Napoleón y la ciencia
Hoy quisiera hablaros de Napoleón. Sí, sí: Napoleón Bonaparte. Como ya es sabido por todos, fue primero rebelde en Córcega y más tarde general francés, después emperador y finalmente desterrado. Pero no quiero hablaros de la parte histórica de la que seguro conoceréis todos mucho mejor que yo, sino de su curiosa relación con la ciencia. ¿Y qué tiene que ver Napoleón con la ciencia? Espero que lo sepáis al leer nuestra historia de hoy.
Para empezar fue un admirador y defensor de los científicos sin importarle el país de donde provenían y, por si fuera poco, existe el teorema de Napoleón cuya explicación dejo en manos de Tio Petros.
Estaba fascinado por la geometría y sentía una ilimitada admiración por los creativos matemáticos franceses contemporáneos suyos. Protegió a científicos del calibre de Lagrange y Laplace a quienes colmó de estímulos y honores. Ya os expliqué una graciosa anécdota entre ellos en el artículo Una bella hipótesis que explica muchas cosas.
Cuando llegó a emperador, apoyó vigorosamente la ciencia francesa en un intento para que compitiera exitosamente con la inglesa. Fue él quien impuso la educación superior y sometió a las escuelas a un control centralizado ampliando el sistema educativo libre, de manera que cualquier ciudadano pudiera acceder a la enseñanza secundaria sin que se tuviera en cuenta su clase social o religión. Cada estado disponía de una academia o instituto destinado a la promoción de las artes y las ciencias, al tiempo que se financiaba el trabajo de los investigadores, principalmente el de los científicos. Revolucionó de tal forma la enseñanza de las matemáticas en Francia que, según varios historiadores, sus reformas fueron las causantes de la aparición de matemáticos creadores del orgullo de la Francia decimonónica.
Gaspard Monge fue uno de esos matemáticos con quien se dice incluso que Napoleón mantuvo amistad permanente y uno de los matemáticos franceses que recibieron títulos de nobleza de Napoleón. Los más conocidos que recibieron títulos fueron el de marqués para Pierre-Simon Laplace y el de conde para Joseph Louis de Lagrange. Al igual que Monge, el joven Lorenzo Mascheroni también fue ardiente admirador de Napoleón, tanto, que su libro “Problems for Surveyors” tenía una dedicatoria en verso para el emperador. De hecho, el teorema de Napoleón tiene más pinta de ser de Mascheroni que no de Napoleón.
Ambos hombres se conocieron en 1796, cuando Napoleón invadió el norte de Italia, y llegaron a ser amigos. Un año después, cuando Mascheroni publicó su libro dedicado a construcciones con sólo compás, volvió a honrar a Napoleón con una dedicatoria, esta vez una extensa oda. Napoleón llegó a conocer a fondo muchas de las construcciones de Mascheroni.
Se dice que en 1797, Napoleón hablaba de geometría con Lagrange y Laplace y sorprendió a ambos explicándoles algunas de esas soluciones de Mascheroni que les eran totalmente desconocidas. Se dice que Laplace comentó: “General, esperábamos de vos cualquier cosa, excepto lecciones de geometría”. Sea esta anécdota supuesta o verdadera, lo que sí está claro es que dio a conocer la obra de Mascheroni a los matemáticos franceses. En 1798, un año después de la primera edición italiana, ya se había publicado en París una traducción de la Geometria del Compasso.
Cuando invadió Egipto en 1798, llevó consigo científicos para que investigaran la antigua civilización que allí había existido. Según algunos, reflejaba su devoción a los principios e ideas del entonces periodo de Ilustración; según otros, era una maniobra propagandística que sólo buscaba ocultar sus intenciones imperialistas. Fuera la razón que fuera, en esa ocasión se halló la piedra Roseta, con inscripciones en griego y egipcio que permitieron descubrir la clave de los jeroglíficos egipcios, lo cual significó aumentar considerablemente nuestro conocimiento de la historia antigua.
