Pasteur y las vacunas

Publicado el 14 de diciembre de 2006 en Historias de la ciencia por omalaled
Tiempo aproximado de lectura: 9 minutos y 2 segundos
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Hoy día las vacunas son algo habitual, pero tuvo que haber un hombre que nos lo mostrara y ese hombre fue de nuevo Louis Pasteur. Ya os he hablado de él otras veces: en 1, 2 y 3. En la última de ellas vimos una prueba de fuego en la que hacía una demostración ante los campesinos franceses introduciendo la pasteurización. Pues bien, para introducir las vacunas en la sociedad Pasteur tuvo que superar otra prueba de fuego y sobre ella os hablaré en nuestra historia de hoy.

Ya expliqué que por la década de 1870, Koch explicó al mundo los secretos del carbunco. Durante este tiempo, tuvo gran resonancia un método de curación inventada por un veterinario, Louvrier, en el este de Francia. Según las personas influyentes de la región, este hombre llevaba curadas centenares de reses que estaban al borde de la muerte, y dichas personas estimaban que ya era tiempo de que este tratamiento curativo recibiera la aprobación de la ciencia.

Al llegar Pasteur, escoltado por sus ayudantes, se encontró que la cura de Louvrier consistía en dar primero unas friegas vigorosas a las vacas enfermas, hasta que entrasen bien en calor; hacer después a los animales largos cortes en la piel, en los que vertía aguarrás, y finalmente, las vacas así maltratadas y mugientes, eran recubiertas, a excepción de la cabeza, con una capa de dos dedos de grueso, de estiércol empapado en vinagre caliente. Para que esta untura no se cayera, los animales, que a estas alturas preferirían seguramente haber muerto, eran envueltos por completo en una tela.

Pasteur dijo a Louvrier.

- Hagamos un experimento. Todas las vacas atacadas de carbunco no mueren: algunas se ponen buenas ellas solas. No hay más que un medio, doctor Louvrier, de saber si es o no su tratamiento el que las salva.

Trajeron cuatro vacas sanas, y Pasteur, en presencia de Louvrier y de una solemne comisión de ganaderos, inyectó en la paletilla a los cuatro animales sendas dosis de microbios virulentos de carbunco, en cantidad tal, que serían seguramente capaces de matar una oveja y los suficientemente elevadas para destruir unas cuantas docenas de conejillos de Indias. Cuando, al día siguiente, volvieron Pasteur, la Comisión y Louvrier, todas las vacas presentaban grandes hinchazones en las paletillas, tenían fiebre y respiraban fatigosamente, siendo evidente que se encontraban en bastante mal estado.

- Bueno, doctor – dijo Pasteur – de estas vacas enfermas, elija usted dos, que vamos a llamar la A y la B; aplíqueles usted su nuevo tratamiento, y vamos a dejar las otras dos, la C y la D, sin ningún tratamiento curativo.

Y Louvrier se ensañó con las pobres vacas A y B. El resultado fue un terrible descalabro para el que pretendía sinceramente ser curandero de vacas, porque una de las sometidas a tratamiento se mejoró, pero la otra murió, y, una de las que no había sido tratada también murió, pero la otra se puso buena.

 - Aun este mismo experimento podía habernos engañado, doctor Louvrier – dijo Pasteur – porque si hubiera usted sometido a tratamiento a las vacas A y D. en lugar de las A y B, todos hubiéramos creído que realmente había usted descubierto un remedio soberano contra el carbunco.

Quedaban disponibles dos vacas para ulteriores experimentos: animales que habían tenido un fuerte ataque de carbunco, pero que habían salido adelante. ¿Qué haría yo con esas vacas? se preguntaba Pasteur. Podía ensayar a inyectarlas una dosis aun más fuerte de bacilos de carbunco; precisamente, tengo en París un cultivo de carbunco capaz de hacer pasar un mal rato a un rinoceronte.

