiación era tan potente como para que se desprendieran partículas de hidrógeno, litio, helio, berilio y argón. Era evidente que las partículas expulsadas por el hidrógeno eran protones mientras que el resto eran núcleos enteros de la sustancia bombardeada. El poder de penetración de esa radiación no podía ser igualada ni con los rayos gamma. La conclusión era que la radiación estaba compuesta por partículas de masa 1 y carga 0, es decir, que eran neutrones.
Eligió el foro Kapitsa para revelar sus conclusiones. Demacrado por la falta de sueño pero enormemente eufórico se dirigió al público. Mark Oliphant escribió: Antes, Kapitsa le había invitado a cenar en el Trinity, y Chadwick estaba muy relajado. Su conferencia fue extremadamente lúcida y convincente, y arrancó una ovación cálida y espontánea del selecto público presente. Todos disfrutaron con el relato de una larga búsqueda, llevada a cabo con persistencia y con visión…
Al final pidió que “lo durmieran con cloroformo y lo metieran en la cama durante dos semanas”. Pero al día siguiente ya estaba en pie para escribir a Niels Bohr y a la revista Nature con el cauteloso encabezamiento “La posible existencia del neutrón”.
Esto fue un duro golpe para los Joliot-Curie. Frédéric escribió en privado: Resulta muy molesto que se nos adelanten otros laboratorios que inmediatamente hacen suyos nuestros experimentos. No obstante, en público se mostró siempre cortés y generoso. Un Nobel que se les había escapado, ya que Chadwick acabó recibiéndolo por ello.
Rutherford, hablando más tarde con Joliot le preguntó:
- ¿Pero no te diste cuenta de que tenías delante los neutrones de los que hablé en mi conferencia en 1920?
Y Joliot contestó:
- Es que no llegué a leerla, pensé que sería el habitual despliegue de oratoria sin ideas nuevas.
Vamos más adelante. Al Congreso Solvay de 1933 asistieron 40 experimentales y teóricos entre los que se encontraban Rutherford, Chadwick, Lawrence, Marie Curie, los Joliot-Curie, Langevin, Lise Meitner y Niels Bohr. Estuvieron discutiendo si el neutrón de Chadwick era un compuesto de partículas o una partícula por derecho propio. No obstante, comentaron otro asunto también interesante: el reciente hallazgo de una nueva partícula por parte de Carl Anderson: el positrón (idéntico al electrón pero con carga positiva). Anderson lo había fotografiado gracias a un ingenioso artefacto llamado Cámara de Niebla que había sido construido años atrás por un tal Charles Wilson. Básicamente era una cámara con vapor de agua saturado. Las partículas que pasaban condensaban las gotitas de agua y dejaban una trayectoria marcada. Se veía como la estela que deja un meteorito. Le añadieron un mecanismo que podía hacer una fotografía en el momento adecuado y la trayectoria de la partícula quedaba registrada.
En un campo magnético las partículas con carga se desvían, pero siempre en función del signo de la carga. Por ejemplo, si una partícula era positiva y se desviaba a la derecha, una negativa lo haría hacia la izquierda. Así podía saberse la carga de la partícula. Anderson detectó cierta partícula que se desviaba con la misma curva que un electrón… pero hacia el otro lado, como si fuera un electrón con carga positiva. Acababa de descubrir el positrón. Ese detalle, que se les había pasado tanto a Chadwick como a los Joliot-Curie, no se le pasó a Anderson. Los Joliot-Curie tienen excusa porque iban a la caza del neutrón. No obstante, cuando supieron de todo esto, se dieron cuenta que ellos también habían fotografiado electrones en un campo magnético “retrocediendo en un sentido equivocado”. Se dieron cuenta de lo que se les había escapado al leer el artículo de Anderson. Este último recibió el Nobel: la segunda vez que se les escapaba.
Molestos por no haber sido capaces de reconocer los positrones que tenían delante de sus narices, se pusieron a trabajar en una serie de experimentos para conocer más detalles sobre esta nueva partícula. Frédéric puso una cámara de niebla en un fuerte campo magnético y empezó a bombardear aluminio corriente con partículas alfa empleando un contador Geiger para medir los resultados. Era lógico esperar que si se bombardeaba aluminio saldrían partículas despedidas que el contador registraría, pero si retirábamos la fuente de partículas alfa, o sea, dejábamos de bombardear la muestra, el detector tenía que quedar en silencio en el acto. Sin embargo, los contadores siguieron haciendo ruido. No podía creérselo. Repitió el experimento una vez más con idénticos resultados y fue a buscar a Irène, quien quedó igualmente sorprendida. Aquella noche tenían una cena, por lo que pidieron a un colega que revisara los contadores. A la mañana siguiente había una nota: “los contadores funcionan a la perfección”.
