El matrimonio Curie

Publicado el 3 de enero de 2008 en Historias de la ciencia por omalaled
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En primer lugar, Feliz Año Nuevo. Dicho esto, vamos a lo interesante. Han corrido ríos de tinta sobre Marie Curie (de la que ya os hablé aquí y aquí), pero poco suele hablarse de Pierre Curie y de la relación entre ambos. Y es que si Marie Curie fue una mujer muy especial, el hombre que se casó con ella también lo tuvo que ser. Y lo fue; no lo dudéis. En nuestra historia de hoy tocaremos la relación entre Pierre y Marie Curie hablando indistintamente de ambos, aunque centrándome un poquito más en Pierre Curie.

Cuando Marie Curie andaba por la facultad no pocos hombres se fijaban en ella. Uno de esos hombres era un tal Lamotte. Se había enamorado de ella y para hacerle la corte le escribía ampulosas y correctísimas cartas, cosa que hizo durante bastante tiempo. Era un muchacho obstinado y admiraba en ella su dulzura y fragilidad. Había, sin embargo, otro hombre de 35 años a quien había conocido en casa de un físico polaco. Era alto, de barba puntiaguda, cabellos castaños y grandes ojos claros. Le escribía también cartas pero con un estilo totalmente diferente. Eran cartas desordenadas, espontáneas, maduras, siempre reflexivas y muchas veces introspectivas, pero jamás lacrimosas ni compadeciéndose de sí mismo. Este segundo hombre era un físico llamado Pierre Curie.

Era un idealista pasivo que se interesaba por problemas sociales que en otro tiempo habían preocupado a Marie. Esta última los había abandonado para dedicarse a la ciencia. Al igual que ella, era tímido e introvertido. Sus trabajos sobre la piezoelectricidad dieron el pistoletazo de salida a otros que se ganaron un Nobel basándose en su descubrimiento. Estaba muy mal pagado y sobrecargado de trabajo pero sus descubrimientos traspasaron fronteras. A pesar de no estar valorado en su justa medida, Lord Kelvin, el entonces famosísimo decano de la física británica, leyó sus trabajos y le escribió una carta en inglés con su propio estilo, tan desordenado como el de Pierre, a razón de tres palabras por línea pero con una cortesía excepcional a pesar de ser de mayor edad. Le pedía visitar los laboratorios para ver lo que estaba haciendo. Quedó tan impresionado que le pidió que le fabricase un electrómetro (aprovechando la piezoelectricidad) para su uso personal.

Nuestro hombre odiaba las jerarquías y las clasificaciones. Ignoraba totalmente el espíritu de competencia. Solía decir: “¿Qué importa que yo no haya publicado tal trabajo si lo ha publicado otro?”. Era sumamente sencillo y este tipo de actitud también influyó en Marie. De hecho, durante muchos años, cuando los desconocidos se acercaban a Madame Curie obtenían una esquiva respuesta:

- Usted es Madame Curie, ¿verdad?
- No, no, está usted equivocado – contestaba ella.

Cierta vez se le acercó una dama y le preguntó:

- ¿Quiere que le presente al rey de Grecia?
- No veo la necesidad – contestó Marie cortésmente.

Esa dama era señora Loubet, esposa del presidente francés Émile Loubet, quien quedó estupefacta. Marie, al reconocerla, agregó:

- Pero … naturalmente, haré lo que a usted le plazca … lo que usted quiera.

A primera vista, puede parecer un exceso de modestia, pero Irène Curie, una de sus hijas, nos da una interpretación quizás mucho más realista sobre el carácter de su madre:

El hecho de que mi madre no buscara las relaciones mundanas ni con gentes influyentes se suele considerar como una prueba de su modestia. Creo que más bien fue lo contrario: ella tenía un sentido muy justo de su valía y no se sentía honrada en modo alguno reuniéndose con nobles ni con ministros. Se alegró mucho cuando tuvo ocasión de conocer a Rudyard Kipling, pero que le presentaran a la reina de Rumanía le resultó totalmente indiferente.