Pasteur hizo venir de París ese cultivo virulento, e inyectó en la paletilla cien gotas del mismo a las dos vacas repuestas del ataque de carbunco. Se puso a esperar, pero a aquellos animales no les sucedió nada, ni una mala hinchazón siquiera en el sitio de la inyección; las vacas permanecieron completamente indemnes.

Pasteur hizo una de sus conjeturas de tiro rápido: “Cuando una vaca ha tenido carbunco y sale adelante, no hay en el mundo microbio carbuncoso capaz de producirle otro ataque; está inmunizada. ¿Cómo producir a un animal un ataque ligero de carbunco, un ataque benigno, que no le matase, pero que le inmunizase con toda seguridad? Debe de existir alguna manera de hacer esto”.

Meses enteros persiguió esta pesadilla a Pasteur, hasta que un día la solución se le plantó delante. Estaba trabajando en 1880 con un microbio pequeñísimo, descubierto por el doctor Peroncito, que mataba las aves de corral de una enfermedad llamada cólera de las gallinas, y este microbio es tan diminuto, que aun bajo los objetivos más poderosos sólo aparece como un punto vibrante. Pasteur fue el primer bacteriólogo que obtuvo cultivos de este microbio puro, en un caldo de carne de gallina, y después de haber observado cómo esos puntos vibrantes se multiplicaban hasta convertirse en millones en unas cuantas horas, dejó caer una fracción pequeñísima de gota de ese cultivo en una corteza de pan, que dio a comer a una gallina.

A las pocas horas, el pobre bicho dejó de cacarear, rehusó comida, se le erizaron las plumas, y al día siguiente andaba vacilante, con los ojos cerrados por una especie de sopor invencible, que se convirtió rápidamente en la muerte. Roux y Chamberland se ocuparon de atender con todo esmero a aquellos diminutos microbios; día tras día introdujeron una aguja de platino bien limpia, en una matraz que contenía caldo de gallina lleno de gérmenes, y sacudían después la aguja húmeda en otro matraz con caldo exento de toda clase de microbios, obteniendo cada vez, nuevas miríadas de microbios procedentes, por supuesto, de los adheridos a la aguja de platino. Las mesas del laboratorio llegaron a estar atestadas de cultivos abandonados, algunos, viejos de unas cuantas semanas.

Aquí se hizo la luz. Pasteur dijo a Roux:

- Sabemos que los microbios de las gallinas siguen viviendo en este matraz aunque tengan ya varías semanas; pero vamos a probar de inyectar de este viejo cultivo a unas gallinas.

Roux siguió estas instrucciones, y las gallinas enfermaron rápidamente: se volvieron soñolientas y perdieron su acostumbrada vivacidad: pero a la mañana siguiente, cuando Pasteur llegó al laboratorio, dispuesto a hacer la disección a los animales, en la seguridad de que habrían muerto, los encontró perfectamente felices y alegres.

Al día siguiente, después de dejar a las gallinas a cargo del portero, Pasteur, Roux y Chamberland se fueron de vacaciones de verano, y cuando regresaron ya no se acordaban de aquellas aves.

Pero un día dijo Pasteur al mozo del laboratorio:

- Traiga usted unas cuantas gallinas y prepárelas para inocularlas.

- Monsieur Pasteur, sólo nos quedan un par de gallinas que no han sido utilizadas todavía. Acuérdese usted de que antes de marchar utilizó las mismas que quedaban, inyectándoles los cultivos viejos, y, aunque enfermaron, no llegaron a morirse.

- Bueno; traiga usted la pareja nueva que queda, y también otras de las que ya hemos utilizado; aquellas que pasaron el cólera y que se salvaron.

Un ayudante inyectó en los músculos de la pechuga de las gallinas nuevas y de las que habían pasado el cólera caldo que contenía microbios. Cuando, al día siguiente, entraron Roux y Chamberland al laboratorio, oyeron la voz del jefe, que siempre llegaba una hora antes o así, que desde el cuarto del piso inferior destinado a los animales, les gritaba:

- Roux, Chamberland: bajen ustedes enseguida.

