Niels Bohr

Publicado el 14 de marzo de 2007 en Historias de la ciencia por omalaled
Tiempo aproximado de lectura: 6 minutos y 31 segundos
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De Bohr ya os he hablado otras veces en 1, 2 y 3. Hoy os contaré más anécdotas sobre este gran personaje.

Ya os dije que Otto Frish le explicó que el núcleo de uranio se había fisionado y Bohr le dijo que esperaría a que lo publicara antes de decir nada. No puedo imaginar cómo debe sentirse uno cuando es una de las pocas personas en el mundo que tiene una valiosísima información. Al día siguiente de la conversación Bohr partía para los EEUU.

Primero le trasladaron en un “Mosquito” a través del Mar del Norte. Sumido en sus reflexiones sobre física no se dio cuenta que el piloto le decía que se pusiera la mascarilla de oxígeno, así que cuando llegó a gran altura se desvaneció. Luego tomó un barco para los EEUU. Durante el viaje explicó el asunto de la fisión a Leon Rosenfeld, que viajaba con él, pero se olvidó mencionar su promesa a Otto Frisch. En cuanto llegaron, Rosenfeld difundió la noticia a los cuatro vientos en Princeton.

En Washington se hizo una pequeña conferencia de física teórica. Ese día Niels Bohr era uno de los invitados y se desvió la discusión de un tema relativamente poco incitante a debatir si la fisión del núcleo podía llevar a cabo una liberación de energía nuclear a gran escala. Muchos físicos, Enrico Fermi entre ellos, se dieron cuenta inmediatamente de las implicaciones del descubrimiento. De hecho, Fermi subió a la pizarra y escribió algunas fórmulas relativas al proceso de fisión.

El corresponsal de un periódico de Washington había estado dormitando durante toda la conferencia pero en cuanto vio la situación despertó de golpe y empezó a tomar notas. Merle Tuve, otro físico nuclear, le señaló inmediatamente la puerta para que se marchara argumentando que lo que se discutía era muy técnico para él. Fue el primer paso en normas de seguridad en lo referente al desarrollo de la energía atómica. No obstante, lo que había oído salió al día siguiente en los periódicos. A la mañana siguiente, Robert Oppenheimer llamó a George Gamow para saber qué sucedía. Y así empezó el desarrollo de la bomba atómica.

Por otro lado los físicos corrieron a repetir las experiencias en diferentes universidades. En la Universidad de Columbia (New York), en la Carnegie Institution (Washington), en Baltimore y en Berkeley se realizaron casi simultáneamente las mismas experiencias. El New York Times atribuyó el descubrimiento a Columbia. Pero después de mucho esfuerzo Bohr consiguió que las prioridades fueran respetadas atribuyendo el mérito a Frisch que era a quien correspondía.

Da gusto ver cómo actúan las personas honradas.

Dicen los que le conocieron personalmente que es imposible definirlo a una persona que nunca lo haya conocido o trabajado con él.

De niño no parecía inteligente. Por si fuera poco, hablaba a medias debido, en parte, a un leve defecto del habla. Decían que al hablar no exponía una conclusión, sino que parecía perseguirla, pero cuando uno conocía el modo en que se expresaba era emocionante discutir con él, especialmente si discutía sus ideas. Eso sí, al discutir estaba en su mejor forma.

Afirman que tenía lentitud de pensamiento fuera en el tema que fuera, incluidas las reuniones científicas.

Cuando algunos físicos tomaban café o se ponían a jugar a ping-pong mientras discutían de física, aparecía Bohr diciendo que estaba muy cansado y que le apetecía “hacer algo”. Ese “hacer algo” era indefectiblemente ir al cine. Le encantaban las películas del oeste. Pero era terrible ir a ver con él una de ellas. No podía seguir el argumento y de vez en cuando soltaba preguntas del tipo: ¿Es esta la hermana del cowboy que mató de un tiro al indio que quiso robar un rebaño de ganado que pertenecía a su cuñado?.

Muchas veces cuando llegaba un físico visitante exponía brillantemente sus últimos avances en teoría cuántica. Todo el mundo lo entendía perfectamente, menos Bohr. Así que todos intentaban explicarle el razonamiento o el punto donde se había equivocado. En medio de la discusión, todo el mundo acababa por no comprender nada. Después de mucho tiempo, Bohr empezaba a comprender y resultaba que lo que él había comprendido era lo correcto y que lo que había dicho el físico visitante que había expuesto la idea estaba equivocado. Vamos, lento pero implacable.

