Por qué queremos a Planck
Albert Einstein clasificó muy bien a los científicos durante la celebración del sexagésimo aniversario de Max Planck, en 1918. En el templo de la ciencia, dijo, hay tres tipos de personas.
El azar impregna nuestras vidas. Las cosas pueden suceder por una causa o, en más casos de los que imaginamos, por puro azar o pura casualidad; y es importante saber cuándo es por una razón u otra. Por ejemplo, imaginemos que hacemos una apuesta en la que ganamos si sale cara y perdemos si sale cruz. Ahora apostamos y se lanza la moneda al al aire. Sale cruz. Volvemos a hacer apuestas y vuelve a salir cruz. Lo mismo en el tercer lanzamiento. Entonces, nos planteamos: ¿está trucada la moneda? ¿o nuestro adversario es totalmente honrado y simplemente ha tenido suerte? ¿tenemos alguna forma de saber una cosa así?
Albert Einstein clasificó muy bien a los científicos durante la celebración del sexagésimo aniversario de Max Planck, en 1918. En el templo de la ciencia, dijo, hay tres tipos de personas.
El cuerpo humano es la obra más perfecta que existe en la Naturaleza y nuestro cerebro su mejor obra de ingeniería ¿Cuántas veces hemos oído algo similar? Quizás sí sea una obra muy compleja, pero dista mucho de ser perfecta. Este libro habla de ello. Lo descubrí a través de xacataciencia leyendo cantidad de artículos que ponían a este libro como fuente. La sorpresa fue mayúscula porque he disfrutado un montón con él. Os hago el habitual resumen.
Siempre que tengo oportunidad lo digo, y lo haré una vez más: me encantaría conseguir que la gente, en general, leyera, al menos, 10 páginas de un libro al día. Puede parecer muy poco, pero al cabo de un mes habríais leído aproximadamente un libro. Doce por año. Y si puedo conseguir recomendar alguno y disfrutéis de su lectura, pues mejor. Por primera vez, he decidido apuntarme los libros que leía durante el año para poder comentarlos todos en un artículo y veo que he leído 33. No lo digo por echarme flores, pues sé que hay gente que lee mucho más que yo, y como decía Carl Sagan, lo importante no es la cantidad, sino la calidad de lo que se lee; lo digo porque quiero “picaros” para que leáis y me superéis en número. Me encantaría. Bien, os pongo unas cuantas ideas sobre cada uno de ellos. Algunos ya los he comentado en particular y a otros les tengo que dedicar un artículo entero. Por el momento, ahí van unas líneas.
Actualización: me faltaba uno
Lo hice el año pasado, y este año voy a repetirlo para este día. No voy a publicar alguna inocentada, sino que voy a publicar frases veríficas que sí deberían serlo. Desgraciadamente, no lo fueron. Me disculparéis, pero no he resistido apostillar a algunas de las personas que han dicho alguna de ellas entre corchetes. No los toméis como argumentos ad hominem, sino como ironías. Me hubiera encantado que hubieran sido inocentadas.
Pocas veces fusilaré un artículo… excepto cuando me parezcan geniales. Y este, en mi modesta opinión, lo es. Felices fiestas a todos. Aprovechad para llevar a los pequeños a un observatorio o a un museo de la ciencia. Pero, sobre todo, disfrutad con los vuestros estos días. Os deseo todo lo mejor.

Visto en el blog de Miguel Ángel Sabadell
Una cosa que siempre me ha sorprendido es la cantidad de vueltas que da el bombo de la lotería. Vueltas y vueltas. Hay una buena razón. Imaginad que las han introducido en orden de menor a mayor y no se ponen a funcionar. Entonces, las bolas de números más pequeños tendrían mayor probabilidad de salir. Y es que, cuando un juego de azar no es del todo de esta manera y no está bien pensado, pueden suceder cosas inesperadas. Y de esas cosas inesperadas os quiero hablar en nuestra historia de hoy.
Ayer estuve con mis peques observando Júpiter en el Observatorio Sabadell de la Agrupación Astronómica de Sabadell. Fue, aparte de divertido, muy formador. Mi hijo no paraba de preguntar: ¿Cómo se formaron los planetas? ¿Cómo se formó el Sol? ¿De dónde salieron los cometas? Continuamente interrumpía al conferenciante y yo trataba suavemente de evitarlo. El conferenciante, amablemente, me dijo que lo dejara, que le gustaba que los críos le hicieran preguntas.
La cuestión es que me recordó un artículo escrito hace tiempo pero que todavía me impacta cuando lo releo:
Está claro que cuando un científico obtiene un Premio Nobel, automáticamente, salta a una esfera especial. Pero si encima es una persona sencilla, amable y solidaria con los demás, todavía sube más alto. Hoy os explico dos historias de dos señores: una de un Premio Nobel de verdad y otro que pudo serlo, pero que las circunstancias no le dejaron. Ambos, grandes hombres.
Las personalidades heréticas, tan presentes en las pseudociencias, tienen que atemperar sus creencias con cierta cantidad de cautela. Los escépticos, que tanto abundan en la ciencia, necesitan que cierta audacia modere su escepticismo. Cuando un herético se encuentra con un escéptico surge un científico creativo.
Michael Shermer, Las fronteras de la ciencia.