Encontraron a Pasteur dando paseos delante de las jaulas de las gallinas.

- Miren ustedes. Las gallinas nuevas inyectadas ayer están muertas, como así debía suceder, pero vean ustedes ahora esas otras dos que pasaron el cólera después de haber recibido el mes pasado una inyección de cultivo viejo. Ayer les hemos inyectado la misma dosis mortífera, y la han soportado perfectamente, están alegres, están comiendo!

Roux y Chamberland quedaron perplejos durante un segundo.

Entonces Pasteur, con su característica impulsividad, se desató:

- Ya está todo aclarado! Ya he encontrado la manera de conseguir que un animal enferme ligeramente, tan ligeramente, que le sea posible reponerse. Todo lo que tenemos que hacer es dejar envejecer en los matraces los cultivos virulentos, en lugar de transplantarlos a diario a otros nuevos. Cuando los microbios envejecen se vuelven menos feroces; hacen enfermar a las gallinas pero sólo levemente, y al curarse éstas pueden entonces soportar todos los microbios del mundo, por virulentos que sean. Esta es nuestra oportunidad, este es el más notable de todos mis descubrimientos, lo que he hallado es una vacuna mucho más segura, mucho más científica que la de la viruela, enfermedad de la que nadie ha visto el microbio. Vamos a aplicar también este procedimiento al carbunco, a todas las enfermedades infecciosas. Salvaremos muchas vidas!

Desde luego, no fue un ensayo premeditado, pero había que estar allí y percatarse. No todos los científicos se hubieran dado cuenta tan rápidamente, a buen seguro; pero Pasteur se percató en cuanto lo vio. Contaba entonces con cincuenta y ocho años y el descubrimiento accidental de la vacuna que liberaba del cólera a las gallinas fue el comienzo de los seis años más atareados de su existencia, años de tremendas discusiones, de triunfos inesperados y de desengaños terribles. Al fin, tomó la decisión de jugársela:

- Ante la Sociedad Agrícola de Melum, y en la granja de Pouilly-le-Fort, voy a vacunar veinticuatro ovejas, una cabra y varias vacas. Otras tantas ovejas, una cabra y varias vacas quedarán sin vacunar, y después, en el momento preciso, voy a inyectar a todos estos animales los microbios de carbunco más virulentos de que dispongo. Los animales vacunados quedarán perfectamente protegidos, pero los no vacunados morirán seguramente a los dos días.

Pasteur hablaba con la misma confianza que un astrónomo anunciando un eclipse de sol.

Por fin, llegó el día decisivo, el 31 de mayo, y todas las cuarenta y ocho ovejas, las dos cabras y las varias vacas, vacunadas y no vacunadas, recibieron una dosis, seguramente mortal, de virulentos microbios de carbunco. Roux, arrodillado en el suelo y rodeado de lamparillas de alcohol y matraces de virus, asombró a la multitud con su técnica tranquila e impecable, inyectando el venenoso caldo a más de sesenta animales.

Pasteur pasó aquella noche dando vueltas en la cama, levantándose cincuenta veces, consciente de que toda su reputación científica reposaba en esta delicada prueba, dándose cuenta, al fin, de que había cometido la imprudencia y la valentía de consentir que un público frívolo fuese juez de su ciencia.

Era un evento histórico. Allí había consejeros generales, senadores, elevados dignatarios, etc. Vamos, todas esas personas que sólo se dejan ver en las bodas y los funerales de reyes y príncipes.

A las dos de la tarde entraron Pasteur y su séquito en el campo y hubo una ovación imponente; ni una sola de las veinticuatro ovejas vacunadas tenía fiebre: comían y triscaban como si siempre hubieran vivido a miles de kilómetros de un bacilo de carbunco pero, en cambio, veintidós animales de los no vacunados habían muerto y a los otros dos poco les faltaba.

- Mirad! Ahora cae otra de las ovejas no vacunadas por Pasteur! – gritó un veterinario, impresionado por el espectáculo.

