La expedición de la Kon-Tiki

Publicado el 17 de diciembre de 2007 en Libros por omalaled
Tiempo aproximado de lectura: 10 minutos y 59 segundos
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Hace años hice un viaje a Noruega donde supe de la existencia de Thor Heyerdahl, el autor del libro que hoy os presento. El guía dijo que era conocido en todo el mundo, menos en España. Y la verdad es que si lo conozco y he leído este libro es gracias a aquel viaje.

Thor Heyerdahl fue un explorador noruego que estudió Biología y Geografía en la Universidad de Oslo, especializándose en antropología de la Polinesia.

Cuando Jakob Roggeveen descubrió la isla de Pascua en 1722 se sorprendió al ver hombres blancos de entre los que salieron a recibirle a la playa. En la Polinesia, la historia se confundía con la religión. Siguió la pista de sus antepasados hasta Tiki, del que decían era hijo del Sol. Casi sin excepción en todas las islas, los hombres ilustrados podían enumerar el nombre de sus jefes hasta el primer desembarco y para memorizarlos utilizaban un complicado sistema de nudos hechos en cuerdas retorcidas. Todo esto no dejaría de ser una anécdota, salvo que los incas en el Perú lo hacían igual.

Thor Heyerdahl, fue profundizando en la cultura, mitología y lenguajes del Perú y descubrió que en una leyenda se hablaba del Rey-Sol Virakocha y que el nombre original era Kon-Tiki o Illa-Tiki que quería decir Sol-Tiki o Fuego-Tiki, extraordinariamente parecido a la Polinesia. Afirmaba que los monolitos hallados en la isla de Pascua se parecían mucho a los hallazgos encontrados en Sudamérica.

La conclusión que extrajo de todo esto es que, antiguamente, algunos habitantes del Perú se habían instalado en aquellas islas. Pero hay un pequeño problema: ambas zonas están separadas en la actualidad por unos 8.000 km de Océano Pacífico. ¿Era posible que hubiera habido algún tipo de puente o camino que hoy no existiera? Pues no. Los zoólogos dijeron que el estudio de insectos y caracoles encontrados en los Mares del Sur y en el Perú concluía que eran totalmente diferentes. Ambas zonas habían estado separadas durante toda la historia. ¿De dónde podían haber venido entonces los descendientes de esos hombres? ¿Podían venir acaso del Perú?

Plano de la Polinesia

En aquella época sólo existían balsas. Entonces, ¿era posible atravesar en una balsa el Pacífico hasta llegar a la Polinesia?

Heyerdahl se propuso demostrar que sí. Para ello, tenía que construir una balsa y reclutar una serie de personas que no conocía ni se conocían de nada. Escogió gente de lo más curiosa. Uno de ellos, incluso, dejó su trabajo para embarcarse; otro de ellos sabía todo sobre transmisores, pues había estado enviando mensajes desde Noruega durante la guerra; en fin, todo personajes que hoy llamaríamos “frikis”.

Se instaló en el Hogar de los Marineros Noruegos y aprendió de ellos que el oleaje y la mar gruesa no aumentan ni con la profundidad ni con la distancia a la costa; que en alta mar los barcos tienden a cabecear, pero que los pequeños bailan libremente en las olas sucesivas como las gaviotas. Habló con marineros que habían salvado sus vidas en pequeños botes después de un naufragio.

Construyeron la balsa con madera de un árbol llamado precisamente “balsa”. Es una madera que crece en el Perú y que cuando se seca es más liviana que el corcho. Tomaron doce enormes troncos de balsa y los transportaron hasta el lugar donde debía construirse la balsa. Habló con el entonces presidente del Perú, José Luis Pablo Bustamante y Rivero, y le pidió permiso para construir su balsa dentro de la Estación Naval de su país.

Para su construcción utilizaron materiales de la época. No se utilizó ni un solo clavo o alambre y todo fue atado con cabos de cáñamo. No pusieron baranda y el estilo fue de la época a excepción de unos tablones rompeolas en proa que más tarde se demostraron completamente innecesarios. Los técnicos navales no podían creérselo, incluso un almirante les dijo que no tenían ninguna posibilidad. Le preguntaron si tenía parientes vivos y, para mayor ánimo, le hicieron firmar un papel conforme liberaba a la Marina de toda responsabilidad.

Foto de la Kon-Tiki

Con gente como ésta, las situaciones cómicas se dan en cualquier momento, y más cuando son sinceros. Al pasar por la oficina de pasaportes uno de los compañeros de Heyerdahl que había recogido los troncos de balsa y los había llevado por el río tuvo una de esas situaciones:

– ¿Cómo se llama?
- Bengt Emmerick Danielsson.
- ¿En qué barco llegó al Perú?
- Verá usted … yo no he venido en barco, sino en canoa.
- Y ¿en qué barco va a salir del Perú?
- Bueno, el caso es … No voy a salir del Perú en barco, sino en balsa.
- ¡Qué me va usted a contar! – gritó el empleado con cólera tirando la hoja de papel de la máquina – ¿Tiene la bondad de contestar correctamente a mis preguntas?