¿Qué había pasado? Al bombardear el aluminio con partículas alfa, se había transmutado en un isótopo radiactivo intermedio del fósforo que, al descomponerse para transformarse en silicio, emitía positrones que era lo que detectaban los contadores. Acababan de generar un nuevo elemento radiactivo de un elemento que antes no lo era. Los Joliot-Curie se apresuraron a publicar el descubrimiento que anunciaba: Un nuevo tipo de radiactividad. El 15 de enero de 1934, las Actas de la Academia de las Ciencias publicaron el descubrimiento de la radiactividad artificial, aunque ese nombre no gustó a los Joliot-Curie, que siempre puntualizaban que la radiactividad obtenida por ellos era idéntica a la natural: la diferencia estaba en la producción del isótopo radiactivo.
El descubrimiento satisfizo enormemente a Marie Curie. Frédéric lo recordaba en una transmisión radiofónica:
Marie Curie fue testimonio de nuestras investigaciones, y jamás olvidaré la expresión de intensa alegría que manifestó cuando Irène y yo le mostramos, en un pequeño tubo de vidrio, el primer radioelemento artificial. Todavía la veo, tomando entre sus dedos, quemados ya por el radio, ese pequeño tubo con radioelemento, cuya actividad era muy débil. Para comprobar lo que le anunciábamos, lo aproximó a un contador Geiger-Müller y pudo oír las numerosas señales del contador de radiación. Esta fue sin duda la última gran satisfacción de su vida. Unos meses más tarde, Marie Curie fallecía a causa de la leucemia.
Ahora bien, ¿cómo se les había escapado una observación como esa a los del equipo de Lawrence en Berkeley, con un ciclotrón que utilizaban a diario y con el que bombardeaban de todo? Resulta que tanto el ciclotrón como los contadores Geiger funcionaban ¡con el mismo interruptor!, de modo que los científicos nunca tuvieron oportunidad de examinar si los contadores seguían funcionando después de que se hubiera desconectado el ciclotrón. Cuando vieron la publicación de los Joliot-Curie cambiaron corriendo el cableado y dejaron encendidos los contadores al apagar el ciclotrón. Oyeron el clásico tic rítmico que habían oído tantas otras veces, solo que ahora el ciclotrón estaba apagado. Como dijo Stanley Livingstone: “un sonido que ninguno de los que estaban allí olvidaría jamás”. Las caras con las que se mirarían entre ellos debieron ser apoteósicas: les hubieran valido un Nobel. Como dijo uno de ellos “podríamos haber hecho el descubrimiento en cualquier momento”. Otro científico dijo: “nos dieron ganas de patearnos el trasero los unos a los otros”.
Y no solo eso. Más tarde se dieron cuenta que muchas piezas del ciclotrón y herramientas que tenían por allá, como destornilladores, también se habían vuelto radiactivos sin que lo hubieran advertido.
Un Frédéric pletórico le dijo a un colega: Con el neutrón llegamos tarde. Con el positrón llegamos tarde. Ahora hemos llegado a tiempo.
Se llevaron el Nobel. Y ahora, decidme: ¿tuvieron suerte o no?
Fuentes:
“Antes de Hiroshima”, Diana Preston
“La radiactividad artificial”, P.Radvanyi y M.Bordry
“De la fisión del núcleo a la bomba de hidrógeno”, Otto R. Frisch
“Marie Curie y su tiempo”, José Manuel Sánchez Ron





El día 13 de Abril de 2009 a las 13:06
Nosotros hemos tenido suerte con gente omo ellos.
El día 13 de Abril de 2009 a las 13:46
99% de trabajo y 1% de inspiración. Excelente artículo. Enhorabuena
El día 13 de Abril de 2009 a las 14:01
La suerte de los Joliot-Curie…
[c&p] Alguna vez he oído que para que haya una gran amistad entre dos personas deben ser parecidas en caracteres y/u opiniones, mientras que para que haya un gran matrimonio deben ser opuestos, siempre dentro de unos límites, claro. La pareja de …
El día 13 de Abril de 2009 a las 14:14
Suerte o perseverancia? Creo que lo segundo, saludos….
El día 13 de Abril de 2009 a las 14:30
Enhorabuena por el artículo, muy instructivo ^^
El día 13 de Abril de 2009 a las 16:28
… no sé si fue suerte. Pero ellos estaban allí.
