Von Neumann según su hija
He dedicado muchas líneas de este blog a John von Neumann aquí, aquí y aquí. Hoy le dedicaré más. Os recuerdo que era un niño capaz de hablar latín y griego a los 5 años y apenas cumplidos los 6 de dividir mentalmente dos números de 80 cifras. Tenía una memoria extraordinaria: era capaz de repetir un cuento de Charles Dickens sin cometer ni un solo fallo habiéndolo leído un mes antes.
Dada su facilidad matemática, amplió sus estudios con los más destacados matemáticos de la época: George Polya y David Hilbert, que descubrieron inmediatamente que era un genio con una mente privilegiada.
Un colaborador suyo escribió de él: “No sólo es la mente más veloz que he conocido jamás, sino que además posee una inagotable disponibilidad para el diálogo y la cooperación, lo cual hace de él un colega inigualable; una insuperable brillantez expositiva, por lo que es sin duda un profesor excepcional (…) y una enorme simpatía personal para relatar historias, lo convierte de forma inmediata en el centro de atención en cualquier fiesta o reunión social.”
Es curioso cómo empezó a dedicarse a la computación. Estaba en la Universidad de Princeton, donde coincidió con Alan Turing los años 1937 y 1938. En ese momento, Neumann, que siempre estaba ante desafíos intelectuales, se estaba dedicando al desarrollo de túneles de viento supersónicos. Allí se dio cuenta que sin nuevas y poderosas calculadoras era imposible resolver los complicados cálculos que se derivaban. Necesitaban resolver muchas operaciones en poco tiempo. Pero el empujón definitivo lo tuvo cuando se encontró fortuitamente en un viaje de tren con Hermann Goldstine que trabajaba en la Escuela de Ingeniería Eléctrica de Moore. Ante la desconfianza del ejército, estaban realizando avanzadas investigaciones en el campo del cálculo automático. Goldstine lo cuenta con sus propias palabras:
“Con considerable temor me acerqué a esta figura de fama mundial, me presenté y empecé a hablarle. Por fortuna para mí, von Neumann era una persona cálida y amable que procuraba que la gente se relajara en su presencia. La conversación pasó enseguida a mi trabajo. Cuando se convenció de que yo estaba participando en el desarrollo de una computadora electrónica capaz de realizar 333 multiplicaciones por segundo (los informáticos no os riáis: ¡era 1944!), la atmósfera de nuestra conversación pasó de un relajado buen humor a una más propia del examen oral para un doctorado en matemáticas.
Poco después, ambos fuimos a Filadelfia para que von Neumann pudiese conocer el ENIAC (Electronic Numerical Integrator And Computer). Recuerdo divertido la reacción de Eckert, un joven de 24 años que era el jefe de proyecto y único investigador a tiempo completo del mismo. Al anuncio de nuestra visita dijo que descubriría si von Neumann era de verdad un genio con sólo escuchar su primera pregunta. Si era acerca de la estructura lógica de la máquina creería en von Neumann, en caso contrario no. Naturalmente, esa fue la primera pregunta de nuestro visitante.”
Neumann aportó todo su potencial al proyecto ENIAC, dándose cuenta de sus límites y propuso desarrollar el EDVAC (Electronic Discrete Variable Computer), su concepto de “cerebro electrónico” con la impresionante novedad de poder implementar el concepto de programa almacenado en memoria. Os recuerdo que el ordenador con el que seguramente estáis leyendo esta historia utiliza la arquitectura von Neumann.
Ahora bien, quiero entrar en otro tema más peliagudo ¿os imagináis ser hijo de un genio como este? ¿imagináis la presión tanto familiar como social que podría suscitar? ¿qué sucede si los hijos son, digamos, normales?
Es curiosa, en este aspecto, la relación padres-hijos cuando el padre ha sido uno de los grandes. Siempre ha existido el tópico de que los hijos deben continuar con la labor del padre. Respecto a esto deben existir montones de anécdotas familiares. Una muy graciosa es la de un gran matemático de Barcelona llamado Francisco Sales Vallés que siempre supo añadir divertidas historias a sus explicaciones de lógica o probabilidad. Con nada menos que once hijos ya mayores un día comentó a su mujer:
- Es extraño, ninguno de los once ha querido seguir mi carrera.
- No es extraño. Aquí el extraño eres tú - replicó su mujer bien convencida.