En 1947, Heyerdahl y cinco compañeros zarparon del Callao y se dispusieron a cruzar los 8.000 km de mar que separan América de la Polinesia. Una balsa no se puede gobernar, sino que está a merced del viento, así que tomaron la corriente de Humboldt. A partir de aquí, el libro narra las peripecias sucedidas durante todo el viaje y cómo la experiencia les enseñó cosas que no hubieran podido imaginar. Los que tengan espíritu aventurero o sean apasionados del mar harán sus delicias del relato.

Como siempre, la filosofía sale en estas situaciones:

El mar contiene muchas sorpresas para quien tiene el piso a nivel de superficie y va navegando lenta y silenciosamente. Un cazador que se abra camino a través de la maleza en la floresta, puede regresar y decir que no se ve ninguna pieza. Otro, en cambio, si se sienta a esperar en un tronco, es posible que pronto comience a oír rumores y crujidos de hojas y ramas, y a ver asomarse ojos curiosos. Así es también el mar. Generalmente lo cruzamos con rugientes motores y golpes de pistón, levantando olas de espuma con la proa. Luego regresamos diciendo que no hay nada que ver en el océano.

Y es que el mar es un maestro que puede enseñar muchas cosas. Las provisiones que habían guardado en cajas de cartón recubiertas de una gruesa capa de asfalto resistieron perfectamente, mientras que las modernas latas herméticamente selladas cedieron por infiltración del agua salada. Aunque, en realidad, las provisiones no hubieran hecho falta.

Uno de los problemas en alta mar, a priori, es conseguir comida. El propio mar les dio de comer: los peces voladores se estrellaban contra la balsa y caían en ella. A veces, incluso, llegaban a chocar con ellos (y se enfadaban porque no iban directamente a la sartén). O bien se los comían, o bien los utilizaban como cebo para capturar otros peces más grandes. De hecho, fue raro el día que no encontraron peces voladores u otras especies que quedaron encima de la balsa por un golpe de mar.

El otro problema era conseguir agua. A los dos meses de viaje el agua que habían cargado se les había vuelto rancia. Ese problema quedaba resuelto por la lluvia. En los días muy calurosos, añadían al agua de lluvia entre un 20% y un 40% de agua de mar; pues no es líquido lo que necesita el cuerpo, sino las sales que pierde a través de la transpiración. Se entregaba cada día un litro de agua a cada hombre. Por si no fuera suficiente, los antiguos navegantes ya sabían chupar la linfa del pescado para calmar la sed, cosa que muchos náufragos también habían redescubierto durante la Primera Guerra Mundial.

Tuvieron todo tipo de aventuras, desde el encuentro con un tiburón ballena hasta peces que parecían de aguas profundas. Despertaron a Bengt para enseñarle uno de ellos y dijo: “No; peces como ése no existen”, se giró y se volvió a dormir. Habían sido los primeros en ver un ejemplar vivo de Gempylus serpens (este mismo Bengt se dedicó a leer durante el viaje los 73 libros de sociología que llevó consigo).

Otra cosa que les sucedió es ver pulpitos a bordo. Resulta que chupaban el agua por un tubo situado a lo largo de su cuerpo y luego lo soltaban bruscamente hacia atrás dando saltos enormes y cayendo algunos de ellos en la balsa. Vieron muchos tiburones. Al principio, al avistar uno, todos se alejaban del borde e iban rápidamente a por los arpones poniéndose en guardia. Al final cogerlos por la cola se convirtió en deporte(!). Hasta les acabaron dando sobras y desperdicios de comida.

En una ocasión, un par de ellos se subieron a un bote de caucho (atado con un cabo) y pudieron ver la Kon-Tiki desde la distancia. Se empezaron a reír tanto que as lágrimas les caían por sus barbas. Parecía un granero de Noruega en medio del mar. Por momentos, la Kon-Tiki desaparecía entre el oleaje y de golpe reaparecía en la cresta de la ola. Entonces se dieron cuenta de lo frágiles que eran y les hizo reflexionar sobre la sensación de seguridad que tenían dentro de la caseta: un curioso efecto psicológico.

Algunas veces salíamos también en el botecillo de goma para vernos de noche. Se levantaban por todas partes olas negras como montañas de carbón y una centelleante miríada de estrellas tropicales arrancaba un desmayado reflejo del plancton en el agua. El mundo era simple: estrellas en la oscuridad. Que fuera el año 1947 antes o después de Cristo, pronto careció de significado alguno. Vivíamos y nos sentíamos vivir con vigilante intensidad. Nos dábamos cuenta que para los hombres anteriores a la época de la técnica, la vida también había sido plena e intensa; en realidad, más llena y más rica en muchos aspectos que la vida del hombre moderno. En cierta forma, el tiempo y la evolución habían cesado de existir; todo lo que hoy era real e importante, lo había sido antes y lo seguiría siendo después. Estábamos sumergidos en la absoluta medida común de la historia, oscuridad sin fin e interrumpida bajo un enjambre de estrellas.