Para hacer sus famosos descubrimientos tuvieron que inventar toda una serie de procesos inexistentes hasta entonces. En varios países se habían hecho ya planes para la explotación de minerales radiactivos, principalmente en Bélgica y en los Estados Unidos. Sin embargo, los ingenieros sólo podrían producir el “fabuloso metal” si dominaban el secreto de las delicadas operaciones a las que había de someterse la materia prima. Cierta mañana de domingo, Pierre explicó a su esposa lo que sucedía: acababa de recibir una carta que le habían dirigido en demanda de información varios ingenieros de los Estados Unidos que querían utilizar el radio en Norteamérica.

- Tenemos dos caminos – dijo Pierre -, o bien describir los resultados de nuestra investigación, sin reserva alguna, incluyendo el proceso de la purificación …

Marie hizo mecánicamente un gesto de aprobación y murmuró:

- Sí, desde luego.
- O bien podríamos considerarnos propietarios e “inventores” del radio, patentar la técnica del tratamiento de la pecblenda y asegurarnos los derechos de la fabricación del radio en todo el mundo.

Marie reflexionó unos segundos:

- Es imposible. Sería contrario al espíritu científico.

Pierre sonrió con satisfacción. Marie continuó:

- Los físicos siempre publican el resultado completo de sus investigaciones. Si nuestro descubrimiento tiene posibilidades comerciales, será una circunstancia de la cual no debemos sacar partido. Además, el radio se va a emplear para combatir una enfermedad. Sería imposible aprovecharnos de eso.
- Esta misma noche escribiré a los ingenieros norteamericanos para darles toda la información que nos piden.

Un cuarto de hora después, Pierre y Marie rodaban sobre sus bicicletas hacia el bosque. Al caer la tarde regresaban exhaustos, con los brazos cargados de hojas y flores silvestres.

Acababan de escoger para siempre entre la fortuna y la pobreza … y habían escogido esta última. Da para pensar, ¿verdad?

Pierre Curie prescindía totalmente de los bienes materiales. Su sueldo era el de un obrero. Todo ello era lo suficientemente inconveniente como para que los alumnos encontraran normal verlo trabajando en los pasillos. Como necesitaba obtener el puesto de profesor tuvo que hacer lo que la burocracia mandaba: hacerse anunciar y hacer visitas dejando su tarjeta, exponer sus títulos, etc. En suma: darse bombo. Nuestro hombre detestaba todo este trajín. Aun así lo hizo, dado que necesitaba el puesto que finalmente le negaron.

Más tarde, el decano le dijo que le concederían la legión de Honor y que tenía que volver a darse bombo para ello. Pero no era hombre al que se le podía engañar dos veces. Su respuesta fue esta:

Le ruego que tenga la bondad de dar las gracias al señor ministro y de informarle que no siento necesidad de ser condecorado, pero que tengo la mayor necesidad de poseer un laboratorio.

Ninguno de los dos fue a la ceremonia de entrega del Nobel. Fueron representados por el embajador de Francia. Se justificaron por el trabajo docente y porque Marie había estado enferma. En aquel entonces el viaje hasta Estocolmo duraba 48 horas, tanto la ida como la vuelta. Pero como era preceptivo que pronunciasen una conferencia, lo hicieron más adelante y aunque viajaron ambos fue Pierre quien la pronunció. Sus palabras son una vez más para descubirse:

Se puede imaginar que en manos de criminales el radio pueda hacerse muy peligroso, y en este punto nos podemos preguntar si la humanidad extrae ventajas conociendo los secretos de la naturaleza, si está madura para beneficiarse o si este conocimiento no le resultará perjudicial. El ejemplo de los descubrimientos de Nobel es característico: los poderosos explosivos han permitido a los hombres llevar a cabo trabajos admirables. También son un medio terrible de destrucción en las manos de grandes criminales que arrastran a los pueblos a la guerra. Yo soy de los que piensan con Nobel que la humanidad extraerá más bien que mal de los nuevos descubrimientos.

¡Ay!, amigo Pierre Curie. Al igual que Robert Koch nos sobrevaloraste.