El día 13 de Abril de 2009 a las 17:21
Perseverancia, mucha perseverancia
El día 13 de Abril de 2009 a las 17:55
“La suerte favorece a la mente preparada.”
Louis Pasteur
El día 13 de Abril de 2009 a las 17:58
Gracias a todos por leer el tostón.
Bueno, sí, acepto perseverancia, sin duda. Pero no me negaréis que lo de ser por un interruptor que paraba el ciclotrón y los contadores a la vez no tiene miga
Salud!
El día 13 de Abril de 2009 a las 19:19
Muchas gracias por un artículo muy instructivo…
Al igual que Karlitos2008 yo creo que se trata más de perseverancia.
Salu2
El día 13 de Abril de 2009 a las 20:26
Excelente artículo!!!!!
Me pareció muy gracioso (casi tragicómico)… más que suerte, yo diría que todo esto surgió a raíz de una pizca de “mala suerte”… además, una desatención la tiene cualquiera.
Sin duda, la moraleja es: “el que pestañea, pierde”
El día 13 de Abril de 2009 a las 22:10
Jaja, qué historia. Para cuando la miniserie? xD En fin, me alegro de que al final recibiesen su justo premio, y más de esa manera: de forma tan parecida a como se les escaparon los otros dos.
Enhorabuena. Gran historia
El día 13 de Abril de 2009 a las 23:42
Está claro que perseverancia y no suerte: la prueba está, no en el Nobel que consigueron, sino en los que se les escaparon (a ellos y a los demás).
Tu historia nos cuenta claramente cómo “el que la sigue, la consigue”
Estupenda historia.
El día 14 de Abril de 2009 a las 07:30
Los que tenemos suerte somos nosostros, al poder disfrutar de tus artículos.
Gracias Fernando.
El día 14 de Abril de 2009 a las 16:19
A mi lo que me parece es que Marie aguanto con vida hasta que vio que su hija ganaba el Nobel, parece que penso:”Ya puedo dejar este mundo, mi hija seguira con mi legado”.
El día 14 de Abril de 2009 a las 17:05
Un artículo que engancha. Por muy largos que sean, siempre me parecen cortos!!
El día 14 de Abril de 2009 a las 17:53
Un poco largo en longitud, innegable, pero una vez lo comencé, lo devoré a toda velocidad. Vamos, que no se me ha hecho largo ni un momento. Muy bueno ^^
Estoy completamente de acuerdo con la idea de que fue cuestión de perseverancia. Al fin y al cabo la suerte se la fabrica en gran medida uno mismo con su actitud cotidiana (no he podido evitar acordarme del capítulo sobre la suerte en “Rarología” de R. Wiseman)
El día 17 de Abril de 2009 a las 08:14
“…entre sus dedos, quemados ya por el radio”
Pone los pelos de punta imaginar a qué se expuso esa gente. Pero estaban demasiado maravillados para preocuparse por las consecuencias a medio y largo plazo.
El día 17 de Abril de 2009 a las 17:31
Redefinamos el concepto de largo, porque a mi este articulo me ha durado un suspiro. No contemos en palabras, contemos en interés :).
Yo creo que les tocó lo que se llama justicia divina :P. O aquello de que a la tercera va la vencida.
A todo esto, el equipo que perdió el nobel ¿lo ganó posteriormente?
El día 17 de Abril de 2009 a las 22:10
G0ethe: no puedo responderte, porque no lo sé
Imagino que muchos de los que estuvieron implicados ni siquiera son famosos hoy día. Piensa que hay montones de científicos que son totalmente desconocidos, aunque aportaron su granito de arena, bien sea por acertar, bien por equivocarse.
Es por ello, que planteaba si los Joliot-Curie tuvieron suerte o no. Tuvieron tesón, no lo niego; pero hay muchos científicos con muchísimo tesón; y eso de ser porque un ciclotrón tenga un interruptor puesto de forma inadecuada…
Hombre, algo de suerte para ser Nobel, supongo que hay que tener (por supuesto, que hay muchas más cosas).
Salud!