Un detalle inesperado del que se dio cuenta es de que existen cocos en la Polinesia: ¿podrían haber ido flotando desde el Perú? La Kon-Tiki les dio la respuesta: los que iban bañados por las olas se habían estropeado; sin embargo, los que iban sin que penetrara el agua, se conservaban perfectamente, así que los cocos no podían viajar solos y flotando a través del mar.

Llevaron un equipo de radioaficionado a bordo. Una noche, la señal fue captada por uno de Los Ángeles que intentaba comunicarse con otro en Suecia. Preguntó qué clase de aparato tenían, quién era y dónde vivía. Es bastante increíble si te dicen que vives en una balsa en medio del Pacífico, ¿verdad? Al final, lograron convencerle dándole detalles. Los pusieron en contacto con el jefe del Servicio Meteorológico de los EEUU, pues de esos sitios no existían informes meteorológicos ni estadísticas. Contactaron también con otro que vivía en las afueras de Oslo, cosa que sorprende si se tiene en cuenta que era un transmisor de 13 MHz que no podía producir más de 6 vatios de potencia. Hasta hablaron con el rey Haakon al que felicitaron desde la balsa por su cumpleaños.

Como los negativos de las fotos que hacían se estaban revelando mal pidieron consejo a sus nuevos amigos. La señal fue captada por uno aficionado a Holliwood, quien telefoneó a un laboratorio y obtuvo la respuesta. Tenían que enfriarlos, cosa harto compleja en medio del Pacífico cerca del Ecuador; pero Herman era ingeniero especializado en refrigeración, así que el problema quedó resuelto.

Después de 101 días de aventura llegaron al Atolón de Raroia, en el Archipiélago de las Tuamotu. Un día, se estiraron los seis en la arena de una playa. Uno de ellos trepó a un cocotero y bebieron de los cocos que cogió. Bengt dijo:

- El purgatorio estaba un poco húmedo pero el cielo es más o menos como yo me lo había imaginado.

Los polinesios que se encontraron fueron de los más hospitalarios y les ofrecieron todo lo que tenían. El jefe quiso ver el barco en que habían llegado y al ver los troncos de la Kon-Tiki exclamó:

- ¡Eso no es un barco, sino una pae pae!

Pae pae es el nombre que en la isla de Pascua significa balsa o plataforma. A modo de recepción oficial, se reunieron y les cantaron … ¡la Marsellesa! Nuestros héroes pudieron salvar a un niño nativo enfermo gracias a que pudieron ponerse en contacto con un médico y explicarle los síntomas y los medicamentos que llevaban (que incluía penicilina). Lo curaron. Los polinesios les dieron a cada uno de ellos nombres de sus dioses del pasado.

Para finalizar, acabo con el párrafo con el que empieza este libro, que ha sido traducido a no menos de 66 idiomas, y que lo resume de un modo magistral:

A veces nos encontramos en situaciones raras, sin saber cómo. Nos metemos en ellas paso a paso y del modo más natural, hasta que de súbito, cuando ya estamos enzarzados, el corazón nos da un vuelco y nos preguntamos cómo diablos pudo ocurrir aquello.

(Notas añadidas posteriormente a la lectura del libro)

No sé si las teorías actuales coinciden con lo que nuestro héroe pensaba, pero demostró técnicamente su posibilidad. Sea como sea, lo que sí está claro es que incrementó el interés por la historia antigua. Hizo otros viajes de los que intentaré documentarme para comentaros en otras historias. En los años 90 se interesó en las pirámides de piedra de las islas Canarias, fijó su residencia en Tenerife y fue uno de los grandes impulsores del Parque etnográfico de las pirámides de Güímar, situado al sur de la isla, que se inauguró en 1998. Thor Heyerdahl murió en 2002 víctima de un cáncer a los 87 años. Un asteroide recibió su apellido.

En cierta ocasión dijo:

Si me hubieran preguntado a los 17 años de edad si viajaría en el mar en una balsa, hubiera negado absolutamente esa posibilidad. A esa edad, sufría de fobia al agua.

Puede que eso mismo pensara su nieto, Olav Heyerdahl, quien el año 2006 y con 28 años volvía a repetir la experiencia de su abuelo. Animado por su padre (Thor Heyerdahl Jr., biólogo marino y oceanógrafo) partió de nuevo el mismo día y también desde el Callao pero exactamente 59 años después. Esta vez el viaje duró 85 días y fue en una Kon-Tiki mejorada que tenía por nombre Tangaroa.

Foto de la Tangaroa

Tres días después de regresar a Noruega fue al Museo Kon-Tiki de Oslo a contemplar la balsa de su abuelo.

Una familia de lo más aventurera, sin duda.