En 1802, tras estallar la guerra entre Francia e Inglaterra y después de un breve período de paz cayeron prisioneros unos cuantos ciudadanos ingleses. Se pidió a Napoleón que los dejara en libertad y estuvo a punto de negarse hasta que vio que entre los firmantes de la petición estaba Edward Jenner. El hombre de la viruela y su vacuna ya tenía por aquellas fechas fama mundial. Napoleón exclamó: “¡Ah, Jenner! Yo no puedo negar nada a ese hombre”, y los dejó en libertad.
En 1807 sus conquistas lo llevaron hasta Polonia. Expresó su sorpresa por el hecho de que jamás se hubiese erigido una estatua en honor de Copérnico y, como consecuencia, hizo construir una. Ningún sacerdote católico quiso hacerse cargo del oficio religioso durante la inauguración.
En 1810 estableció La Reale Scuola Normale de Pisa como contrapartida italiana de la Ecole Normale Superieure de París. Ambas instituciones tenían como misión atraer y desarrollar el talento de la juventud, cosas que ambas cumplieron perfectamente.
Una simpática anécdota de la hermana de Napoleón no relacionada con la ciencia y que no puedo resistir contarla es la siguiente (leída aquí):
La hermana de Napoleón, Paulina, era una mujer de gran belleza. Se casó con el príncipe de Borghese, poseedor de una de las mayores fortunas de Italia. Era una mujer moderna para su época y buena persona, además, pues dio muestras de su gratitud al emperador cuando le llevó sus joyas al destierro de la isla de Elba para que no tuviera, como hoy diríamos, problemas económicos. En Roma entabló amistad con el escultor Antonio Canova, a quien hizo un encargo muy especial. Le pidió que la esculpiera desnuda. Para ello posó ante el escultor durante varias semanas. Cuando Canova terminó la obra, una dama le preguntó a Paulina si no se había sentido molesta durante aquel tiempo. Y Paulina respondió ingenuamente:
- ¡Oh, no! El estudio de Canova tiene muy buena calefacción.
Pero volviendo al general, una curiosidad que no he visto en los libros de historia relaciona a Napoleón, la batalla de Waterloo y la erupción del Tambora. En abril de 1815, el Tambora, situado en la isla de Sumbawa, Indonesia, tuvo la mayor erupción volcánica de los últimos 10.000 años. El ruido se oyó a más de 2000 km de distancia. La erupción arrojó a la atmósfera 50 km cúbicos de materiales. Las puestas de Sol se volvieron brillantes, muy coloreadas y prolongadas y sus efectos se dejaron sentir en toda Europa. Esa “niebla seca” no se iba ni con el viento ni con la lluvia.
Todo ello causó un cambio climático que llegó a conocerse como “el año sin verano” (que explica muy bien el blog Tecnología Obsoleta en un artículo). Nevó en Inglaterra en pleno mes de junio. Las cosechas fueron inferiores a las de otros años. Para el 18 de junio de 1815 la temperatura media había caído unos 2 o 3 grados y las precipitaciones habían aumentado muchísimo.
Pues bien, la noche anterior a la famosa batalla había llovido mucho sobre la zona sur de Bélgica y los campos de Waterloo quedaron encharcados. Al amanecer del que iba a ser día de la batalla contra el duque de Wellington, Napoleón se dio cuenta que cualquier acción que comportara movimiento de tropas era impracticable. Se vio obligado a retrasar un día el ataque para que el suelo secara, tiempo suficiente para que llegaran los 45.000 hombres del ejército prusiano, al mando del comandante Blücher, que fueron quienes más castigaron el flanco este del ejército francés impidiendo el ataque frontal contra los británicos.
El propio Wellington, en un alarde de sinceridad, reconoció más tarde que “ha sido la victoria más traída por los pelos que he visto en toda mi vida”.
Ya veis cómo la explosión de un volcán cambió la historia. Los vencedores, Wellington y Blücher, celebraron felices el triunfo, pero no invitaron a su principal aliado: el Tambora.
Curiosa la relación entre Napoleón y la ciencia, ¿no?