El día 18 de Abril de 2009 a las 19:45
Es curioso porque también hay un dicho muy aplicable a la ciencia pero sobre todo a la investigación científica y que dice que “quien no sabe lo que busca, no ve lo que encuentra….”. Hay veces en que un científico está tan afanosamente buscando algo, que probablemente no ve otro fenómeno aparejado y que aparece por casualidad en sus experimentos. La casualidad está además muy ligada a los descubrimientos científicos ( que no a los inventos). Fijaros por ejemplo en el descubrimiento de la penicilina por Fleming. En un laboratorio corriente de microbiología se tiran como cosa corriente todos los dias bastantes placas contaminadas por hongos, pero este señor se fijó en que esos hongos que crecían (porque habían contaminado una placa) inhibían el crecimieento de otros microorganismos que habían sembrado en la placa y (aqui esta la mente preparada y despierta del genio) pensó que aquello realmente tenía unas implicaciones que podrían resultar útiles ……. Y TAN ÚTILES.
¿Serendipia? no se no se.
Bueno perdón por el rollo.
Me encanta este blog
El día 20 de Abril de 2009 a las 22:17
La vida individual es un ejemplo perfecto de CAOS, pequeñas variaciones en los sucesos de un momento pueden dar lugar a un vida completamente diferente de lo que hubiera podido ser sin esa variación.
Asimov en la serie de “la Fundación” sostenía que las tendencias generales no cambiaban mucho a pesar de que las acciones individuales cambiaran. Me explico decía que cuando la situación estaba madura para unos descubrimientos, si no lo hacía uno lo iba a hacer otro.
El día 22 de Abril de 2009 a las 15:25
¿Largo? Pero si se me ha hecho cortísimo. La verdad es que algo de suerte sí que tuvieron, quizás en la misma proporción que mala suerte anteriormente. Pero desde luego lo que no se les puede negar es tesón.
El día 24 de Abril de 2009 a las 16:55
Muy buen artículo, aunque para mi ha sido un poco corto (je, je).
Estoy con los de que ha sido más tesón y talento que suerte, aunque la suerte también influyó
El día 26 de Abril de 2009 a las 00:56
Jo! que buen artículo y que buena historia.
Además de una lección sobre la perseverancia, también es una lección sobre cómo en ciencia pese a que haya metidas de pata o prejuicios (pienso que el que tanto el ciclotrón como los contadores Geiger del equipo de Lawrence funcionaran con el mismo interruptor, no fue una “metida de pata” sino una decisión de diseño de acuerdo a lo que predecía la teoría en el momento y que se había asumido como un hecho) se corrigen al largo plazo.
Estoy de acuerdo con “Edna Krabappel” que citó a La Federación para comentar cómo la ciencia si bien tiene un elemento individual, que es a su vez en una gran dosis caótico; también tiene un elemento social que permite que su avance no sea completamente contingente sino progresivo y que si hay algún error por ahí se corrija… totalmente a la inversa de la versión “perversa del error” que tanto gusta a los filósofos de la ciencia, en realidad la ciencia cuenta más bien con una versión “benigna del error” en el que este se corrige.
Pd: Aunque creo que no hay muchos más artículos sobre los Joliot-Curie en el blog, si que hay varios más sobre los neutrones, e incluso sobre su historia junto a los neutrinos donde también hay algo de suerte de por medio.
El día 27 de Abril de 2009 a las 23:24
Gran artículo! Genios los padres, genio ella y su marido… ¿qué fue de esa estirpe?
El día 28 de Abril de 2009 a las 23:34
ElHombrePancho: Mirando en la wilipedia veo que tuvieron una hija llamada Helene y un hijo llamado Pierre. Este último sigue vivo y es biólogo.
Helene se casí con Michel Langevin (hijo de Paul Langeven, aquel que tuvo un romance con Marie Curie); pero murió en 1985.
Tienes un organigrama de la familia Curie en la wikipedia.
No obstante, hijo de Helena y Michell tienes a Yves Langevin que es astrofísico.
Por otro lado, la orea hija de Marie Curie, Eve, que escribió una biografía sobre su madre, tuvo un hijo llamado Henry Labouisse que fue presidente de UNICEF y Premio Nobel de la Paz (en nombre de UNICEF) en 1965.
Y la saga continúa
Salud!
El día 4 de Mayo de 2009 a las 01:07
Que envidia de genes…
El día 15 de Mayo de 2009 a las 17:35
La suerte de los Joliot-Curie…
Cuenta la historia del matrimonio Joliot-Curie de una forma muy amena y fácil de leer….
El día 28 de Agosto de 2009 a las 06:15
esta geniial el articulo! excelente información! saludos!
El día 30 de Julio de 2010 a las 16:23
Los hijos de Éve Curie no son biológicos, alguien sabe, ¿cuáles son los descendientes con-sanguíneos de Marie Curie? que viven actualmente.