Y así fue como Pasteur demostró la eficacia de las vacunas. No me digáis que para una prueba así no hay que tener agallas.
Visto el trajín viene al caso las hermosas y de rabiosa actualidad palabras de Claude Bernard:

Primero observación casual, luego construcción lógica de una hipótesis basada en la observación, y finalmente, verificación de la hipótesis mediante experimentos adecuados, para demostrar lo verdadero y lo falso de la suposición. …En las ciencias experimentales la medición de los fenómenos es un punto fundamental, puesto que es por la determinación cuantitativa de un efecto con relación a una causa dada por lo que puede establecerse una ley de los fenómenos….Cuando el hecho que se encuentra está en oposición con una teoría dominante, hay que aceptar el hecho y abandonar la teoría, aun cuando esta última, sostenida por grandes hombres, esté generalmente adoptada.

Y cuando Pasteur supo de estas palabras, afirmó:

Nada se ha escrito tan luminoso, tan completo y tan profundo sobre los verdaderos principios del difícil arte de la experimentación.

Fuentes:
“Cazadores de microbios”, Paul de Kruif
“La tragedia de la Luna”, Isaac Asimov
“Historias curiosas de la medicina”, José Ignacio de Arana
“Enciclopedia Biográfica de Ciencia y Tecnología (Tomo II)”, Isaac Asimov
http://es.wikipedia.org/wiki/Louis_Pasteur



Hay 15 comentarios a 'Pasteur y las vacunas'

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  1. #1.- Enviado por: alvarhillo

    El día 14 de diciembre de 2006 a las 16:00

    ¡Guau!, se me han puesto los pelos de punta. Desde luego hay un antes y un despues de Pasteur en lo concerniente al bienestar humano.
    Saludos.

  2. #2.- Enviado por: asimov

    El día 14 de diciembre de 2006 a las 17:19

    Buenos libros.

  3. #3.- Enviado por: omalaled

    El día 14 de diciembre de 2006 a las 23:28

    alvarhillo: y espera, que no es todo. Aún falta lo mejor de Pasteur, si es que lo ya explicado se puede superar :-)

    asimov: evidentemente, los libros escritos por ti son indispensables :-)

    Salud!

  4. #4.- Enviado por: Malambo

    El día 15 de diciembre de 2006 a las 03:16

    ¿Es verdad que Pasteur se arriesgó de tal manera ante ese tal Louvrier? Es un poco difícil de creer, ¿no?

    Digo, el procedimiento no es muy científico que digamos y él, aunque no estuviese en presencia de científicos, le debe haber resultado un procedimiento -por lo menos- muy incómodo.

  5. #5.- Enviado por: omalaled

    El día 15 de diciembre de 2006 a las 11:20

    Sí, Malambo, lo de Louvrier es verídico. Puedo entender poco científico por el número de vacas, pero al fin y al cabo era una primera prueba. De haber funcionado bien para Louvrier seguro que lo hubiera repetido una y otra vez, pero no entiendo por qué lo ves “incómodo”.

    Salud!

  6. #6.- Enviado por: asimov

    El día 15 de diciembre de 2006 a las 13:33

    omalaled ¿sabes dónde puedo conseguir en versión electrónica La Enciclopedia Biográfica de Ciencia y Tecnología de Isaac Asimov? Tengo los 4 tomos en versión normal, pero me gustaría encontrarlos en versión electrónica.

    salu2

  7. #7.- Enviado por: Malambo

    El día 15 de diciembre de 2006 a las 16:10

    Se me ocurre que debió sentirse incómodo por arriesgarse en una demostración con un procedimiento que podría haber dado cualquier cosa, como él mismo reconoce después:

    “…si hubiera usted sometido a tratamiento a las vacas A y D. en lugar de las A y B, todos hubiéramos creído que realmente había usted descubierto un remedio soberano contra el carbunco.”