Desarrolló lo que podría llamarse una gran dependencia de Marie. Cuando esta última tenía que ausentarse, Pierre le escribía cartas casi a diario. No soportaba que tuviera que irse y quería siempre que estuviera a su lado. Fue feliz junto a Marie aunque no fue precisamente una vida en la opulencia sino todo lo contrario. Son las consecuencias de ser una persona honrada, con valores y dedicada a una pasión.

Sólo una vez en su vida Pierre se quejó. Cuando los efectos de la radiación fueron ya muy evidentes tenía violentas crisis de dolores que los médicos consideraban reumatismo. Esas crisis le dejaban completamente abatido. Se pasaba noches enteras gimiendo de dolor. En una de esas noches le dijo a Marie:

- Dura es la vida que hemos escogido.

Y esa fue toda su queja.

En cierta ocasión, un periodista fue a visitarlo para hacerle una entrevista. En La Petite Republique escribió:

Me interesa subrayar un rasgo del carácter de monsieur Curie. Es profundo su desinterés y perfecta su modestia. Es un hombre grande, de espaldas poco cargadas y cuyos ojos tienen una mirada de infinita dulzura; este hombre que ha llegado todavía joven a la gloria y que la celebridad no ha embriagado, este hombre de ciencia, este maestro no tiene más preocupación, fuera de sus trabajos y del círculo de sus afectos familiares, que el deseo de que sus alumnos y los muchachos que más tarde han de dedicarse a la ruda labor científica no hayan de detener su esfuerzo por cuestiones monetarias. Sus propios dolores, todos los esfuerzos compartidos con madame Curie, los olvida para no pensar más que en esto: en algún lugar de Francia hay investigadores dignos de atención, hombres de genio desconocidos y que no podrán hacer nunca nada porque se ven obligados a abandonar sus estudios para ganarse el pan de cada día … No puedo transcribir la auténtica elocuencia, el tono de viva emoción con el que monsieur Curie me ha dicho eso. Nadie me había hablado con tanta simplicidad, mejor aún, con tanta bondad. Y por eso, Pierre Curie merece más que nuestra admiración la universal simpatía.

He ahí un hombre.

Fuentes:
“Marie Curie”, Robert Reid
“La vida heroica de Marie Curie”, Eve Curie



Hay 20 comentarios a 'El matrimonio Curie'

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  1. #1.- Enviado por: Markx

    El día 3 de enero de 2008 a las 03:20

    Que modesta pareja de científicos.
    Una historia, cuanto menos, interesante. Es digno de admirar la humildad y criterio de Marie al denegar por completo la publicación de todos sus estudios sobre el radio a cambio de reconocimiento y el consecuente embolsamiento económico.
    Me he ganado el irme a dormir; mi mente ha dado suficiente de sí hoy. Mucho dato; mucha información nueva hoy.

  2. #2.- Enviado por: Peio garcía

    El día 3 de enero de 2008 a las 10:29

    Pues estoy de acuerdo con Irène Curie: quien degusta el plato de la ciencia termina por considerar insípidos los oropeles memos de la sociedad lega, uséase: dame la física y quédate la política, majete…
    Qué diferencia con muchos de los popes de la ciencia actual, que pareces pop stars.

  3. #3.- Enviado por: Miriam

    El día 3 de enero de 2008 a las 10:44

    Me ha encantado el artículo, muy descubridor de la pareja Curie. Creo que como todas las mujeres del mundo, me aprovecho de vez en cuando de Marie Curie como “mujer cientifica que gano el nobel”. Algo que ni siquiera ella hizo! Bravo!

  4. #4.- Enviado por: Nelor

    El día 3 de enero de 2008 a las 12:56

    Para algunos, esta forma de ver la vida es propia de tontos que no reclaman sus logros. Para otros, un ejemplo de coherencia, bondad y sacrificio.

    Ojalá fuésemos todos la mitad de comprometidos, modestos y humildes de lo que fueron Pierre y Marie Curie.

    Gran artículo!

    Saludos a todos y feliz y científico año!