Todos los textos que he podido encontrar de otros físicos hablando de él son, simplemente, palabras de admiración. Las que más me gustan pertenecen al impresionante Sheldon L. Glashow, Premio Nobel de Fisica en 1979, quien escribió:

Había también colegas de muchos otros países: de Finlandia, de Francia, de Noruega, de España, de Yugoslavia, de Italia (…) Todos habíamos ido a Dinamarca atraídos por la reputación y le personalidad de Niels Bohr.

El hombre que había formulado las leyes de la teoría cuántica era todavía un científico en activo y visible. En los seminarios nadie se atrevía a sentarse en la última butaca de la primera fila a la derecha, ya que estaba reservada a Bohr. Asistía a muchas charlas y siempre hacía preguntas pertinentes. Sostuve varias conversaciones con él en el comedor del instituto, pero apenas recuerdo ya lo que dijo. En ocasiones no sabía bien si hablaba en inglés o en danés. Aunque entendía sus palabras, el sentido exacto de lo que decía se me escapaba con frecuencia. Uno de sus dichos favoritos era “que la claridad de tus palabras no supere la de tus pensamientos”. Einstein había dicho de él: “Manifiesta sus opiniones como quien anda siempre tanteando y no como quien cree estar en posesión de la verdad definitiva”; la misma impresión me produjo a mí.

Al margen de que hablara con torpeza y de que hubiera desplazado sus intereses hacia los trascendentes problemas de la guerra, la paz, la filosofía y la política, haber conocido a Bohr es una de las experiencias más gratas de mi vida. Cada vez que empiezo un curso de historia de la física y de sus grandes maestros, Galileo, Newton, Maxwell, Einstein y Bohr, yo mismo me asombro al recordar que en cierta ocasión conocí a un hombre de tal categoría.

Una noche, volvían de cenar George Gamow, Fru Bohr (su esposa) y Cas Casimir, un físico holandés. Casimir era un experto escalador de fachadas y a menudo se le podía ver en la biblioteca encaramado cerca del techo en lo alto de los estantes de libros con un libro en la mano y las dos piernas estiradas.

Pues bien, cuando el grupo volvía por una calle desierta, la fachada de un banco, formada por bloques de cemento, llamó la atención de Casimir que escaló dos pisos. Bohr quiso igualar la hazaña y ascendió lentamente por la fachada de dicho banco. En aquel momento, dos guardias haciendo la ronda pasaron por la zona y se aproximaron rápidamente dispuestos a la acción. Miraron a Bohr, que estaba entre el primer y el segundo piso y uno de ellos dijo:

- ¡Oh!, no es más que el profesor Bohr.

Y ya completamente tranquilos continuaron con su ronda.

Es curioso observar cómo se mueven las instituciones cuando hay alguien por medio de la talla de Niels Bohr. Y es que desde que había huido de Dinamarca, más que como a un hombre, lo trataban como un arma secreta.

A su llegada a Nueva York, él y su hijo Aage iban acompañados por dos hombres del servicio secreto británico (sé lo que estáis pensando y no, no era James Bond uno de ellos). Sin que éstos lo supieran, dos agentes especiales del proyecto Manhattan se unieron a su vigilancia. Por si fuera poco se añadieron dos agentes del F.B.I. norteamericano.

Así que tenemos a seis hombres siguiendo a Bohr por todas partes. Al gran hombre le costaba mucho seguir los protocolos de seguridad. Dada su llaneza, amigo siempre de la libertad, escapaba de la vigilancia en cuanto tenía oportunidad. Los seis hombres pasaban auténticos apuros ya que a Bohr le gustaba cruzar la calle por aquellos sitios donde lo tenían prohibido los peatones. Imaginad cómo se lo tenían que montar para no perderle de vista sin, a la vez, infringir las normas de tráfico.

Encima, para mayor seguridad, le hicieron cambiar de nombre. Ahora no era Niels Bohr sino “Nicolaus Baker”. Eso es lo que le recordaron los agentes en el ascensor de un rascacielos cuando se encontró con la que había sido esposa de un colega suyo llamado Halban. Bohr desconocía que esta mujer se había divorciado pocos meses atrás.

- ¿No es usted la señora von Halban? – preguntó Bohr cortésmente.
- Se equivoca usted: ahora me llamo Plazeck.

En ese momento la mujer se volvió:

- ¡Pero si es usted el profesor Bohr!

Y Bohr, sonriendo y llevándose un dedo a los labios, replicó:

- Se equivoca usted: ahora me llamo Baker.