Portada del libro

Título: “La expedición de la Kon-Tiki”
Autor: Thor Heyerdahl

Otras opiniones sobre el libro:
http://www.grijalvo.com/articulos/k_heyerdahl_kon_tiki.htm

Un fragmento del libro:
http://www.elnavegante.com.mx/rev05/thor_heyerdahl.html

Más sobre Thor Heyerdahl:
http://www.playasperu.com/articulos/Heyerdahl.htm
http://www.turismoaventura.com/comunidad/contenidos/actualidad/act14.shtml
http://www.nuestromar.org/noticias/mar_calmo052006_del_peru_a_la_polinesia_en_balsa_y_por_un_sueno
http://www.terra.com/noticias/articulo/html/act473017.htm

Entrevista al hijo de Thor Heyerdahl (y padre de Olav)
http://www.enigmasperu.org/articulo.php?id=123



Hay 27 comentarios a 'La expedición de la Kon-Tiki'

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  1. #1.- Enviado por: werboitu

    El día 17 de diciembre de 2007 a las 15:52

    En Cantabría tenemos nuestro Thor Heyerdahl particular.

    El Santanderino Vital Alsar, que realizó varias travesías en balsa por el Pacífico y el Atlántico.

    En el parque de la peninsula de la Madalena en Santander se conserva la réplica de una de las balsas utilizada en estas travesias.

    Para quien le apetezca saber algo más:
    http://desdecantabria.blogspot.com/2007/11/vital-alsar.html

  2. #2.- Enviado por: LaloFG

    El día 17 de diciembre de 2007 a las 18:59

    Que interesante artículo, me encantó :)

  3. #3.- Enviado por: Ahskar

    El día 17 de diciembre de 2007 a las 21:21

    Otro libro a la lista de pendientes. Desde que me he vuelto asiduo a este blog, esta lista crece mucho más rápidamente que mi capacidad para vaciarla xDDD

  4. #4.- Enviado por: Smash

    El día 17 de diciembre de 2007 a las 23:08

    Una pregunta un poco tonta, ¿dónde comprar este tipo de libros de divulgación y curiosidades?
    Gracias

  5. #5.- Enviado por: Fernando

    El día 18 de diciembre de 2007 a las 00:12

    Hombre, decir que Thor y Kon Tiki no son conocidos en España es mucho decir. Los de mas de 40 que leímos el Reader´s Digest lo conocemos perfectamente, pero, ¿sabeis quien es Vital Alsar?. A lo mejor lo grave es que los españoles no sepamos quien es Vital y no que no sepamos quien es Thor.

  6. #6.- Enviado por: omalaled

    El día 18 de diciembre de 2007 a las 00:56

    werboitu y Fernando: no conocía a Vital Alsar, pero ahora sí :-) y gracias a la wikipedia me entero que se enganchó a los viajes ¡leyendo precisamente este libro!
    LaloFG: gracias. Me alegra saberlo.
    Ashkar: ¿verdad que es bonito leer?
    Smash: yo no los compro; los cojo de la biblioteca, los leo y los devuelvo. Si los comprara tendría que salir yo de casa para guardarlos :-) Pásate por alguna biblioteca y pregunta. Seguro que aunque no tengan un determinado libro te lo pueden traer.

    Salud!

  7. #7.- Enviado por: Traveler

    El día 18 de diciembre de 2007 a las 02:26

    Si, sus libros ya fueron publicados en Editorial Juventud. Imagino que serán reeditados. Tiene varios. Buen post y fenomenal blog, pero eso de que no era conocido en España…, normal, como tantas otras cosas, aunque editado lo estaba de sobra! Coincido con los comentarios acerca de Vital Alsar. Que lejos estan estos Señores de otros presuntos aventureros, léase Kitin Muños, Alvaro de Marichalar, etc… Un saludo a todos

  8. #8.- Enviado por: flexarorion

    El día 18 de diciembre de 2007 a las 08:13

    Sin duda Thor Heyerdhal es uno de los grandes autores y de los más conocidos durante las décadas de los 60 y de los 70. Que no lo conozcais demuestra una cosa. ¡que sois muy jóvenes!
    Hoy las ideas «difusionistas» de Thor Heyerdhal (con el que tuve varios contactos, incluyendo un intento de expedición a las Toamotu a buscar los restos de la «San Lesmes» –expedición de Loaysa en la que iban Juan Sebastián Elcano y Andrés de Urdaneta–, que por fin no pudimos hacer pues murió el principal promotor) están totalmente superadas. Los habitantes de la polinesia proceden del oeste y no del este. Las pruebas genéticas y lingüísticas lo demuestran sin lugar a dudas.
    Hoy Heyerdhal está totalmente desprestigiado. En todos sus libros insiste en un culto solar universal que se «difundió». Busca svasticas y las encuentra en todas partes. Para él la svastica es el signo del Sol.
    Una de las cosas buenas de Heyerdhal es que escribe muy bien (os recomiendo «Aku-Aku», a pesar de que mucas de las cosas que dice sobre la Isla de Pascua son falsas y, como historia de amor, os recomiendo «Fatu Hiva». El final hace llorar. El principio de «Aku Aku» es magistral. Pero no debemos confundir «escribir bien» con que lo que diga sea correcto. No lo es.
    Un ejemplo es lo de las pirámides Güimar, que no tienen absolutamente nada que ver ni con pirámides ni con nada por el estilo. Hay mucha documentación que demuestra que las pirámides eran zonas de almacenamiento de las piedras que salían de los terrenos pedregosos que se hicieron en el siglo XIX. Muy lejos de la leyenda…
    Un detalle: La Isla de Pascua está aproximadamente a 3 600 km enfrente de Valparaíso. Y mucho más cerca está la Isla de Juan Fernández (la de Robinson Crusoe).

