El mercurio (2ª parte)

Publicado el 29 de abril de 2013 en Curiosidades por omalaled
Tiempo aproximado de lectura: 8 minutos y 46 segundos
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Ya os hable en su día del mercurio (o azogue, como también se le llama en castellano, pero está en desuso) hace tiempo. EN nuestra historia de hoy os hablaré un poquito más de él y las historias de las que ha sido uno de los principales protagonistas. Ya os comenté que la primera vez que se registró mercurio sólido fue en 1759 y recordad que se hace sólido al llegar a -38ºC; así que para medir temperaturas más bajas necesitáis algún otro tipo de medición.

Es uno de los metales más conocidos de la antigüedad. Antes de él sólo se conocían el oro, la plata, el hierro y el cobre. Hay referencias al mercurio y al cinabrio (el mineral del mercurio más importante) en textos chinos e indios anteriores a nuestra era, y en Occidente ya hablaban de “plata líquida”. Personajes como Aristóteles, Teofrasto y Discórides ya hablaban de él. Este último, incluso, dejó escrita una descripción de la obtención del mercurio a partir del cinabrio.

Como todos sabéis, el mercurio es el único metal líquido a temperatura ambiente. Y esto es un hecho sorprendente. ¿Qué puede tener de particular este metal para tener esta propiedad? Pues no sería explicable de no ser por las efectos relativistas de la velocidad de los electrones. O sea que si algún día os preguntáis por alguna consecuencia de la teoría de la relatividad, os basta mirar un poco de mercurio líquido (para saber más de este tema, leed aquí y aquí).

El mercurio también fue uno de los protagonistas allá por el 1911 de un tal Heike Kamerlingh Onnes confiaba. Este físico holandés sabía que la resistencia eléctrica se reduce en los metales al bajar la temperatura y así empezó a bajarla más y más. Hasta que llegó a 4,12 Kelvin (-269 ºC) y la resistencia desapareció por completo. Vamos, que aquello era un conductor ideal. Acababa de descubrir la superconductividad.

Es uno de los elementos más sectarios: sus átomos no quieren juntarse si no es con otros átomos de mercurio, y minimizan el contacto con el mundo exterior apelotonándose en una esfera. Una de las propiedades curiosas del mercurio es que es capaz de disolver otros metales. Las “disoluciones” están formadas por un disolvente y uno o varios solutos. La mayor parte de dichas disoluciones son líquidas y el disolvente más común es el agua. Pero los metales no se disuelven en agua. Sin embargo, el oro y la mayor parte de los metales (con excepción del hierro) sí se disuelven en mercurio formando unas disoluciones llamadas amalgamas.

Este proceso es, además, reversible; o sea, que si eliminamos el mercurio, volvemos a encontrar el metal inicial. Esta capacidad de formar amalgamas es la base de varias aplicaciones del mercurio. La más antigua es la extracción de plata y oro de los minerales en los que aparecen mezclados con otros elementos.

También ha sido muy frecuente el uso de amalgamas de mercurio como relleno de los empastes dentales, formados por mercurio, plata y estaño. Para ciertas cantidades, al principio la amalgama es líquida, pero al cabo de un cierto tiempo fragua, es decir, se hace sólida y al hacerlo se adapta perfectamente a todos los recovecos que la caries había dejado en la muela. Una vez fraguada puede permanecer allí durante años. Este método se inventó en el año 1830 y ha sido objeto de grandes controversias. Se ha empleado masivamente en Europa y EEUU durante casi 200 años y no parece que haya habido alteraciones significativas por ello. Hasta principios del siglo XXI no se han podido obtener materiales libres de mercurio con prestaciones similares.

Otra propiedad significativa es que su volumen aumenta mucho con la temperatura, por lo que se ha utiliza en los termómetros clínicos. También tiene otra propiedad maravillosa: su alta densidad. Un litro de mercurio pesa tiene una masa de unos trece kilos y medio. Esta fue la propiedad que aprovechó Evangelista Torricelli para diseñar el primer barómetro. ¿Y por qué hace falta un material tan pesado para ello para medir el peso de algo tan ligero como el aire y no puede hacerse, por ejemplo, con agua? Pues porque la atmósfera tiene más de 10 kilómetros de altura y pesa bastante aunque el aire sea muy ligero. Si lo hiciéramos con otro material más ligero necesitaríamos mucha más altura del tubo.

Una vez que el mercurio entra en el cuerpo se distribuye por el torrente sanguíneo y se acumula en varios tejidos, como músculos, hígado, riñones y huesos. Se elimina rápido de los dos primeros, pero no de los otros. Donde más daño hace es en el cerebro porque altera el funcionamiento de las neuronas. Sus efectos no son inmediatos, sino que pueden tardar en aparecer semanas o meses.

