El legado de Mendeleyev

Publicado el 10 de Abril de 2006 en Historias de la ciencia por omalaled
Tiempo aproximado de lectura: 5 minutos y 31 segundos
Este artículo se ha visitado: 2,756 veces

¿Sabéis de dónde sale la tabla periódica de los elementos? Pues de jugar a las cartas. El protagonista principal de nuestra historia de hoy es un químico siberiano que se dedicó a jugar a cartas haciendo un solitario que le duró la friolera de 13 años. Claro que esas cartas no eran de la clásica bajara y las reglas del juego no eran las de siempre: ese solitario tenía su cierta gracia.
 
Aunque los elementos como el oro, plata, estaño, cobre, plomo y mercurio se conocen desde la antigüedad, no se descubrió el siguiente hasta 1669 cuando Henning Brand aisló fósforo de una muestra de orina. Desde ahí y durante los siglos XVIII y XIX hubo una avalancha de descubrimientos. A mediados del siglo XIX se conocían 63 elementos e incluso predecían la existencia de otros.
 
Aquí se planteaba una cuestión: si las especies animales se podían organizar en categorías basadas en características distintivas (como había hecho Linneo), ¿podría existir un orden similar para los elementos químicos incluso los que todavía habían de descubrirse?
 
El primero que intentó diseñar un sistema de clasificación de los elementos fue John Dalton. Propuso que la materia estaba compuesta de átomos de pesos distintos y que se combinaban en proporciones ponderales sencillas. En 1817 el químico alemán Johann Dobereiner se dio cuenta que el peso atómico del estroncio estaba a medio camino entre el bario y el radio y además tenía propiedades químicas similares.
 
De Chancourtois fue el primero en reconocer que las propiedades químicas se repetían cada 7 elementos, lo que incluyó el término “periodicidad”. En 1865 John Newlands escribió un artículo titulado “Law of Octaves” donde advirtió que existían muchos pares de elementos que eran similares pero diferían el peso atómico en algún múltiplo de ocho, igual que las octavas en música. Esto fue recibido con mofa pues comparar los elementos químicos con un piano era algo ridículo. No obstante, el detalle era real.
 
El camino estaba preparado para la entrada en escena de Dimitri Mendeleyev (1834-1907 que, por cierto que lo veréis escrito de diferentes formas como Dmitry, Mendeleev, Mendeléeff, etc). Era un hombre extraño. Algunos decían que se parecía a Rasputin y que sobrevivía a base de una dieta de leche agria.
 
Ya marcaba de adolescente. No quiso saber nada de latín o historia. No se amilanaba ante normas de institución alguna. En 1882 quiso librarse de un matrimonio sin amor para casarse con la mejor amiga de su sobrina mucho más joven que él. Pagó para ello a un sacerdote ortodoxo que le concedió una dispensa. Posteriormente el sacerdote fue expulsado y según la Iglesia ortodoxa era bígamo. Como a esas alturas era muy famoso el propio zar rehusó escandalizarse y dijo: “Mendeleyev tiene dos esposas. Es cierto, pero yo sólo tengo un Mendeleyev”. A medida que envejecía dejó de interesarle su aspecto personal. Un observador dijo de él que “cada cabello actuaba diferente a los demás”. Sólo se cortaba el pelo y la barba una vez al año.
 
A pesar de todo ello, era un científico consumado incluso obsesivo, filósofo y soñador. Decía que estaba “en la gloria de Dios esconder las cosas” (como el orden de los elementos) y añadía que “el honor de los reyes estaba en descubrirlas”.
 
Cuando se le nombró para una cátedra de química no pudo encontrar un texto aceptable para sus clases, así que escribió uno. En él propuso la sencilla idea de colocar los elementos químicos conocidos según el orden de sus pesos atómicos y para ello jugó a las cartas. Escribió en cada una de ellas el símbolo de un elemento, su peso atómico y algunas características. Por ejemplo: sodio: metal activo; argón: gas inerte; etc. Llevaba esas cartas a todas partes, incluidos sus viajes en tren. Uno puede imaginar qué pensarían los viajeros que iban con él.
 
Descubrió una cierta periodicidad: cada 8 cartas reaparecían propiedades químicas parecidas. Por ejemplo, el litio, el sodio y el potasio eran metales activos correspondientes a las posiciones 3, 11 y 19. Análogamente el hidrógeno, flúor y cloro correspondían a posiciones 1, 9 y 17 y eran gases activos, aunque eso ya se sabía.
 
Pero dio un paso más: los reorganizó dejando huecos blancos allí donde no existía un elemento que él esperara. Razonó que no todos los elementos tenían que estar descubiertos y era mejor dejar huecos para que futuros científicos los rellenaran. Pero no sólo eso: prefirió dar preferencia a las características del elemento y no a su peso atómico. De este modo corrigió muchos pesos atómicos mal obtenidos en la época.
 