  9. #9.- Enviado por: gus

    El día 18 de diciembre de 2007 a las 12:09

    Otro cuarentón que lo leyó de niño. Varias veces. Es una pena lo que algunos cuarentones que navegan ahora dicen sobre la diferencia entre lo que se lee en el libro y lo que puede encontrarse ahora en la mar. Recuerdo también la expedición de la Ra y el lamentable episodio de las pirámides de Güimar que cita Flexaorion, en el que se dejó embaucar por los políticos y espabilados de mi tierra. Vergüenza me da.
    Gracias por traer de nuevo el libro a mi memoria.

  10. #10.- Enviado por: Miski

    El día 18 de diciembre de 2007 a las 13:05

    Como cuasi-cuarentón que se precie conocía esta historia, pero no a través de ningún libro sino a través de un documental, de los de national geografic antiguos creo recordar…también había en casa una colección antigua de cromos de Nestlé que hablaban de la Kon Tiki. Otra cosa, en un post anterior se dice que los polinesios proceden del oeste y estoy de acuerdo, pero hay bastantes evidencias de que los habitantes de Sudamérica viajaron la Pascua, como la existencia de dos razas diferentes de pascuences, descritas por viajeros blancos, los dos tipos de moais, de orejas cortas y orejas largas , y la existencia de plantas usadas por el hombre y de origen sudamericano en el pacífico, como es el caso de la yuca.

  11. #11.- Enviado por: Macluskey

    El día 18 de diciembre de 2007 a las 13:21

    Los que peinamos canas sí que sabemos de Thor Heyerdahl; además se hizo bastante famoso en su tiempo (bueno, quizá exagero, digamos que relativamente famoso, y gracias) su viaje en la Kon Tiki en los ámbitos de las “Ciencias Ocultas”, donde se intentaba demostrar la inteconexión galáctica entre todas las culturas del mundo y bla, bla, bla.
    Me extraña que Iker Jiménez no hay dedicado aún algún reportaje a la Kon Tiki, para demostrarnos cualquier extrapolación plausible que se le ocurra al experto de turno, conectando con las líneas de Nazca, los moais de Isla de Pascua, las pirámides mayas, etc. O quizá sí que lo ha hecho y me lo he perdido, aunque, pensándolo mejor, lo extraordinario hubiera sido que SÍ lo hubiera visto…

  12. #12.- Enviado por: Mizar

    El día 18 de diciembre de 2007 a las 13:45

    Un artículo excelente, como de costumbre. Aunque yo creo que Heyerdahl sí es conocido, al menos yo sí que conocía su nombre y la aventura de la Kon Tiki, ha salido cientos de veces en documentales, revistas y referencias de libros.

  13. #13.- Enviado por: Peio garcía

    El día 18 de diciembre de 2007 a las 17:27

    Sin duda, Thor Heyerdahl está hoy superado y eso es bueno: la ciencia avanza sobre la base del ensayo y el error. Pero, al margen de sus más o menos plausibles teorías científicas, a muchos cuarentones nos dejó ese incalificable anhelo por la exploración y la aventura, teñido por la sana envidia que te produce leer acerca de alguien que ha conseguido llevar a cabo el sueño de su vida, algo por lo que muchos dejaríamos que nos cortaran un brazo… o cualquier otra extremidad.
    Realmente, la ciencia es la más poética de las aventuras… y si tiene lugar en los mares del sur, ni te cuento!

  14. #14.- Enviado por: Isod

    El día 18 de diciembre de 2007 a las 20:08

    Vaya, precisamente estuve hace unos años visitando las pirámides esas de Güímar (arrastrando a mi novia, que prefería ir a la playa). Después de la visita queda una cierta sensación extraña, de si todo aquello de verdad tenía un origen pre-colonización o “sólo” 150 años. Cada vez estoy más convencido de que es algo “magufo”, pero creo que la exposición que acompaña a las pirámides debía ser un poco más seria. A fin de cuentas, creo que estaba realizada por el Cabildo (institución pública).
    Lo más interesante, además, eran las reproducciones de las balsas y otras barcas que allí se encuentran. Y sí, en la tienda me compré el libro del que hablas, en una vieja edición de la Ed. Juventud. No lo he leído aún, pero después de tus comentarios supongo que caerá estas vacaciones.
    Un saludo.