Fuentes:
“Biografía de la física”, George Gamow
“Los creadores de la nueva física”, Barbara Lovett Cline
“Interacciones” Sheldon L. Glashow
“Más brillante que mil soles”, Robert J Junk



Hay 12 comentarios a 'Niels Bohr'

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  1. #1.- Enviado por: Proximo

    El día 14 de marzo de 2007 a las 12:43

    Y pensar que además participó en los juegos olímpicos. Mens sana…

  2. #2.- Enviado por: Ferre

    El día 14 de marzo de 2007 a las 18:47

    No sé si ya lo conté alguna vez. Y, ¡cómo no!, tampoco me acuerdo dónde la leí (aunque vislumbro en la lejanía un número de la revista Cacumen. Bueno, por si acaso, ahí va. Viene a cuento de Bohr y sus preguntas sobre el Lejano Oeste. No sé si será verdad, pero…

    Parece ser que un día en su clase, se puso a demostrar por qué los buenos siempre vencen a los malos en los duelos con pistola en los Westerns. Ni corto ni perezoso, subió a un alumno a la tarima y le dijo que hiciera de malo (supongo que con tizas o algo así en vez de con pistolas). Bohr le vencía siempre. La explicación que daba era que el malo, por ser eso, el malo, saca el arma el primero y, por tanto, tiene que decidir cuándo hacerlo: es un acto voluntario. El bueno sólo tiene que observar cuándo el malo saca su pistola y, a su vez, sacarla él: acto reflejo. Como los actos reflejos son más veloces (llevarlos a la práctica) que los voluntarios, el bueno puede sacar la pistola más velozmente que el malo.

    También en aquél artículo hablaban de su lentitud de pensamiento, poniendo la siguiente anécdota como ejemplo. Una vez, encontrándose Bohr de visita en casa de unos amigos, por la noche se pusieron a hacer un crucigrama él, su amigo y la mujer de este último. Cuando se cansaron se fueron a acostar. Al cabo de un buen, pero buen rato, el matrimonio oye unos golpecitos (toc, toc, toc) en su puerta:

    - ¿Sí?

    - Sí, soy Bohr, sólo quería decirles que me acabo de acurdar de que el desierto con una sola vocal es Atacama.

    [Por supuesto, esta definición del crucigrama le ha puesto yo para ilustrar, la de Bohr sería algo similar]

    Saludos,

    Ferre

  3. #3.- Enviado por: omalaled

    El día 15 de marzo de 2007 a las 10:22

    Muy buenas. En el libro de Gamow, la ciudad es Ipswitch :-)

    Salud!

  4. #4.- Enviado por: Ana

    El día 17 de marzo de 2007 a las 00:10

    Que personaje!

  5. #5.- Enviado por: omalaled

    El día 18 de marzo de 2007 a las 12:20

    De lo mejorcito, ana :-)

    Salud!

  6. #6.- Enviado por: xisco

    El día 21 de marzo de 2007 a las 18:41

    Y ademas este Borg ganó 5 veces el torneo de Wimbledon

  7. #7.- Enviado por: omalaled

    El día 21 de marzo de 2007 a las 23:06

    xisco: Niels Bohr, no Björn Borg.

    Salud!

  8. #8.- Enviado por: Manu

    El día 23 de marzo de 2007 a las 20:51

    Leí hace tiempo, creo que sobre Bohr, una anécdota de su época de estudiante: parece que le plantearon un problema de cinemática y, en vez de dar la solución más inmediata y habitual, solucionó el problema de varias formas diferentes todas ellas válidas y no de la forma normal, lo que sorprendió a su maestro.
    ¿Alguien se acuerda de la dicha anécdota? ¿Donde podría encontrarla?
    Gracias.

  9. #9.- Enviado por: omalaled

    El día 23 de marzo de 2007 a las 22:56

    Hola, Manu: lo que dices lo tienes en este enlace pero, desgraciadamente, es una leyenda urbana. Y quien dijo, precisamente, que no era cierto, fue su hijo, Aage Bohr (también Premio Nobel de Física, el pájaro).

    Salud!

  10. #10.- Enviado por: Manu

    El día 26 de marzo de 2007 a las 18:04

    Muchas gracias Omalaled; a pesar de que la historia no es verídica, me voy a permitir el lujo de usarla con mis alumnos para hacer hincapié en la idea que se señala al final: “enseñarles a pensar”.

    Supongo que tendré el perdón por esta “mentira piadosa”. ;-)

  11. #11.- Enviado por: omalaled

    El día 27 de marzo de 2007 a las 01:25

    Por supuesto, ojalá todas las mentiras fueran como esa. Es un buen ejemplo para que aprendan que en ciencia las cosas se pueden hacer de muchas maneras. En este caso, averiguar la altura de un edificio.

    Salud!

  12. #12.- Enviado por: Miguel_CT

    El día 15 de abril de 2007 a las 10:11

    Muy buenas las historias de Borh, y el chiste con Borg :P.
    Un saludo!