  5. #5.- Enviado por: Macluskey

    El día 3 de enero de 2008 a las 13:01

    El matrimonio Curie son el resultado de su época: el romanticismo. Trabajar por amor al arte, a la ciencia, a la humanidad. Pasarlas canutas para que otros se forren explotando sus descubrimientos.

    Goodbay, Romanticismo.
    Welcome, Mercantilismo.

    En estos tiempos, ya no hay mentes puras. Todo científico se verá obligado a entrar en la rueda: Si tus investigaciones van a producir mucho, pero MUCHO dinero, no te faltarán medios. Si investigas por amor a la ciencia… pues no investigas. Sacabó.
    Salvo que tengas una enorme fortuna personal, y no te importe gastártela en montar un laboratorio a la última, con los mejores colaboradores, etc, etc. Desgraciadamente, no conozco ningún caso así.
    En fin… Feliz Año.

  6. #6.- Enviado por: frasilva

    El día 3 de enero de 2008 a las 16:26

    Enlas universidades todavia se puede investigar, “por amor al arte” aunque es relativo, muchos que tienen la posibilidad de hacer clases y vivir en ciencia, no lo aprovechan o no lo valoran.

    Feliz Año

  7. #7.- Enviado por: Koki

    El día 3 de enero de 2008 a las 20:46

    Todavía queda algún científico que se dedica a investigar “por amor al arte” un ejemplo de ello es el matemático Grigori Perelman, que declinó la medalla Fields hace un par de años y puede que también renuncie a 1 millón de dólares por resolver uno de los problemas del milenio.

  8. #8.- Enviado por: omalaled

    El día 3 de enero de 2008 a las 22:28

    Agradezco mucho, como siempre, los comentarios al artículo. Los Curie son uno de los mayores exponentes de la investigación científica, de la humildad y de la entrega por los demás en toda la historia de la ciencia. Mejor: en toda la historia. Hay personajes que en algunos aspectos les hacen sombra, como es el caso de Faraday o Erdös, de quienes ya he hablado alguna vez pero que volveré a hablar.

    Sabed que faltan todavía dos posts para dedicar enteros al matrimonio Curie.

    Salud!

  9. #9.- Enviado por: alvarhillo

    El día 4 de enero de 2008 a las 12:42

    Como decía Brecht “hay personas que luchan un día y son buenos, hay personas que luchan un año y son mejores, pero hay personas que luchan toda la vida. Esas son las imprescindibles”. Los Curie eran de estos últimos.
    Aún me acuerdo lo que lloraba en la pelicula que se hizo sobre los Curie, cuando Pierre muere atropellado por un carro y lo que me fascinaba aquella escena en que ven el radio brillando en la oscuridad en el fondo de un pocillo de porcelana. Que gente, que vidas.

  10. #10.- Enviado por: clodoveo11

    El día 5 de enero de 2008 a las 14:07

    Hombre, una cosa es ser modestos, comprometidos y honrados, pero otra andar coqueteando con la miseria y no tener un poco de vis comercial para sacar unos dinerillos y a partir de ahí conseguir más medios para investigar, una calidad de vida mejor, etc. Digo yo que que en el medio está la virtud: ni una cosa ni otra. A ver, ¿a quién le haría gracia hacer lo del Perelman?

  11. #11.- Enviado por: dramey

    El día 5 de enero de 2008 a las 14:57

    clodoveo, yo lo veo no como una falta de vis comercial si no de cómo ser fiel a tus principios pase lo que pase. Para ellos el conocimiento científico pertenecía a la humanidad y no a su descubridor, y pese a sus circunstancias fueron fieles a sus principios.
    Gracias Omaled por estas historias, son sobrecogedoras en su mayor parte.

  12. #12.- Enviado por: omalaled

    El día 5 de enero de 2008 a las 20:10

    clodoveo11: no estoy de acuerdo. El problema es que es realmente difícil ser una persona de principios, coherente consigo misma y no sucumbir a la hipocresía a la que estamos acostumbrados. Cuántas empresas (con sus grandes personajes de gran vis comercial) dicen cosas del estilo “nuestros clientes son lo primero” y luego lo único que quieren es sacarte dinero sin importar si estás satisfecho o cuántos cantantes o artistas dicen hacerlo todo por sus necesidades de expresión y luego quieren cobrar “royalties” por ello.