  15. #15.- Enviado por: Pacapila

    El día 19 de diciembre de 2007 a las 01:08

    No es necesario peinar canas para conocer a Thor Heyerdahl en España, en alguna Facultad de Filosofía y Letras todavía se le menciona y se habla de sus expediciones :)

  16. #16.- Enviado por: omalaled

    El día 19 de diciembre de 2007 a las 01:15

    Traveler: muchas gracias. Es cierto: aquellos navegantes se aventuraban sin saber qué iban a encontrarse. Hoy día todo está mucho más controlado.
    flexarorion: ¿que lo conociste? Ostrás, pues cuéntate algo, que seguro que será interesante …
    gus: gracias a ti. Me da la sanesación que esto está lleno de cuarentones :-)
    Miski: gracias por la aportación. Después de leer el libro yo había quedado convencido que Thor tenía que tener algo de razón.
    Macluskey: es que Iker es de los cuarentones que no conocen a Heyerdahl :-)
    Mizar: gracias. Reconozco que yo sólo lo conocía por ese viaje que he citado. Me perdí los documentales …
    Peio: Realmente, la ciencia es la más poética de las aventuras…. Estoy totalmente de acuerdo con esa frase (la coletilla es cuestión de gustos :-) )
    Isod: pues disfruta del libro. Es muy ameno.
    Pacapila: me alegra que alguien no cuarentón lo conozca :-)
    Salud!

  17. #17.- Enviado por: Nelor

    El día 19 de diciembre de 2007 a las 11:10

    Me parece que soy casi el único que no conocía a Thor Heyerdahl… ¿quizá es porque aún no soy cuarentón? ;-)
    La historia es fascinante, al margen de sus hipótesis, me ha impresionado mucho la expedición y las aventuras que pasaron. Trataré de buscar el libro, aunque tengo una buena lista de títulos por leer (tengo que leer más, tengo que leer más…).
    A pesar de lo que he dicho arriba, la expedición de su nieto me sonaba de haberlo visto en la tele o haberlo leído en algún periódico. Y lo primero que me ha resultado familiar es el nombre Kon-Tiki, ya que es el nombre de la línea de ferry que va desde el puerto de Alicante a la pequeña isla de Nueva Tabarca (o isla plana) que hay frente al cabo de Santa Pola. Recuerdo cuando era pequeño que tan solo tenían 1 barco, el Kon-Tiki. Las últimas veces que he pasado por el puerto he visto que ya tienen una flotilla, cuya última adquisición es el Kon-Tiki V (o VI, no recuerdo bien). Seguro que el dueño de la línea ha leído el libro o sabe de Thor.
    El fomento de la lectura en Historias de la Ciencia, me parece fantástico!

  18. #18.- Enviado por: Consumidor irritado

    El día 20 de diciembre de 2007 a las 22:34

    Una historia interesante, su travesia tiene interes, pero el tema de las piramides de Guimar tiene un cierto tufillo fraudulento; demasiado lejos del rigor cientifico. Una pena que quien es capaz de hacer la azaña de navegar por el Pacifico termine con un tema tan cuestionable.

  19. #19.- Enviado por: flexarorion

    El día 21 de diciembre de 2007 a las 07:59

    #16.- Enviado por: omalaled…
    flexarorion: ¿que lo conociste? Ostrás, pues cuéntate algo, que seguro que será interesante …
    Yo he sido un apasionado de la Isla de Pascua, sobre todo por haber leído no tanto la «Kon-Tiki« como «Aku-aku». La isla de Pascua es un ejemplo de lo que ocurre cuando la humanidad supera la capacidad de un ecosistema.
    En uno e mis buceos por la apasionante historia española en el Pacífico tropecé con ciertos datos (The Lost Caravel, Langdom) que apoyaban la idea de que la Caravela «San Lesmes» (de la expedición de Loaisa en la que iban Juan Sebastián El Cano y Andrés de Urdaneta) se había perdido… y unos buceadores habían descubierto posibles cañones de la Caravela en las Toamotu.
    Quisimos ir a comprobarlo. Necesitábamos pasta. Fuimos a hablar con Thor Heyerdhal y nos prestó su nombre para hacer las solicitudes de dinero. Y la verdad es que fue eficaz. Una expedición en la que iba a ir Heyerdhal siempre era bien recibida. Lamentablemente, el principal promotor de la idea (del Consejo de Ancianos de la Isla de Pascua, aunque no era ni anciano, ni era de Pascua–era catalán–) murió de un cáncer. Hoy el polvo de su cadáver incinerado reposa en el «Ahu Tahai» de la Isla de Pascua. Dicho sea de paso, la primera postal que se vendió en la Isla de Pascua, era del Ahu Tahai y los clichés eran míos, se los regalé a los «Leones» de la Isla de Pascua.
    No hicimos el viaje que habíamos planificado al dedillo para poderlo hacer en 30 días de vacaciones.
    Toda la aventura de España en el Pacífico es sorprendente… Durante dos siglos fue el «mare nostrum»…
    Más arriba he hablado de Urdaneta. 2008 es el 500 aniversario de su nacimiento. Y hay que hablar de él. Descubrió el anticiclón del Pacífico, la corriente de Kuro Shiva y, con ellos fue capaz de trazar la ruta de vuelta (la tornavuelta) desde las Filipinas al Callao. Con ello se inauguró «el galeón de la China»…

  20. #20.- Enviado por: flexarorion

    El día 21 de diciembre de 2007 a las 08:32

    Miski decía: «pero hay bastantes evidencias de que los habitantes de Sudamérica viajaron la Pascua, como la existencia de dos razas diferentes de pascuences, descritas por viajeros blancos, los dos tipos de moais, de orejas cortas y orejas largas , y la existencia de plantas usadas por el hombre y de origen sudamericano en el pacífico, como es el caso de la yuca.»