Pero, volviendo al protagonista de hoy, ¿quién mejor que su propia hija para explicárnoslo?:
(…) sin embargo, estaba también muy preocupado por el legado que dejaría en este mundo, sobre todo, en dos aspectos. Uno tenía que ver con sus contribuciones a la perdurabilidad de su obra, de sus contribuciones intelectuales: sorprendentemente, él estaba muy inseguro a este respecto. Es más -y pienso que esto es algo bastante interesante-, no creo que fuera demasiado buen profeta acerca de los caminos que seguiría la aplicación práctica de su trabajo de la que él fue pionero (…)
El otro punto que afecta a su legado era, por decirlo sucintamente, yo. Yo era su única descendencia y, al final de su vida, pareció darse cuenta de que se lo estaba jugando todo a una sola carta (…) por lo que me sometió a una fuerte presión en un intento de que yo alcanzara la cima de mis posibilidades, y no dudó en demostrar su decepción al ver el camino que parecía que yo estaba tomando. Yo me había casado joven, había dejado el colegio (…) estaba claro que él pensaba que no era una buena manera de empezar. Creía que una mujer que se casa joven se está, probablemente, privando de muchas de las oportunidades que tiene de realizar alguna contribución intelectual o profesión significativa (…)
Siento con todo el alma que no haya llegado a conocer a su nieto, que ha convertido su sueño de niño de seis años de encontrar algún día alguna cura para el cáncer (von Neumann murió precisamente de cáncer) en una carrera como biólogo molecular plenamente dedicado a la investigación química de la transmisión de mensajes intercelulares (…)
También siento mucho que no conociera a su nieta, quien tras haber evitado durante toda su carrera las asignaturas de ciencias, acabó por darse cuenta, después de obtener la graduación, de su interés por mejorar radicalmente el cuidado de la salud y de que para ello necesitaba indefectiblemente de la práctica médica.
Creo que John von Neumann se habría sentido tranquilo y gratificado al ver lo que había elegido su descendencia y la descendencia de su descendencia, que es dedicarse a lo que él consideraba lo más importante: utilizar nuestra capacidad intelectual al máximo de sus posibilidades para tratar de aprovechar cualquier potencial que permanezca oculto en nosotros.
No sé si es lo más importante para cada uno de nosotros, pero sí debería ser, al menos, importante.
Y después, vuestra descendencia no tiene por qué ser ni mejor ni peor que vosotros y tampoco tiene por qué seguir el camino que le hayáis trazado.
Fuentes:
“El curioso mundo de las matemáticas”, David Wells
“Eurekas y euforias”, Walter Gratzer
http://es.wikipedia.org/wiki/Arquitectura_von_Neumann
http://www.noucicle.org/arxiu6/etrillas_recuerdos.html
http://es.wikipedia.org/wiki/ENIAC
http://es.wikipedia.org/wiki/EDVAC





El día 21 de Agosto de 2006 a las 11:21
Como padre, comprendo perfectamente a von Newmann. Yo espero que mis hijos, todavía pequeños, lleguen a ser en primer lugar buenas personas, y a partir de ahí espero que desarrollen todo su potencial intelectual y que lleguen a ser personas de éxito personal y profesional.
Como hijo, comprendo perfectamente a su hija. Yo tuve la suerte de que mis padres aceptaron siempre que, tanto mis hermanas como yo, eligiésemos nuestra vocación libremente y nos apoyaron en ello. Algunas veces en mi vida me ha parecido ver en mi padre el gesto de quien no está muy contento con lo que ve, de quien considera que sus hijos no están llegando a donde realmente podrían llegar. Pero hoy, que mi padre ya es mayor y con achaques, veo lo feliz que se siente cuando está con sus nietos y los mira con los mismos ojos de esperanza puesta en ellos con los que me miraba a mí de niño.
Ésta es más bien una historia familiar que una historia de la ciencia. Me ha gustado.
Saludos.
El día 21 de Agosto de 2006 a las 15:50
Perdona omalaled, pero los primeros tres links no me funcionan :S Utilizo Firefox i normalmente siempre me van bien
El día 21 de Agosto de 2006 a las 16:22
Nada de perdonar … error garrafal mío. Ya están puestos.
Gracias
Salud!
El día 21 de Agosto de 2006 a las 19:23
Pues ahora no te pido perdón
Mira donde va a parar el segundo link
El día 21 de Agosto de 2006 a las 22:21
Jo!!! ¿qué puedo decir? El que vale, vale, y el que no, a escribir Historias de la Ciencia
¡A ver ahora que tal …!
Salud!
El día 26 de Agosto de 2006 a las 21:01
La paternidad y los espejos son abominables porque multiplican el número de los hombres.
Jorge Luis Borges