Así, bajo el aluminio y el silicio quedaron huecos vacíos a los que él llamó “eka-aluminio” y “eka-silicio”. Y es que “eka” en sánscrito significa “uno”, así como “dvi” significa dos. Bajo el manganeso estaban el eka-manganeso y el dvi-manganeso. A partir de las características de los elementos que se encontraban en la misma columna pudo predecir con cierto detalle cuáles serían las propiedades de aquellos elementos desconocidos. ¿Fue aclamado por esas ideas? Pues no. De hecho, recibió muchísimas burlas por esos huecos en blanco.
 
Lecoq de Boisbaudran mostró en 1875 en la Academia de Ciencias de París un nuevo metal con una serie de características físicas y químicas. Se trataba del que conocemos actualmente como galio. En cuanto Mendeleyev tuvo noticia indicó inmediatamente que se trataba del eka-aluminio. Y lo más difícil todavía: Boisbaudran había anunciado 4,7 para la densidad y Mendeleyev dijo que no podía ser. Y tenía razón. Lo que sucedía es que las muestras medidas no eran lo suficientemente puras. Cuando el material se purificó más, dieron un valor algo más alto que era el esperado por Mendeleyev. Boisbaudran quedó estupefacto. En 1886 Clemens Winkler encontró otra sustancia que correspondía al eka-silicio y ese elemento quedó como germanio. También en 1879 se descubrió otro hueco a rellenar por el escandio.
 
Resultó que la chaladura de los huecos en blanco no era tal. Así como antes se habían reído de Mendeleyev ahora la risa se había transformado en admiración.
 
Aparte de ser el padre de la tabla periódica (que le fue de un año ya que Julius Lothar Meyer en ese tiempo creó una tabla idéntica de forma independiente) fue también agitador político y un gran defensor de sus alumnos de la Universidad de San Petersburgo. Cuando estuvo con ellos en una protesta hacia el final de su vida la administración lo echó. La policía llegó incluso a interrumpirlo en su lección final por miedo a que pudiera conducir a los estudiantes a una sublevación.
 
Tres años más tarde fue nombrado director del Gabinete de Pesas y Medidas. Por supuesto un hombre como Mendeleyev puso un estricto orden en todo ello igual que en la organización en los elementos.
 
Sus colegas, en vida, no llegaron a apreciarlo del todo. Seguramente por ello no ganó el Nobel pese a que vivió algunos años tras la institución del premio. Pero en cada aula de bachillerato, en cada laboratorio, en cada libro que se precie donde se enseñe química y en otros muchos sitios tenemos el legado de Mendeleyev.
 
Lo más bonito en esta historia es que, a su muerte, recibió el mayor honor que le cabe a un maestro: grupos de estudiantes acompañaron al cortejo fúnebre llevando en alto reproducciones de su tabla periódica.
 
Y, desde luego, si hay algo por lo que un científico pudiera sentirse especialmente orgulloso es porque sus sucesores y alumnos lo aprecien, valoren y recuerden por su obra, ¿no os parece?
 
Fuentes:
“La partícula divina”, Leon Lederman
“Descubrimientos científicos que cambiaron el mundo”, Leslie Alan Horvitz
“Los lagartos terribles y otros ensayos científicos”, Isaac Asimov
“Enciclopedia biográfica de ciencia y tecnología (Tomo)”, Isaac Asimov
“Historia de la ciencia”, John Gribbin



Hay 16 comentarios a 'El legado de Mendeleyev'

Subscribe to comments with RSS

  1. #1.- Enviado por: Ambros

    El día 10 de Abril de 2006 a las 09:00

    Me encanta esta historia. Igual que el anuncio de Halley de que un cometa llegaría en una fecha y con una trayectoria determinadas. Son estupendos ejemplos de “profecías” basadas en la ciencia, el trabajo y el estudio en lugar de las tonterías que podemos ver en cada periódico.

  2. #2.- Enviado por: Karlos

    El día 10 de Abril de 2006 a las 13:48

    A mi em va costar quasi UN ANY memoritzar-la. Un profe que vaig tindre em va fer escriure-la en un paperet que vaig portar tot el curs a la butxaca… clar, va entrar en la rentadora 2 o 3 voltes, així i tot la vaig aprendre.
    Hui no em preguntes perque només puc dir-te “sodio, potasio, litio, plata, rubidio, cesio i francio”
    TOMA! i de cap…eh?

  3. #3.- Enviado por: omalaled

    El día 10 de Abril de 2006 a las 18:53

    Hay una cosa, Ambros, que da fuerza a la ciencia y a las teorías científicas y es predecir resultados. Los que hablan de “diseño inteligente” no son capaces de predecir nada. Encima te deicen “que sólo es una teoría”. Bien, lo suyo, ¿qué es? Jeje, como diría

  4. #4.- Enviado por: Consumidor irritado

    El día 11 de Abril de 2006 a las 07:56

    Conocia alguna que otra anecdota suelta de la vida de Mendeliev, pero me ha encantado leerlas todas juntas y ¡perfectamente ordenadas!