Fuentes:
“De los números y su historia”, Isaac Asimov
“Atomos en mi familia”, Laura Fermi
“¡Esto es imposible!”, VVAA (Jesús Martínez-Frías y José Luis Barrera)
http://www.ciencianet.com/napoleonlaplace.html
http://www-etsi2.ugr.es/profesores/jmaroza/anecdotario/anecdotario-n.htm
http://tiopetrus.blogia.com/2004/051101-el-teorema-de-napoleon-bonaparte.php
http://centros5.pntic.mec.es/ies.victoria.kent/Rincon-C/Arte/Volta/Volta.htm
http://www.modestomontoya.org/articulos/1984/11111984.htm
http://latam.msnusers.com/SoloNapoleon/200aosnapolendescubreegipto.msnw
http://www.alpoma.net/tecob/?p=540








El día 10 de agosto de 2006 a las 01:33
Simplemente genial!
¿La cita de Wellington de dónde ha salido?
El día 10 de agosto de 2006 a las 01:55
Gracias!. Hubiera jurado que del tercer libro citado en fuentes … pero releyéndolo no he podido volver a encontrar la frase
Ahora estoy dudando de qué libro fue … ¡maldita sea mi memoria! Si la releo te lo diré.
Salud!
El día 10 de agosto de 2006 a las 11:39
Es mas tecnología que ciencia pero siempre me ha parecido importante. Napoleón ofreció 12.000 francos (una fortuna en aquella época) por un método para conservar los alimentos que necesitaba para sus ejércitos.
Nicolas Appert lo ganó inventando las conservas que hoy utilizamos constantemente.
Estupenda la entrada.
El día 10 de agosto de 2006 a las 22:56
Sería cuestión de ofrecer la misma suma a alguien que resolviera un problema actual … ¡quién sabe!.
Gracias por el detalle que, a buen seguro, me servirá en otras historias.
Salud!
El día 11 de agosto de 2006 a las 12:26
Se me han adelantado con lo de las conservas… también Napoleón fue indirecto precursor del sistema Braille al encargar un sistema viable que permitiese la comunicación en la oscuridad y en silencio, claro (su aplicación militar fue un fracaso pero fue reciclado por Braille) y más detalles de esta índole que no recuerdo además de los que ha contado tan maravillosamente. En realidad Napoleón fue el liquidador del Ancien Régime en toda Europa y el que implantó, de una determinada manera, la llegada del nuevo. Todas esas famosas diferencias que existen entre los británicos y el continente se deben a que el Reino Unido permaneció al margen de la “actividad” renovadora de Napoleón (sin ir más lejos: el Sistema Métrico, aunque fue directamente iniciado por la Revolución), son los británicos los que han conservado tradiciones que eran comunes a todo el continente y que Napoleón (o la Revolución que lo creó) se cepilló.
Pero lo que quería decir es, respecto a la campaña egipcia, que no es incompatible el imperalismo con todo este apoyo a la ciencia. Son cosas que en este caso “conspiraron” juntas.
El día 13 de agosto de 2006 a las 00:36
Tal vez en lo único en lo que falló Napoleón fue en no escuchar la propuesta de navios a vapor que traia para su armada Fulton, aun así con sus grandezas y miserias (como todo gran personaje) se ganó a pulso su lugar en la historia de Francia y del mundo, saludos Omalaled desde el Perú
El día 13 de agosto de 2006 a las 10:23
Ufff, no son incompatibles … Buena apreciación, Ego.
Juan Carlos, puede que Napoleón fallara con lo de Fulton, pero fue el argumento gracias al cual convencieron a Roosevelt para que iniciara la escalada armamentídtica que desembocaría en la bomba atómica. Está aquí. Y es que de los errores es de donde se sacan las mejores lecciones
Salud!
El día 13 de agosto de 2006 a las 12:10
En relación a los temas culinarios (ya leo que llego tarte al tema de las conservas) decir que ee le considera el responsable de la “popularidad” de la patata en Europa, era un buen alimento para sus tropas
El día 13 de agosto de 2006 a las 22:52
He de decir que habéis aportado más detalles en los comentarios que yo en el propio artículo. Me alegra verlo.
Salud!