    Lamento discrepar. Efectivamente hay dos razas, una de origen asiático y otra de origen maorí. (Hace un par de años escribí un artículo sobre el tema del origen asiático de los polinesios; no lo encuentro, pero aquí dice más o menos lo mismo: http://axxon.com.ar/not/153/c-1530217.htm) Los maorís eran de piel más oscura.
    Y en cuanto a lo que dicen los viajeros. ¡Cuidado! La Isla de Pascua la «descubrió» Roggeveen en 1722. Y allí había gente rubia. Los análisis genéticos (los de histocompatibilidad, realizados por Dausset, premio Nobel por haber descubierto la histocompatibilidad, y con el que yo que compartía «sillón» en la Asociación de Amigos de la Isla de Pascua, descubrió un haplotipo entre los «orejas largas» que sólo se da en el norte de Guipúzcoa y Sur de Aquitania (más concretamente Sare: Sara). Eso demuestra con poco lugar a dudas que navegantes vascos dejaron su impronta genética en la población de la Isla de Pascua. Y no se trata de extraterrestres; se trata de que durante los siglos XVI, XVII y XVIII se perdieron muchos barcos españoles en el Pacífico (Expedición de Niño, Expedición de Loaisa,…) y alguno llegó a Pascua y dejó su impronta genética.
    Una pequeña pincelada, anecdótica, que no significa nada si no va acompañada de muchas más pruebas, en Pascuense al perro se le llama pego (la nariz ancha polinésica no permite pronunciar la R) y un símbolo del poder de los orejas largas es un anillo de pelos de «spaniel», el perro que usaban los barcos españoles para el control de las ratas (el control de ratas es un tema digno de un «historias de la ciencia»: debía haber unas pocas, pues su huida de la bodega demostraba una inundación, pero no debía haber muchas pues eso acababa con el cargamento. Debía de haber un número exacto de ratas y de su control se encargaban los Spaniel y, en menor medida, los gatos. Ese perro no existía en la Isla de Pascua, ERGO alguien lo llevó.
    En cuanto a la «yuca» o «mandioca», efectivamente, hay algo raro. Podéis ver un artículo de Langdom, el mismo de «The Lost Caravel», aquí: http://links.jstor.org/sici?sici=0016-7398%28198811%29154%3A3%3C324%3AMALCKT%3E2.0.CO%3B2-6&size=LARGE&origin=JSTOR-enlargePage
    Pero no sé qué pensar. Lagndom es un viejo amigo mío, a cuya hija conocí en la embajada de Australia en París. Le preguntaré.

    Pero no hay nada raro en que la llevasen los españoles.

  21. #21.- Enviado por: josemi

    El día 26 de diciembre de 2007 a las 01:00

    Como dicen, Thor Heyerdahl si que es o fue conocido en España y por lo menos para mi, por el tema de los programas de Jimenez del Oso y similares.

    Me temo que Thor es mucho mejor como aventurero o escritor que como cientifico o historiador. Sus relatos estan muy ficcionalizados, lo cual es bueno para leerlos pero no sirve para avanzar el conocimiento, su legado cientifico es pobre, me temo.

    Su fama viene de que encajo muy bien con los tiempos, los 60, retorno a la naturaleza, la movida new age, etc etc, a lo mejor si lo hubiera hecho en los años 20 hubiera pasado desapercibido.

    Luego, como comentan, todavia se deslizo mas a la maguferia. Sin ser magufo del todo, por que creo que no habla de extraterrestres-dioses, ha estado embarcado en muchas teorias de pseudo-historia. Poe ejemplo, luego intento cruzar el atlantico con una nave “”egipcia”.

    Por cierto, se aproxima una tempestad de historia-esoterica a cuenta de los incas. La proxima de Indiana Jones tiene un tema relacionado con unas calaveras de cristal de los incas, que descubrio (en realidad, compro) un Thor de los años 20, un aventurero cazador de tesoros… pero no cientifico.