    Me resulta extraño que, aún sabiendo las limitaciones del “método”, igual se hubiera arriesgado a llevarlo a cabo. Está bien, no estaba pidiendo fondos para investigación ni su prestigio estaría en juego frente a un charlatán y unos ganaderos, pero leyendo lo que cuentas después sobre el experimento que le había quitado el sueño en Pouilly-le-Fort, el 31 de mayo de 1881:

    “Pasteur pasó aquella noche dando vueltas en la cama, levantándose cincuenta veces, consciente de que toda su reputación científica reposaba en esta delicada prueba, dándose cuenta, al fin, de que había cometido la imprudencia y la valentía de consentir que un público frívolo fuese juez de su ciencia.”

    sospecho que en el primer caso, aunque sea un poquito incómodo debió haberse sentido.

  8. #8.- Enviado por: omalaled

    El día 16 de diciembre de 2006 a las 00:14

    Arreglado, Malambo. El problema es de blocat. A veces veo comentarios en el administrador que tardan en refrescarse en el blog. No pasa nada, ya me percato :-)

    Respecto a lo que comentas. Piensa que lo de Louvrier, quien se la jugaba no era Pasteur, sino el propio Louvrier. Era el método de este último el que iba a ponerse a prueba. Si hubiera funcionado, debes estar bien seguro que Pasteur hubiera pedido una y otra vez repetición del mismo. Pero al salirle tan redondo, no hizo falta.

    Lo curioso de la historia es que al quedar esas dos vacas inmunizadas quedaron años en la mente de Pasteur. Investigó esto durante años y en esa prueba de fuego, la de las vacunaciones, estaba en juego su reputación y si eso hubiera fallado lo hubiera pasado mal. Pasteur ya era muy conocido (ya había inventado la pasteurización y salvado la industria de la seda, cosa que no he explicado).

    EN fin que tal y como en el primero se la jugó Louvrier (que falló), en el segundo se la jugó Pasteur (que acertó).

    ¿Te he contestado?

    Salud!

  9. #9.- Enviado por: omalaled

    El día 16 de diciembre de 2006 a las 00:45

    asimov: no lo sé. Yo también los tengo pero no he podido encontrarlos en formato electrónico, aunque sí algún otro que vale su peso en oro. Si tú te enteras, pásamelo, que me interesa :-)

    Pero no voy a dejarte vacío. Tienes más de 300 libros tuyos (de Isaac Asimov, claro) en este enlace. Ya tienes para leer estas Navidades.

    Salud!

  10. #10.- Enviado por: asimov

    El día 16 de diciembre de 2006 a las 01:31

    gracias omalaled.

  11. #11.- Enviado por: Malambo

    El día 16 de diciembre de 2006 a las 20:20

    Satisfecho. Me has contestado, aunque…

    :)

  12. #12.- Enviado por: omalaled

    El día 16 de diciembre de 2006 a las 23:00

    Jo!, ¿es que nunca estáis contentos? :-)

    Salud!

  13. #13.- Enviado por: Nelor

    El día 18 de diciembre de 2006 a las 12:13

    Fantástica esta historia!!
    Además de que, si no lo he dicho antes, me gusta mucho tu forma de narrar los acontecimientos, de forma amena, interesante y fácil de leer.

    Saludos!
    PD: No me olvido del artículo sobre macrobiología que te prometí (este que has puesto, y otros muchos son de microbiología)

  14. #14.- Enviado por: omalaled

    El día 18 de diciembre de 2006 a las 15:37

    Bien, bien, bien :-)

    Este artículo, salvo pequeños trozos y el final, están así explicados en “Cazadores de Microbios” de Paul de Kruif.

    Bájatelo de aquí: http://www.educa.aragob.es/iescarin/depart/biogeo/varios/ciencia_Ebooks/.

    Es muy bueno.

    Salud!

  15. #15.- Enviado por: Iñaki

    El día 25 de diciembre de 2006 a las 02:12

    Hola, te he descubierto por casualidad y después de leer tres o cuatro artículos tuyos, opino que haces una labor genial. Entretenidos y muy instructivos… excelente. Animo y espero sigas así.
    A mis Bookmarks de cabeza que vas!!
    Un saludo desde Zamora.