Se han dado casos de personas que tomaron grandes cantidades, hasta una o varias tazas, o trabajadores que robaban mercurio de la fábrica, bebiéndose uno o más kilos sin sufrir apenas daños. Ello se debe a que menos del 0,01% del mercurio metálico que se traga es asimilado por el tubo digestivo. Pero vivir en una habitación poco ventilada donde haya vapores de mercurio sí es peligroso, ya que el 80% del respirado pasa a la sangre a través de los pulmones. Ello es posible ya que, como todo líquido, se evapora. El problema del mercurio es que no podemos detectarlo por su olor, como podríamos hacerlo con el vinagre, por ejemplo, y no avisa cuando entra en los pulmones. Dichos vapores de mercurio deshilachan los “cables” del sistema nervioso central y agujerean el cerebro igual que la enfermedad de Alzheimer en estado avanzado.

Ha habido muchas intoxicaciones con mercurio. Se utilizaba en cierres flexibles en recipientes que contenían gases. Por un lado impedía la entrada de aire a los matraces y por otro los gases podían burbujear a través de él si la presión aumentaba mucho. El problema es que esas burbujas se llevaban algo de mercurio a la atmósfera del laboratorio, donde acababa en los pulmones de los científicos. Alfred Stock publicó un artículo donde explicó todo el historial de la intoxicación en su propio cuerpo y después de recuperarse dedicó gran parte de su trabajo a controlar la contaminación mercurial en el laboratorio, diseñando aparatos de medida que permitían detectar pequeñísimas cantidades de ese vapor en el aire.

Todos los alquimistas sin excepción utilizaron el mercurio como uno de sus reactivos fundamentales de sus experimentos. Es sorprendente que muchos de ellos murieran a edades avanzadas, pues los vapores que desprende el mercurio son extraordinariamente tóxicos. Puede que dedicaran más tiempo a hacer teoría que no experimentación.

El alquimista más conocido que era usuario asiduo del mercurio fue Isaac Newton. Aparte de ser conocido por sus trabajos científicos sabemos, por sus diarios, que realizó varios experimentos con mercurio, lo disolvió en ácido nítrico y, lo que es mucho más peligroso, lo calentó en un horno junto a otros metales. También sabemos por su asistente que pasaba noches enteras en su laboratorio realizando experimentos de alquimia.

Por aquella época mantuvo discusiones especialmente virulentas con Robert Hooke y Leibniz. Ya era conocido el mal carácter de Newton y que no aceptaba las críticas a su trabajo que llevaba al terreno personal, pero por aquella época se llegó a dudar de su salud mental. En cartas que escribiría posteriormente a sus amigos S. Pepys y J. Locke, les pidió disculpas por su extraño comportamiento anterior.

Se sabe también que esa misma época padeció insomnio, pérdida del apetito, manía persecutoria y extrema irritabilidad. Todos esos síntomas corresponden a un envenenamiento crónico por mercurio. Pero no sólo hay esas pruebas. A principios del siglo XXI se encontró un trozo de papel que contenía una supuesta firma manuscrita de Newton que mostraba la inseguridad en el trazo típico de las personas que sufren este tipo de envenenamiento. Por otro lado, esta hipótesis resultó avalada por los resultados de un análisis de activación de neutrones de varios cabellos del científico. En la época de Newton era costumbre guardar una muestra de pelo de las personas, particularmente si eran famosas, que solía tomarse al morir. Pues bien, en aquellos cabellos había una cantidad de mercurio quince veces superior al promedio actual. Y aún más, en otro pelo encontrado en uno de los diarios de Newton, que se supone que era de él, había una cantidad de mercurio cincuenta veces superior.

No obstante, el mercurio era uno de los medicamentos más usados contra la sífilis y muchas enfermedades de la piel, por lo cual, se ha encontrado en el pelo de muchos coetáneos de la época que nada tuvieron que ver con la alquimia. Sea como sea, a él no pareció afectarle demasiado, pues diez años después de aquella época de locura fue nombrado Presidente de la Rotal Society y poco después, elegido miembro del Parlamento (aunque para esto último ya se ve hoy día que no hace falta tener muchas luces; lo siento, no he podido evitar el comentario). Por otro lado, murió a los 84 años, una longevidad extraordinaria para la época.

Otro uso masivo del mercurio fue el timerosal, que era conservante de vacunas desde 1930. Y así se utilizó durante más de 50 años. En la década de 1980 se publicaron en EEUU resultados de estudios que lo relacionaban con un espectacular aumento del autismo en ese país. Cuando se descubrió que los médicos que dirigían esos estudios estaban financiados por las compañías de seguros de los padres autistas. En la década de los 1990 se estudiaron 100.000 niños en Gran Bretaña y 500.000 en Dinamarca, y ambos estudios independientes descartaron cualquier relación. Aun así, para recuperar la confianza de los padres, en Japón y EEUU se eliminó el timerosal como conservante de vacunas en 2000, así como en Gran Bretaña en 2004. Pero el tema se coló hasta 2008 en la campaña presidencial de EEUU. Tanto Obama como McCain afirmaron que su uso era nocivo para la salud.