  22. #22.- Enviado por: alberto

    El día 30 de diciembre de 2007 a las 04:27

    ¿Creía Heyerdahl que si el llegaba con una balsa a la Polinesia demostraba la conexión entre Perú y esas islas? Me cuesta creerlo. Aunque él lo afirma. Pero su descripción del viaje es más la de un aventurero apasionado que la de un científico.
    Descubrí el libro a los 10 ó 12 años en la biblioteca de mi padre, junto a otras maravillas como la ascensión al Annapurna o la vuelta al mundo en solitario de Slocum. Ninguno me impresionó tanto como el de Thor. Tiene algunas de las mejores descripciones del mar que he leído nunca. Y me hizo proponerme que viajaría en velero de noche y si podía, desde America a Oceanía. Con 50 cumplidos sólo he logrado lo primero.
    Fue bastante anterior a la generación beat, a los hippies y a cualquiera de esos movimientos. De hecho viajó casi en plena posguerra. Que saliera en los programas de Jiménez del Oso sólo demuestra que su capacidad como divulgador era buena y su prestigio en medios no académicos también. Aunque le gustasen las teorías arriesgadas no era Iker ni nada parecido.
    Y una comparación, con perdón: las olas partieron las naves enormes -y absurdas- de totora de Kitín Muñoz. Thor explica como el tamaño pequeño de la balsa le permite subir y bajar con las olas gigantes del Pacífico sin sufrir daños. Él sí copió las balsas polinesias. Kitín no se sabe qué pretendía pero no se leyó con cuidado el libro en el que él mismo ha dicho siempre que se inspiró.

  23. #23.- Enviado por: josepzin

    El día 31 de diciembre de 2007 a las 14:10

    Muy buena la historia de la Kon Tiki!!

    Ya la conocía gracias a las Readers Digest que lía mi tía :)

  24. #24.- Enviado por: al Besti

    El día 14 de enero de 2008 a las 21:05

    Yo sí que leí este libro. Hace algunos años, una edición en tapa dura que cogí prestado de la biblioteca del pueblo. Me encantó, de verdad. Lo extraño es que estaba en la misma estantería que libros de misterio, ovnis y esoterismo, si no recuerdo mal. Cuando lo cogí, pensé que trataría de leyendas de la isla de Pascua o cosas así.
    En fin, que me llevé una grata sorpresa.

  25. #25.- Enviado por: estocasticom

    El día 15 de enero de 2008 a las 00:08

    Me lo tengo que leer,me lo tengo que leer,me lo tengo que leer……

    Dudo que lo tengan en la biblioteca de mi pueblo, pero hace tiempo que quiero probar como funciona el prestamo interbibliotecario y este libro me da una escusa perfecta.

    Por lo que he leido en los comentarios me lo tomare,por supuesto, como un libro de aventureros o expedicionarios mas que sobre ciencia.

    Por cierto, lo que decis sobre Thor Heyerdahl me recuerda mucho a Robert Heinlein, un escritor tan bueno que a veces te mete algunas ideas de indole un tanto totalitrista autoriatario (o incluso fascistoide) y al leerlas asientes con la cabeza y piensas si,claro…pero cuando lo pinsas realmente dies ¡¡eh!!, un momento…

  26. #26.- Enviado por: Juan Carlos

    El día 18 de enero de 2008 a las 02:59

    Felicitaciones por tus temas Omalaled, despues de tiempo vuelvo a visitar tu pagina y la veo muy renovada y con muchisimos mas temas interesantes, sigue asi.
    Con respecto a Thor Heyerdahl, pues mas podira considerásele dentro del grupo de los aventureros, lo cual no quieta para nada sus méritos y su investigación,así como la invalorable labor de difusión científica que tienen los aventureros o pioneros en algo, siempre suelen atraer mas al común de las personas y eso puede hacer que se interesen por lo que pasa en el mundo y no solo lo que ocurre en su pueblo o ciudad.
    Como peruano que soy, esa expedición fue un gran motivo de orgullo nacional pues demostró que si era factible el viaje desde las costas peruanas hasta la Polinesia. Tal como varios cronistas habian consignado de la hazaña del Inca Túpac Yupanqui (11vo. de la dinastía), el cual según crónicas de Cieza de León, Sarmiento, Molina y otros habría llegado hasta unas islas lejanas nombradas Aguachumbi y Ninanchumbi, viaje que le demoró 9 meses al Inca y sus séquito y de donde volvieron con nativos de color y aves exóticas. Cabe precisar que en muchas islas de la Polinesia se venera a un dios Tupa, proveniente del este de tiempo remotos, además de algunas plantas comestibles de origen sudamericano y de algunos Moais con orejas desproporcionadamente grandes (la nobleza Inca solia deformar sus orejas, de ahi el apelativo de “orejones” que les dieron los cronistas). Solo mayores investigaciones podrán determinar la veracidad de esas crónicas.
    Saludos desde el Perú

  27. #27.- Enviado por: Pasaba por aquí

    El día 23 de enero de 2008 a las 09:36

    Aunque Heyerdahl es el más conocido, no es el único miembro de la Kon-Tiki que escribió acerca de esa expedición. Yo encontré hace ya tiempo un libro de Erik Hesselberg que se yama «Kon-Tiki y yo» Está publicado por la Editorial Juventud y aunque supongo que a estas alturas será difícil de localizar, mi ejemplar es de 1984, resulta un sorprendente cambio de punto de vista. Ya que es una especie de diario del viaje con ilustraciones del autor que a mi personalmente me recuerda más al inicio de «El Principito» que a la «Kon-Tiki» de Heyerdahl. Aunque no por eso deja de ser una lectura interesante.