La fuerza de la evidencia experimental

Publicado el 24 de noviembre de 2013 en Historias de la ciencia por omalaled
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Dicen que una imagen vale por mil palabras. Pues bien, extrapolo y afirmo: una prueba experimental vale por mil imágnes. Si no me creéis, os muestro un ejemplo de cómo puede ser así.

El septiembre pasado estuve en el evento Naukas 2013 donde tuve el placer y el honor de conocer en persona a Pere Estupinyà, quien nos dio la conferencia que tenéis en este enlace (os recomiendo mirarla). Lo que interesa de esa para la historia que os voy a explicar en este artículo es que el público está en modo parasimpático, mientras que el conferenciante está en modo simpático. ¿Y qué significa esto?

Cuando una persona está en modo parasimpático, está relajada, tranquila. Pero cuando una persona está en modo simpático está dispuesta para la acción. Según la wikipedia dilata las pupilas, aumenta la fuerza y la frecuencia de los latidos del corazón, dilata los bronquios, disminuye las contracciones estomacales, estimula las glándulas suprarrenales. Por ejemplo, podemos estar tranquilos en nuestra casa, en modo parasimpático, pero si aparece un ladrón por la puerta nuestro cuerpo entrará en modo simpático, o sea, que se prepara para la acción.

Pere nos explicaba que cuando estás en modo parasimpático (tranquilo, relajado) podemos tener una erección, pero si estamos en modo simpático (preparados para la acción), no podemos tenerla. Esto lo saben los científicos perfectamente y ahora también lo sabéis vosotros, con lo que puedo explicaros esta historia.

El investigador Giles Brindley ya había publicado varios estudios sugiriendo que la inyección directa de sustancias vasodilatadoras en el pene podía estimular la irrigación sanguínea y generar en segundos una rígida y duradera erección, pero su trabajo había recibido muchas críticas, y se escuchaban rumores de que las fotos de penes más o menos erectos en sus artículos de que las fotos de penes más o menos erectos en sus artículos podían estar amañadas.

Bien, allá por el año 1983 Brindley iba a dar una conferencia con el inocuo título “Terapia vasoactiva para la disfunción eréctil” (Vaso-active therapy for erectile dysfunction). Ya antes de la charla, Laurence Klot, uno de los residentes hambrientos de conocimientos que iba a asistir a la conferencia se encontró en el ascensor con el profesor Brindley. Notó que no iba apropiadamente vestido para dar una charla: vestía un chándal azul e iba algo nervioso. Debía haber alrededor de 80 personas en la audiencia, entre ellas las esposas de algunos urólogos.

La cuestión es que empezó su conferencia indicando que los agentes vasoactivos en los cuerpos cavernosos del pene podían inducir una erección. Utilizándose a sí mismo como sujeto de investigación había iniciado una serie de pruebas inyectándose diferentes vasodilatadores. Hoy día es algo habitual, pero en aquella época era algo inaudito. Las diapositivas que mostraba a la audiencia eran las de su pene en diferentes grados de tumescencia. Pero claro, esas fotos podían ser debidas a estimulaciones eróticas.

Entonces, Brindley explicó lo que os comentaba: que en medio de una conferencia no podía tenerse una erección, así que se apartó del estrado y se apretó el chándal para intentar demostrar que tenía el pene erecto. La sala quedó estupefacta. Bajó la vista con escepticismo hacia sus pantalones y sacudió la cabeza con disgusto. “Por desgracia, esto no muestra los resultados con suficiente claridad”, dijo. Así que se bajó los pantalones y calzoncillos dejando al descubierto un pene largo y delgado, claramente erecto. No había ni un ruido en la sala. Todo el mundo había dejado de respirar.

Pero la mera exhibición pública de su erección no era suficiente. Hizo una pausa, y pareció reflexionar sobre su siguiente movimiento. Luego dijo, con gravedad, “me gustaría dar algunos de los asistentes la oportunidad de confirmar el grado de tumescencia”. Con los pantalones en las rodillas, balanceándose por las escaleras, se acercó (para su horror) a los urólogos y sus esposas en la primera fila. A medida que se acercaba a ellos, meneando la erección delante cada uno de ellos, cuatro o cinco de las mujeres en las primeras filas levantaron sus brazos en el aire, al parecer al unísono, y gritaron en voz alta.

Los gritos parecieron incomodar a Brindley quien se subió los pantalones, volvió al escenario y acabó su conferencia. La audiencia se dispersó en estado de shock, y los urólogos que habían traído a sus esposas les tuvieron que darles unas cuantas explicaciones.

Brindley hizo grandes contribuciones al problema la disfunción eréctil, por lo cual merece una tremenda gratitud. Y también trabajó para otras áreas de la medicina. Tiene más de 100 publicaciones en diferentes áreas como la neurofisiología visual y otros aspectos de la neurofisiología, incluyendo la eyaculación y disfunción sexual femenina. También publicó un artículo notable estudio del efecto de 17 sustancias utilizadas para inducir la erección. Siete de ellas indujeron una erección. No está claro hasta qué punto el propio pene de Brindley sirvió como conejillo de indias para estos estudios.

Hay que reconocer que para hacer una cosa así hay que tenerlos muy bien puestos. En todos los aspectos.

Fuentes:
Me enteré de esta hstoria por el libro de Pere Estupinyà, La ciencia del sexo.
Hay más enlaces que la explican.

http://medtempus.com/archives/la-conferencia-medica-mas-apoteosica-de-todos-los-tiempos/
http://jralonso.es/2013/04/29/el-oxido-nitrico-la-viagra-y-la-charla-mas-asombrosa-de-la-historia/
http://naukas.com/2013/04/29/el-oxido-nitrico-la-viagra-y-la-charla-mas-famosa-de-la-historia/
http://elblogdebuhogris.blogspot.com.es/2006/03/experiencias-de-catedra-y-el.html
Y aquí está el original.



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