  5. #5.- Enviado por: tecker

    El día 12 de Abril de 2006 a las 11:11

    Pues sí, un gran “visionario”. Además apuntar que en Rusia y algunos paises del este a la tabla periódica se le llama Tabla de Mendeleiev. Creo que sólo es por allí, pero a modo de reconocimiento, pienso que todo el mundo debería llamarla así o al menos conocer su origen.

    Como siempre un buen post, saludos.

  6. #6.- Enviado por: Bacharach

    El día 12 de Abril de 2006 a las 16:52

    Una lectura fascinante, como siempre, muchas gracias.

  7. #7.- Enviado por: omalaled

    El día 12 de Abril de 2006 a las 19:13

    No sabía, tecker, que en Rusia la llamaban todavía Tabla de Mendeleiev. Y estoy totalmente de acuerdo en que así debería llamarse.

    Muchas gracias, Bacharach.

    El comentario #3 anterior quedó cortado … y me he dado cuenta ahora.

    Ambros: acababa diciendo: como diría Pauli “sus teorías son tan confusas que ni siquiera puedo decir si son falsas o no”.

    Karlos: ja te’n recordes de més que jo ;)

    Salud!

  8. #8.- Enviado por: medi

    El día 18 de Abril de 2006 a las 11:54

    Hablando de química y música, un gran amigo de Mendeleyev fue el químico y gran compositor Borodin, juntos viajaron por Italia.

  9. #9.- Enviado por: omalaled

    El día 18 de Abril de 2006 a las 12:51

    ¡Andá!, sabía que Borodin era compositor, pero no químico y amigo de Mendeleyev. Esto se lo podemos dejar a Ferre.

    Salud!

  10. #10.- Enviado por: sayaka

    El día 20 de Abril de 2006 a las 00:08

    Aprovecho este post para recomendaros un libro, ya que no lo citas en la bibliografia. Se trata de “El Sueño de Mendeléiev (de la alquimia a la química)”. A pesar del título, no es sólo una biografía de Mendeléiev (utilizo la grafía del libro), sino que es otro repaso a la historia de la química.

  11. #11.- Enviado por: omalaled

    El día 20 de Abril de 2006 a las 00:11

    Pues mira, sayaka, no lo conocía. Pasa a engrosar mi lista pendiente de libros. Gracias

    Salud!

  12. #12.- Enviado por: Trasgu

    El día 22 de Abril de 2006 a las 16:52

    Me he permitido sacar en papel esta historia y entregársela a mis alumnops. Han disfrutado como enanos, sobretodo cuando es la primera vez que se enfrentan con la Tabla Periódica y se dan cuenta de los entresijos de su construcción. Lo del solitario de cartas y lo de cortarse el pelo una vez al año lo que más les llamó la atención. Pues eso, que les ha gustado y a mí también

  13. #13.- Enviado por: omalaled

    El día 22 de Abril de 2006 a las 23:01

    Me enorgullece saber, Trasgu, que estudiantes leen algún artículo de los que publico. Ojalá que en alguno de ellos pudiera lograr cambiarle la vida para dedicarse a la ciencia o para darles una visión general de lo que hacen los científicos.

    Salud!

  14. #14.- Enviado por: Morris

    El día 28 de Abril de 2006 a las 15:27

    Hola! Muy interezante el articulo, lo que me pregunto, no se si es una pregunta frecuente o talves debido a mi ignorancia hacerca del tema, lo que formulo es una simple y estupida pregunta.

    La duda que se me plantea es, porque se llama tabla periodica de los elementos, y no tabla periodica de los atomos?

    Les agardeceria si alguien me puede contestar.

    Saludos

  15. #15.- Enviado por: omalaled

    El día 29 de Abril de 2006 a las 00:23

    Ninguna pregunta es estúpida. Fíjate que el concepto “elemento” era conocido con mucha anterioridad que el concpto átomo. Ya se conocía desde la antigüedad algunos elementos, pero que la materia se componía de átomos fue una idea muy posterior.

    Lo que se intentaba en todo momento era organizar los elementos que se conocían.

    Salud!

  16. #16.- Enviado por: tania carolina

    El día 16 de Agosto de 2006 a las 23:35

    me encanto este documento,pues es interesant pues o los explica a todo el mundo de una formamuy entendilble,yestos cientificos todolo que trabajaron para qunosotros hoy en dia pudieramos disfrutar de algo tan maravillosocomo lo fue este invento.
    puesen mi opinion fue un invento muy buenoqu revolucionoalmndo.
    todo por un simple juego de cartas que por ciertotermino siendo un graninvento.