El mercurio llega hasta los últimos rincones del planeta y está presente tanto en la atmósfera como en los océanos. Se concentra también en peces que nos comemos, como el atún y el pez espada. Una gran parte del que se emite a la atmósfera, unas 50.000 toneladas por año, procede de erupciones volcánicas, pero hay otra parte sustancial que no se ha medido aún con precisión. También procede del empleo de combustibles fósiles como el carbón.

En los últimos cinco siglos la concentración de mercurio en la atmósfera no ha hecho más que aumentar y, particularmente, en los últimos 25 años en los que se ha medido con precisión, la concentración ha aumentado a razón de un 1% anual. Debido a ello, en EEUU, Japón y Europa se hizo una normativa para eliminar su uso. Hay varios países europeos donde los termómetros clínicos de mercurio ya no se venden desde el año 2000.

En agosto de 1996, una investigadora llamada Karen Wetterhahn, estaba trasvasando una pequeña cantidad de dimetilmercurio. Unas gotas le cayeron en la mano. Llevaba la bata de laboratorio, gafas y guantes, así que no le dio importancia. Siguió con su vida normal, pero en enero del año siguiente empezó a sentir cosquilleos en los dedos de los pues y las manos, dificultad para hablar y visión borrosa. Le diagnosticaron una intoxicación por mercurio al encontrarle niveles 50 veces superiores a los considerados tóxicos. No se pensó en aquellas gotas hasta analizarle unas muestras de pelo que confirmaban que el aumento había tenido lugar en agosto del año anterior. Se comprobó que los guantes de látex eran trasparentes a aquel compuesto. Murió en junio de 1997, menos de un año después.

Así que ya veis que su toxicidad no la tenemos, ni mucho menos, controlada y que es una cosa que nos debemos tomar en serio. Recordad, por favor, tirar las pilas que contienen mercurio en el lugar correcto. Es un bien para todos.

Fuentes:
Adela Muñoz Páez, Historia del veneno.
Sam Kean, La cuchara menguante.



Hay 10 comentarios a 'El mercurio (2ª parte)'

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  1. El día 29 de abril de 2013 a las 12:09

    [...] "CRITEO-300×250", 300, 250); 1 meneos   El mercurio (2ª parte) http://www.historiasdelaciencia.com/?p=1457  por enxebere hace nada El alquimista más conocido [...]

  2. #2.- Enviado por: Antonio Gregorio

    El día 29 de abril de 2013 a las 18:50

    Todo bien, pero el peso, mejor darlo en sus unidades, N, mejor que en unidades de masa, kg.

  3. #3.- Enviado por: omalaled

    El día 29 de abril de 2013 a las 20:16

    Antonio Gregorio: tienes toda la razón. He cambiado “pesa” por “que tiene una masa de”.

    Y gracias por el aviso.

    Salud!

  4. #4.- Enviado por: Malonez

    El día 1 de mayo de 2013 a las 09:17

    Vaya! Tantos años criticando el mal carácter de Newton y ahora va a resultar que el pobre estaba enfermo!

    Genial artículo, como siempre.

  5. #5.- Enviado por: Francisco de Paula

    El día 2 de mayo de 2013 a las 07:29

    Muy buen artículo. Muy interesante.

  6. #6.- Enviado por: Pablo

    El día 4 de mayo de 2013 a las 15:23

    Impresionante artículo, muy esclarecedor y con muchos datos que no conocía. Felicidades.

  7. #7.- Enviado por: Cosme Fulanito

    El día 4 de mayo de 2013 a las 21:18

    Entonces esta persona va a morir muy pronto o le va a pasar algo muy grave:

    http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=jR2SFNn-24k

  8. #8.- Enviado por: dalet

    El día 1 de junio de 2013 a las 18:56

    Muy bueno como siempre :)
    Dos cosillas: convendría aclarar que la altísima toxicidad del dimetilmercurio no es la misma que la del mercurio metálico, y en cuanto a la columna más alta de otro líquido, estaría bien la analogía de los ~10m de agua que serían necesarios.

  9. #9.- Enviado por: jua

    El día 30 de junio de 2013 a las 10:13

    No sólo hay que tener cuidado con las pilas, también con las lámparas de bajo consumo y tubos fluorescentes. Hay que tirarlos en lugares adecuados y, si se os rompe alguno, ventilar bien la habitación antes de recoger los cristales y no dejar acercarse a los niños.

  10. #10.- Enviado por: Estudiante

    El día 18 de junio de 2014 a las 14:09

    En el penúltimo párrafo creo que tienes una errata.
    “Siguió con su vida normal, pero en enero del año siguiente empezó a sentir cosquilleos en los dedos de los pues y las manos, dificultad para hablar y visión borrosa.”

    Supongo que querrías decir pies en vez de pues verdad?

    Un saludo.

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