    El caso de los Curie, simplemente, es que eran sinceros y coherentes con sus ideas. A los mortales no nos entra en la cabeza que tanto ellos, como Perelman o como Erdös, les importaba un pimiento sacar unos dinerillos; no tenían tiempo para pensar en vender.

    Esas personas coherentes, honradas, sinceras y en las que la hipocresía es una palabra inexistente son las que me hacen pensar que la raza humana aún tiene un atisbo de esperanza … y son las que me despiertan auténtica admiración.

    Salud!


  13. El día 6 de enero de 2008 a las 02:38

    [...] pasado esto sobre Pierre Curie, y es una historia tan bonita que deber

  14. #14.- Enviado por: Lisandro

    El día 6 de enero de 2008 a las 20:39

    El parecido con algún físico de hoy en día es pura coincidencia. Ya no hay gente así en ciencia. La ciencia se corrompió hace mucho…hoy hay grandes managers en ciencia.

  15. #15.- Enviado por: Juan Pablo Mora

    El día 9 de enero de 2008 a las 15:24

    Muy buen articulo, muchas gracias… como dato aparte, tengo entendido que su laboratorio, libros y muchas cosas de su posesión, como libretas de apuntes sobre sus descubrimientos, se encuentran encerrados bajo 7 llaves por estar contamidados con radiación, y sólo se pueden ver dentro de esa habitación de plomo y cubierto por un traje especial para esa tarea.

    Un abrazo, sigan publicando que me pareció un sitio fantastico.

  16. #16.- Enviado por: David.

    El día 10 de enero de 2008 a las 00:27

    Hombre, respecto al debate que se ha mantenido, yo creo que es importante que los científicos no busquen la riqueza ni el beneficio económico, sobre todo si son gente del área de la salud (de todas las áreas en general, pero especialmente de ésta).
    Esto me recuerda el caso del doctor Javier Patarroyo, que desarrolló una vacuna para la malaria (no sé si era una vacuna cien por cien efectiva, he leído por alguna web que fallaba para bebés, un grupo que se quería mucho proteger; no sé si será verdad), pero el caso es que este hombre se negó a vender en repetidas ocasiones la vacuna a las grandes compañías farmacéuticas y sacar beneficios. El derecho a la salud es de todos, incluso los que menos tienen (que son precisamente muchos de los afectados por esta enfermedad). Todo un ejemplo de ética y moral.
    P. D. Que por cierto, en la wikipedia no hay entrada para Javier Patarroyo, igual alguien que sepa de él y su trabajo podría crear una…

  17. #17.- Enviado por: omalaled

    El día 10 de enero de 2008 a las 00:38

    Lisandro: yo creo que todavía los hay, pero son anónimos. Trabajan de escondidas y hacen más horas que un reloj en los laboratorios por puro placer; pero como no generan dinero, nadie se fija en ellos. Pero estoy seguro que los hay.
    Juan Pablo: muchas gracias. Lo de las 7 llaves no lo sé, pero sí sé que sus cuadernos son fuertemente radiactivos y sólo se permiten accesos bajo estrictas normas de seguridad.
    David: ya existe una entrada en la wikipedia, pero con nombre Manuel Elkin y no Javier. Imagino que el nombre que tenías no era el correcto.

    Salud!

  18. #18.- Enviado por: David.

    El día 10 de enero de 2008 a las 00:50

    Cierto. Siempre había pensado que el nombre de pila era Javier. Gracias, Omalaled.

  19. #19.- Enviado por: Martin

    El día 7 de febrero de 2008 a las 18:27

    He estado siguiendo los post sobre Curie. Realmente los leí con una sonrisa. Gracias por tan grandiosos e interesantes textos. Un saludo.

  20. #20.- Enviado por: omalaled

    El día 8 de febrero de 2008 a las 00:17

    Gracias a ti, Martin, por tus palabras.

    Salud!